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25 de junio de 2019 | Opinión

Una historia de abandono, desinformación y exclusión

Malvinas: El héroe argentino Justo Falcón y la tumba que su familia nunca pudo encontrar

Justo Silveiro Falcón, soldado infante de Marina, clase 1962, murió en la mañana del 12 de junio de 1982. Cargador de la pieza Base, Batería Bravo, del Batallón de Artillería de la Compañía 1. Se encontraba recargando, cuando un misil enemigo impactó a escasos metros de donde se desempeñaba.

HORACIO DELGUY

por:
Alicia Panero

La Compañía 1 estaba apostada como apoyo, protegiendo posiciones de Pony Pass y Tumbledow, en cercanías de Felton Stream. Había nacido en Pampa del Indio, a unos 250 kilómetros de Resistencia, Chaco. Hijo de Ángela, tuvo trece hermanos más de sangre y dos de crianza. Sus camaradas lo describen como “un referente entre sus compañeros por compromiso, sacrificio, valentía y franqueza”.

El cuerpo del soldado fue llevado, como tantos otros, cuando terminó la guerra, al cementerio civil de Puerto Argentino, donde estuvo hasta a construcción de Darwin.

Luego de su muerte en combate, para su familia todo fueron dudas, incertidumbre, falta de información oficial. Sus familiares señalan “todos los años, para el 2 de abril vienen de la escuela a buscar información, y no sabemos qué pasó, no podemos reconstruir la historia”. A pesar de que Justo es un héroe evocado y homenajeado por su ciudad, hoy, recién 37 años después, los Falcón comienzan a reconstruir el silencio de pos guerra. Y no de la mano del estado.

La documentación prueba que fue identificado y enterrado en el cementerio militar argentino de Darwin en la tumba A 1 18, según indica el informe británico, reconocido por su número de identificación militar y procedente del cementerio civil de Puerto Argentino.

A principios de 2018 y en pleno proceso de identificación del Plan Proyecto Humanitario, su familia comenzó a preguntar. Ángela, la mamá de Justo, había viajado antes de la puesta en valor del cementerio y no encontró su tumba, los nombres en las cruces eran pequeños, las inscripciones en inglés y es probable que solo estuviera entonces su número de identificación militar en la cruz. Ángela murió en 2001 esperando a su hijo que ella creía vivo, o prisionero. Un estado siempre ausente, una comisión de Familiares que no contiene a todos los familiares de caídos, dejó a esta madre con la incertidumbre hasta su muerte. Nunca quiso homenajes ni placas ni nombres de su hijo en el pueblo, porque ella lo esperaba.

En 2010 viaja a Darwin su hermana, Antonia, y otra vez no pudieron encontrar su tumba, se tuvo que conformar con prender una vela en el cenotafio donde están los nombres de todos los caídos. Alguien intentó ayudarla a encontrar la tumba, pero no fue posible. ¿Cómo no dudar entonces?

Hace unos años apareció un hombre en Pampa del Indio, diciendo que Justo estaba vivo en otra ciudad del Chaco, sus hermanos casi enloquecen, estuvieron a punto de vender lo poco que tenían para ir a buscarlo.

Un posteo de Facebook, escrito por un veterano y compañero de él, les trajo la noticia de que Justo Silveiro descansaba en paz en Darwin. Habían pasado 36 años de la guerra. Quien escribe esta nota, les envió una foto de la tumba y le entregó a la secretaría de Derechos Humanos de la Nación, a cargo de Claudio Bernardo Avruj, toda la documentación que prueba la identificación en 1982 del soldado Falcón, ellos no la tenían, con el especial pedido de que se pongan en contacto con la familia, les expliquen lo qué pasó, cómo fue, los contengan, los tranquilicen y los consuelen, si es que después de 36 años eso era posible. Nunca los llamaron.

Por estos días, han vuelto a pedir la foto de la tumba, nunca la vieron, se la hemos enviado junto a toda la documentación que acredita la identificación. Cosa que debió hacer, hace más de un año ya, el estado. Una vez más, son los particulares que suplen a esa secretaría indolente, con funcionarios más interesados en anunciar el próximo identificado que en reparar el daño anterior, porque el derecho a la verdad, aunque esa verdad exista, si no es informada a los deudos como corresponde, es como si no existiera.

Tuvieron la posibilidad de reparar y no lo hicieron, de contener, de dar certezas y no lo hicieron. Debe ser que le corresponde a alguien que desconocemos, porque si no es la secretaría de Derechos Humanos, o la comisión de Familiares de Caídos, a quien también se le informó de esta situación, ¿quién es? Que nos lo informen.

Justo Falcón aparece en el listado donde se piden las cruces viejas del cementerio construido por los británicos, su nombre esta, además, en el libro de actas de la comisión de Familiares de Caídos en el folio número 121. Estos folios corresponden al cambio de cruces de la puesta en valor del cementerio en 2004, entre los soldados identificados, está el nombre de Justo Falcón.  Es inexplicable que no pudieran encontrar su tumba en 2010. Es inexplicable que no les informaran formalmente cómo fue el proceso de su identificación en 2017 o 2018.

En todos los procesos que tienen que ver con Malvinas, hay excluidos, marginados, casi siempre son gente del interior profundo del país, en quienes nadie piensa, a quienes nadie atiende a pesar de las alertas dadas por los que tenemos herramientas para hacerlo y debemos ser un mero nexo entre familias, comisión y secretaría. No quienes tenemos que dar explicaciones.

Es imperioso, urgente, salvar estas omisiones, imperdonables, con los Falcón y también averiguar si quedan otros esperando la verdad.

Los hermanos del soldado deben poder viajar de nuevo al cementerio y alguien los tiene que acompañar hasta la tumba A 1 18, donde nunca fue visitado por su familia, donde el soldado estuvo solo estos 37 años.

El daño es irreparable y fue generado por la improvisación, la falta de interés, la carencia de empatía, con una familia llena de dudas y deudos dolientes. Lo que sufrió la mama de Justo ya no se puede remediar. La información que necesitaba su familia ha sido provista por alguien que no es el estado, lo que sí puede hacer ese estado y la comisión de Familiares de Caídos es que los hermanos se encuentren de una vez por todas con la tumba de Justo Silveiro Falcón, en honor a la memoria de él y de su madre.

El Plan Proyecto Humanitario, para la identificación de los soldados argentinos, ha sido un éxito gracias al trabajo británico. Los argentinos solo tienen una comisión deficiente, una secretaría de Derechos Humanos que discrimina y fuerzas armadas que en otras épocas se apropiaron de tumbas.

El mensaje marketinero de la secretaría no alcanza. Hay que trabajar en profundidad con equipos interdisciplinarios, centralizar la información. La comisión de Familiares de Caídos debe trabajar para todos, no discriminar, debe poder dar respuestas, porque si no, solo es una agencia de viajes, muchas veces donde quedan excluidos.

Los pocos y únicos muertos que tenemos en el cementerio de guerra administrado por el país vencedor, deben ser honrados con la verdad completa, y sus familias no pueden tener más dudas.

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Claudio Avruj, Alicia Panero, Justo Falcón

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