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3 de junio de 2019 | Opinión

USA y sus más de 100 millones de adictos

Los negocios de la DEA y la CIA

Estados Unidos de América es un país que en su misma génesis se formó con delincuentes de todo tipo y su historia se construyó con infinidad de mentiras. 

HORACIO DELGUY

por:
Jorge O. Rodríguez

Los pobladores enviados por Inglaterra en su conquista eran todo tipo de malvivientes, incluso muchos condenados a muerte, sin  posibilidad de regreso. Se fomentó distribuir pequeñas parcelas y, a diferencia de España y Portugal, no llegaban para robarse el oro y la plata y regresar. En 1773 se rebelan ante los impuestos de la corona y en Boston se disfrazan de indios, arrojando al río el té inglés, culpando a los indios. La guerra de independencia termina en 1787. El Congreso de Filadelfia redacta una constitución. La mayoría de estos “padres fundadores”, eran contrabandistas, usureros, estafadores y tratantes de personas, entre otros prontuarios. El primer presidente fue George Washington, en otra nueva mentira, fue votado por un puñado de personas en una “elección democrática”.

A partir de estas bases, intensifican el robo de las tierras de los indios. Son sometidos a sangre y fuego, destinados a reservas indignantes y luego diezmados por distintas infecciones del hombre blanco. En solo unos años, de cerca de un millón pasan a ser unos 300 mil. A pesar de todo, se conservan muchos de sus valores culturales y las estrategias militares de Caballo Loco y Toro Sentado, seguidos de sus bravos Lakota Sioux, se estudian en academias militares de Europa y también de Cuba.

Entre 1846 y 1848 con la guerra a México, USA les roba los actuales territorios de California, Nevada, Utah, Nuevo México y Texas y partes de Arizona, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. Esto es, un total de 2 millones de kilómetros cuadrados, es decir casi el 50 por ciento del territorio de sus vecinos. La guerra de secesión entre el norte capitalista y el supuesto sur feudal, entre 1861 y 1865, con el triunfo del norte, implicó un modo de producción y una discriminación del sur, que generó marginaciones y caldo de cultivo de las adicciones.

Creídos de ser los gendarmes del mundo, alrededor de los años 60 comienzan la guerra de Vietnam. En otras de sus mentiras, en el Golfo de Tonkin en 1964 volaron uno de sus propios barcos, disfrazándose ya no de indios sino de vietnamitas. Así pudieron enviar mayor cantidad de tropas: en unos años se pasó de 50 mil a 500 mil soldados (gran aporte de los “demócratas” Kennedy y Johnson). Muchos ciudadanos se opusieron activamente a la invasión. Por suerte desde el año 63, el enorme Bob Dylan nos canta Blowin in the Wind: “¿Cuánto tiempo tienen que volar las balas de cañón, antes de que sean prohibidas para siempre? La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento”. Adicionalmente los dirigentes norteamericanos en su inmenso delirio, intentaban ocupar también Laos y Camboya. Todo terminó con la estrepitosa derrota militar y política de USA en el año 1975 y el retiro de sus tropas, coherente con un heroico pueblo en armas y con su estratega militar Vo Nguyen Giap, quien perdió a tres de sus seis hijos luchando contra el invasor. Se calcula que fueron asesinados cerca de 6 millones de vietnamitas, la mayor parte civiles en bombardeos. Un verdadero genocidio comparable cuantitativamente al de los nazis: la masacre de Mi Lay entre otras, muestran claramente el accionar del estado terrorista norteamericano. Estados Unidos reconoció  solo 58.159 bajas y más de 1700 desaparecidos propios, en otra nueva mentira.

Así ocurre la primera venganza de oriente: muchos de los invasores vuelven adictos a cannabis, opio y heroína -producidas en el sudeste asiático-, y además comienzan a ingresar inmensas partidas en los ataúdes de los norteamericanos muertos. La película Gánster Americano de Ridley Scot, nos cuenta la historia de Frank Lucas, el narco afroamericano que inundó de drogas a Nueva York, en el comienzo de la epidemia de heroína en Estados Unidos. A partir de la derrota, la clase gobernante y la industria armamentista de USA, reformulan su modelo expansionista: nutren a sus tropas casi exclusivamente de jóvenes afroamericanos, otros de origen hispano o amerindio y de muchísimos pobres. Años después, con la invasión a Afganistán más sus influencias en Pakistán, se dio la segunda venganza de oriente, llenando aún más de heroína y en menor medida de cannabis a USA. Se incrementaron la cantidad de soldados adictos, a partir de sus invasiones a Irak, con la gran mentira de las armas químicas que Saddam Hussein no tenía.   

Una tercera gran venganza no provino ya de oriente, sino justamente del vecino México: millones de inmigrantes se establecen en todo Estados Unidos, pero muy especialmente en sus estados del sur: los al menos 120 cárteles o células de narcos mexicanos, inundan actualmente a USA con sus producciones de heroína, cannabis, cristal (meta anfetamina),  éxtasis (MDMA), un sinnúmero de venenos sintéticos y además clorhidrato de cocaína, mayoritariamente de origen colombiano y en menor medida peruano o boliviano. La mayor entrada de estupefacientes a USA, se da por los casi 3200 km que separan ambos países, es decir con cuatro estados de la misma: California, Arizona, Nueva México y Texas. Más allá del presidente Donald Trump y su delirio del muro, una frontera que se caracteriza por tener desiertos, montañas y los ríos Colorado y Grande, resulta muy compleja. Los estupefacientes cruzan por contrabando hormiga, por los “espaldas mojadas” a través de los ríos, por camiones y autos por los pasos limítrofes y en menor medida por los mares de ambas costas del Atlántico (Texas, Luisiana y Florida) y del Pacífico, esencialmente California (ya no son los tiempos de “el señor de los cielos”, Amado Carrillo Fuentes, con su flota de más de cien aviones). Los tratados firmados entre ambos gobiernos, terminan implicando que en promedio sean revisados un par de camiones cada cien que cruzan a USA, en una frontera cuasi liberada.

El circo de la guerra contra las drogas puede graficarse con el Chapo Guzmán Loera, detenido hace dos años en Nueva York, pero con su cártel de Sinaloa abasteciendo actualmente a 150 ciudades de USA (hace unas semanas comentamos en REALPOLITIK que pudimos ver una fotografía tomada en Alaska, con una dosis de heroína con el símbolo del Chapo). 

Estados Unidos contiene un conjunto de 50 estados en su sistema federal, con unos 330 millones de habitantes. Los cinco estados más poblados, California, Texas, Nueva York, Florida e Illinois suman unos 122 millones de pobladores, es decir casi un 30 por ciento del total. En los 80 apareció una droga dominada crack, desatándose también una epidemia, que comenzó afectando a los sectores más pobres (una mezcla de clorhidrato de cocaína, bicarbonato de sodio y otras soluciones). De alguna forma las autoridades combatieron la misma, favoreciendo los ingresos de la cocaína colombiana y obviamente realizando grandes negocios. Además de adicciones a estupefacientes de México, se producen muchos venenos sintéticos en USA, consumidos en general por los más pobres. Existe también una gran masa de adictos a diferentes tipos de medicamentos: consumidores de opiáceos, tales como morfina, fentanilo, tramadol y codeína, o de ansiolíticos como diazepan, cloracepan y alprazolam, de las benzodiacepinas. Otros millones son adictos a estimulantes como metilfedinato, oximetazolina y cafeína, o a metadona, la cual se utiliza en tratamientos para heroinómanos, ya que resulta menos nociva. Opera un inmenso mercado negro de medicamentos, con precios que triplican o cuadriplican los de las farmacias, con muchos productos también de origen mexicano. 

Estudios realizados por la Universidad de California, en su estado de unos 40 millones de habitantes, con diversas bases de datos, permiten realizar extrapolaciones que nos indicarían que tienen unos 15 millones de adictos. Estas cifras cierran también con trabajos no publicados por la privada Universidad de Palo Alto. No es casualidad que en este estado se legalizó el cannabis y los laboratorios más importantes norteamericanos están abocados a producir y vender marihuana, tanto para consumo recreativo como sanitario. 

La Universidad Estatal de Nueva York, con casi 440 mil alumnos en todo su estado, también realizó una serie de estudios sobre las adicciones. La ciudad de Nueva York tiene algo más de 8 millones y medio de habitantes, con una inmensidad de barrios marginales, inundados de heroína, crack, meta anfetamina y en sentido contrario con  Manhattan, llena de cocaína y éxtasis. Las distintas estadísticas, permiten apreciar que en la misma existirían más de 2.500.000 de adictos. Esto es solo en la ciudad y muchos más en el estado, que con unos 20 millones de habitantes, podría tener 4.500.000 de adictos.

La ciudad de Flint en Michigan, en la cual nació el genial documentalista Michael Moore, con unas 100 mil personas y menos de cien policías, con continuos disturbios desde hace años, merced a la desindustrialización, han provocado que cerca de un 60 por ciento de esa población esté en la venta o compra de drogas (todo se vino abajo cuando General Motors mudó su planta y se fundieron un montón de autopartistas). La ciudad de Detroit, la más grande de ese estado, pasó de tener un 1.800.000 habitantes a solo unos 700 mil, al ser arrasada sus automotrices por las importaciones japonesas y ya que muchas de las fábricas se mudaron a México, por sus salarios inferiores. La mitad de la ciudad parece abandonada y el crecimiento de la marginalidad produjo la explosión de las adicciones: distintas ONG estiman unos 250 mil adictos solo en esta ciudad (más de la tercera parte de su población). 

En el 2016 conforme El Universal y otros medios mexicanos, la FDA, Food Drugs Administration, reconocía la existencia de solo 27 millones de adictos y 66 millones de alcohólicos, más una muerte por heroína cada 19 minutos. Otro chiste de los reyes de la mentira, los distintos gobiernos norteamericanos.

Sumando otros inmensos bolsones de pobreza, tales como los del estado de Florida, Lousiana atacada por Katrina y otros huracanes, más los cuatro estados que limitan con México, el cordón pobre de Chicago en Illinois, los barrios marginales de Boston en Massachusetts y casi todo el estado de Mississippi, entre otros estados, podemos inferir la existencia de más de 100 millones de adictos de USA, es decir cerca de un 30 por ciento de su población total. Como cuenta otro periodista mexicano: “Esta es la gran mamada guey, los políticos de un pueblo de drogadictos, con la chingada de la guerra contra las drogas, mientras se enriquecen con las drogas” (sic). 

La CIA fue creada en 1947 y desde sus orígenes estuvo vinculada a negocios narcos: se utilizaron aviones de su empresa Air America para contrabandear opio de China y Birmania a Bangkok y así financiar a los anticomunistas chinos. Muchos de sus negocios pudieron ser encubiertos -incluidos los de Vietnam-, pero en 1985 saltó el escándalo Irán - contras del coronel Oliver North (sostenido por el Departamento de Estado de Ronald Reagan).  Estos buenos muchachos venían cosechando fortunas con las drogas mexicanas, hasta el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar, conocido como Kiki, también en 1985. Kiki había nacido en México en Baja California y merced a sus investigaciones, su coraje y honestidad, y una muy incipiente aún DEA, logró incautaciones muy importantes de sustancias del cártel de Guadalajara, como un campo de 1.000 hectáreas de cannabis. Este era el principal socio de la CIA, y Kiky fue secuestrado, torturado y asesinado, en una operación de miembros de la CIA y Rafael Caro Quinteros, Miguel Angel Félix Gallardo y Ernesto Fonseca Carrillo, jefes del Guadalajara (además de funcionarios y policías corruptos, en la presidencia Miguel de la Madrid).

A partir de este momento, la CIA fue perdiendo importancia en el negocio de las drogas, que de alguna forma ya había comenzado en 1993, cuando la DEA y fuerzas colombianas matan a Pablo Escobar, otro antiguo de sus asociados. La DEA la desplaza y empieza a convertirse, en el jugador principal en todo el continente. Como dijera el gran periodista mexicano asesinado Javier Valdez: “El gobierno de Estados Unidos está metido en el negocio de la administración de las drogas”; “veo a la DEA como una corporación corrupta metida en ese negocio”.

En la actualidad, USA sigue con el discurso patético de la guerra contra las drogas. Mientras los negocios de la DEA van desde Alaska a Tierra del Fuego, la ministra de Seguridad de Argentina, Patricia Bullrich, contrató a estos “especialistas”. Como si estuviéramos en una dictadura, los argentinos ignoramos cuántos agentes operan en nuestro país, cuánto se les paga y qué hacen. Mientras tanto vemos cómo el narcotráfico, en estos casi cuatro años de gestión de Mauricio Macri, se incrementó en no menos de un 70 por ciento en todos los ámbitos de nuestro país. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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Donald Trump, Michael Moore

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03 Jun | 11:30
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¿Escobar no murió en el '93?
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