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23 de junio de 2019 | Historia

Referente de la UCR

Lisandro de la Torre: Auge y ocaso del “fiscal de la república”

Lisandro de la Torre nació en Rosario el 6 de diciembre de 1868. En 1890 se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires, y acompañó a Leandro Alem en la fallida revolución del 90 y, al año siguiente, en la creación de la Unión Civica Radical.

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

Convertido en uno de los referentes principales de la UCR santafesina, de la Torre participó de la revolución de 1893, donde llegó a ser proclamado jefe de gobierno por los revolucionarios de su provincial.

Sin embargo, la actitud diletante de Aristóbulo del Valle, sumada a una serie de polémicas acciones de Hipólito Yrigoyen en la provincia de Buenos Aires motivaron el fracaso de la iniciativa. Decepcionado por la corrupta matriz de la política de su época y por lo que juzgaba como una traición de su sobrino Hipólito para desplazarlo de la conducción de la UCR, Alem se suicidó en julio de 1896.

Unos meses antes había fallecido del Valle, por lo que el liderazgo partidario había quedado vacante. De la Torre propuso cerrar una alianza con el mitrismo, para confrontar con el roquismo, que fue vetada por Yrigoyen, motivando la ruptura del rosarino con la UCR, con agrios conceptos sobre el nuevo líder radical, al que acusó de tener una “actitud hostil y perturbadora, antes y después de la muerte del doctor Alem, anteponiendo a los intereses del país y los intereses del partido, sentimientos pequeños e inconfesables”.

Las declaraciones de De la Torre concluyeron en un duelo con sables, que dejó en su rostro una herida pronunciada, obligándolo a usar barba a partir de entonces. 

Ya alejado de la UCR, De la Torre trató de consolidar su liderazgo santafesino y creó la Liga del Sur en 1908. Esto le permitió acceder a la Legislatura provincial en 1911 y un año después, ya en vigencia la ley Sáenz Peña, accedió a una banca en la Cámara de Diputados de la Nación a los 44 años. A partir de entonces, intentó crear un espacio político nacional capaz de nuclear a independientes y a corrientes políticas fragmentarias sobre la base de un programa que sostenía una economía pastoril, con mayor incidencia de los sectores medios, y un alto grado de autonomía de los municipios.

Su propuesta desembocó en la creación del Partido Demócrata - Progresista, pero en la práctica no consiguió trascender la dimensión regional, ante el éxito del fabuloso andamiaje electoral construido por su archi-rival Hipólito Yrigoyen.

De la Torre debió aguardar a la concreción del golpe de 1930 para alcanzar trascendencia nacional, formando parte de la fórmula presidencial completada por el Partido Socialista que fue derrotada en las elecciones fraudulentas de 1932 por la Concordancia, que permitió consagrar a Justo y Roca (h). Estas elecciones incluyeron la proscripción de la UCR yrigoyenista, por lo que, con su participación, de la Torre confirmó que, aunque progresista, su vocación democrática podía ponerse en cuestión.

A partir del año siguiente (1933) desarrolló una enconada oposición al pacto Roca - Runciman, que incluyó tanto motivos éticos -que son destacados habitualmente-, cuanto intereses personales y sectoriales mucho más concretos: por un lado, significaba una especie de revancha frente a quienes lo habían vencido en la amañada justa electoral; por otro, los pequeños y medianos ganaderos y agricultores que constituían su principal base social, no obtenían beneficio alguno de este acuerdo.

De la Torre impulsó la creación de una comisión investigadora en el Congreso de la Nación, a fin de examinar los oscuros procedimientos del frigorífico Anglo, sospechado de falsificar datos contables a fin de evadir impuestos. En 1935, la comisión presentó su informe, que demostró la existencia de graves actos de corrupción que involucraban al entorno del presidente Justo, y en especial a sus ministros de Hacienda, Federico Pinedo, y de Agricultura, Luis Duhau

El 23 de julio, Duhau agredió a de la Torre en el recinto del Senado Nacional, mientras un sicario suyo, Ramón Valdez Cora, efectuaba una serie de disparos, que provocaron la muerte de Enzo Bordabehere, compañero de bancada del rosarino. El crimen permaneció impune, de acuerdo con los procedimientos fijados por una oligarquía que consideraba al estado como su instrumento y agente de operaciones, y decidida a eliminar cualquier obstáculo que se opusiera a sus intereses. A de la Torre le quedó en compensación el reconocimiento social como fiscal de una república corrupta y oligárquica, y un nuevo duelo a pistolas, esta vez sin consecuencias, con el ministro Duhau.

A partir de entonces, de la Torre debió luchar contra sus fantasmas, hasta que finalmente cayó derrotado. El 5 de enero de 1939, se descargó un tiro de escopeta en la soledad de su departamento de la calle Esmeralda. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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