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13 de junio de 2019 | Nacionales

Claudio Avruj, cómplice

Darwin: Documentos inéditos de Malvinas esclarecen la apropiación de tumbas mal nominadas

La guerra de Malvinas no tiene una historia oficial que recopile importantes documentos que han permanecido guardados por muchos años, documentos que aportan a la verdad y que al momento de esclarecer algunas circunstancias, debieron ser evaluados por el estado.

Ese mismo estado que a cargo de la dictadura, improvisó en la guerra, siguió improvisando luego, en democracia, dejando algunas cuentas pendientes, por ejemplo, la identidad de los combatientes caídos en batalla. Mientras falte un solo soldado con posibilidades de identificar, el éxito del proceso no será completo.

Mucha de esa documentación, que se encontraba en Reino Unido, había sido clasificada, pero se fue desclasificando sin que, al menos por lo que salta a la vista del proceso plan Proyecto Humanitario firmado en 2016 entre las autoridades de Argentina, Londres y la Cruz Roja Internacional, se la requiriera para controlar el estado del cementerio a la hora de las exhumaciones que comenzaron en 2017.

Por ejemplo, el extenso y detallado informe, que se encuentra en los Archivos Nacionales de Reino Unido, arroja datos muy esclarecedores sobre el trabajo realizado por los británicos al momento de construir el Cementerio Militar Argentino de Darwin. Es el informe de entierro que presenta diferencias con el cementerio reconstruido en 2004, y en el que se basó el acuerdo, pero que la mayoría de los funcionarios argentinos involucrados en el Acuerdo de Identificación, no leyeron. Este informe permaneció años en la oscuridad.

Los documentos a los que accedió REALPOLITIK corresponden a la Cruz Roja Internacional, y es la respuesta argentina a un requerimiento hecho, a través de la Embajada de Brasil, donde pide cuenta de los compatriotas enterrados en Darwin el 19 de febrero de 1983. Está fechado en julio de ese mismo año. Detalla la cantidad de exhumados, y sin exhumar, basado en informes emitidos por la Cruz Roja desde julio a noviembre de 1982, cuando aún se rescataban cadáveres encontrados a lo largo de las islas. Menciona la cantidad de inhumados identificados (96) y de inhumados sin identificar (121). Hoy sabemos que eran 122 porque en una tumba había dos restos.

Entre las constancias de inhumación en el cementerio de Darwin del personal argentino caído, se detalla quiénes han sido identificados y quiénes no. Entre estos últimos, están los soldados de la fuerza aérea argentina Luis Sevilla, Mario Ramón Luna y Héctor Aguirre. Estos soldados no fueron identificados por los británicos, el estado argentino en 1983 así lo confirma, pero en 2004 aparecieron nominados en la tumba C 1 10, sin que nadie pueda explicar qué pasó, no mediando hasta 2017 otro proceso de identificación.

Y es otro documento el que explica esta imposición de nombres en una tumba sin identificar. Este otro documento está archivado en la Cancillería argentina y tampoco fue requerido para control antes de la firma del plan Proyecto Humanitario, lo que hubiese evitado denuncias de historiadores, como fue el caso ya mencionado en este medio de la profesora Alicia Panero, y esperas de familias que han visto vulnerado su acceso a la verdad por estas omisiones de control del estado y por la improvisación de no requerir la documentación de manera correcta.

Al momento de la puesta en valor del cementerio en el año 2004, mientras gobernaba Néstor Kirchner, la comisión de Familiares de Caídos, solicitó a la Cancillería argentina que pida a las fuerzas armadas los listados del personal caído (identificado y no identificado) para proceder al cambio de cruces y placas de granito negro. REALPOLITIK también accedió a esos documentos inéditos, después de 37 años, no clasificados y que ponen luz sobre el tema de las tumbas mal nominadas.

En la nota formal de respuesta de la fuerza aérea, no señala soldados sin identificar y los ubica en tumbas donde no estuvieron nunca. Recordemos lo antes señalado sobre el documento de 1983, donde el estado argentino avala no tener a los tres soldados Aguirre, Sevilla y Luna, identificados. Esta nota tiene además una corrección, porque se habían olvidado de ubicar a un soldado en una tumba, Mario Luna.

Incluso esta fuerza identifica al azar otros cinco caídos en la otra tumba múltiple, donde por el informe británico se sabe hay solo dos restos.

La fuerza aérea ubicó sus muertos sin constancia de que estuvieran en las tumbas que señalaron por nota a Cancillería en 2004 y misteriosamente la comisión de Familiares de Caídos no controló que lo que les decían fuera así. La comisión de Familiares de Caídos es la única administradora del cementerio.

Tampoco se controló cuando se firmó el acuerdo por las identificaciones, por parte del gobierno. No hubo requerimientos de documentación. A este medio no le consta que supieran de su existencia, y así llegamos al problema actual de tener tumbas mal nominadas y, ahora, al acceder a estos documentos, sabernos el por qué.

No han sido “errores” sin intención como pregona en los medios el secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la Nación, Claudio Avruj, sino que estos documentos demuestran que han sido hechos al menos con intenciones de no tener “desaparecidos” en el cementerio por parte de una fuerza armada a la que ese término le provoca alguna incomodidad. Para el gobierno actual pareciera que rige el lema “lo que pasó en Darwin, queda en Darwin”, sin entender que esclarecer estos hechos, los elementos para hacerlo están, quitarán las dudas a las familias que vieron aparecer el nombre de sus seres queridos por arte de magia en 2004, y no fue magia.

Algunas familias han requerido explicaciones formales, el teorema del “error” pudo ser la respuesta.

Al momento de ser notificados, Aguirre, Sevilla y Luna aparecieron en tumbas NN, y no en las que indicó la fuerza aérea en 2004. Queda esclarecer la otra tumba conjunta donde impusieron cinco nombres, la B 4 16, y saber quién está donde estaban los nombres de Aguirre, Sevilla y Luna, otra tumba conjunta, apropiada sin elementos por esta fuerza.

Hoy se está ocultando otro documento, el segundo informe encargado por el gobierno británico al coronel Geoffrey Cardozo, entregado a fines del año pasado, consta de 200 páginas, está redactado en inglés, no es clasificado ni secreto. Conocer este documento pondría luz a aquellos entierros que fueron realizados después de que se inaugurara el cementerio en febrero de 1983, ya que hubo otros hallazgos, sin tener constancia de quién los encontró, quién los enterró, cómo y con qué elementos se los identificó, y corroborar que no aparezcan otros errores. Ese era el objetivo de ese trabajo realizado por orden del gobierno británico, pero el mismo permanece oculto por la comisión de Familiares.

A pesar de los buenos resultados y el alto porcentaje de identificados en este proyecto, falta compromiso de la secretaria de Derechos Humanos para ordenar documentación fundamental para que cualquier argentino pueda saber qué pasó con el cementerio, además de una base de datos oficial que serviría de herramienta de estudio de especialistas, que tienen que obtener por fragmentos estas fuentes y dependiendo del humor de quién las aporta.

Otra vez, como en muchas oportunidades en Argentina, las respuestas que debe dar el estado, las da el periodismo. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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