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29 de junio de 2019 | Historia

29 de junio de 1815 

José Gervasio de Artigas y la primera independencia argentina 

Al igual que otros grandes referentes de nuestro panteón, José Gervasio de Artigas imaginó una patria grande como precondición para garantizar la soberanía continental, frente a las fracturas territoriales que proponían las oligarquías comerciales, interesadas en convertirse en beneficiarias de las nuevas relaciones de dependencia colonial.

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

Pero en el caso de Artigas, hay un dato adicional, ya que en su testamento redactado poco antes de morir, en 1850, se definió como “argentino, nacido en la Banda Oriental”, aunque esta condición de “argentino” deba comprenderse en el sentido más amplio de “rioplatense”.

En efecto, a pesar de los esfuerzos de la historia oficial de la otra orilla del Plata por presentarlo como “uruguayo” -con el respaldo generoso de Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López, deseosos de dejar fuera de su construcción histórica de la Nación a un personaje tan incómodo-, Artigas siempre se sintió rioplatense. Hagamos un breve recorrido por su trayectoria. 

A poco de concretada la revolución de mayo, el plan de Operaciones adjudicado a Mariano Moreno promovió alcanzar un acuerdo con el capitán de Blandengues Orientales José Gervasio de Artigas. Esta mención inicial fue convirtiéndose en creciente protagonismo durante la década de 1810. En 1811, su proclama de Mercedes significó una ruptura con las autoridades españolas de la Banda Oriental, al reconocer la regencia de la junta grande. Poco después, disgustado por el armisticio firmado entre Buenos Aires y el virrey Elio, Artigas encabezó el legendario éxodo del pueblo oriental que, a inicios de 1812, atravesó el río Uruguay con mil carretas y cerca de 16 mil personas, para fundar el campamento de Ayuí Grande, en la jurisdicción de las Misiones.

Artigas rechazaba todo acuerdo con los poderes coloniales y sostenía a rajatabla la unidad rioplatense. Esto disgustaba a las autoridades porteñas que cultivaban el germen del unitarismo. Sin embargo, la vida política en el río de la Plata era un polvorín y, tras el desplazamiento del primer triunvirato, las nuevas autoridades alentaron a Artigas a enviar representantes para participar de la asamblea del año XIII. Artigas convocó asambleas con la participación de originarios, frodescendientes, mestizos y blancos en condiciones igualitarias, quienes a mano alzada instruyeron a sus representantes con mandato preciso: debía sancionarse la independencia, proclamarse la igualdad entre las provincias y la creación de una confederación, cuyo gobierno debería establecerse fuera de Buenos Aires, adoptarse un modelo republicano de gobierno y consagrarse la libertad civil y religiosa. Esto era mucho más de lo que la oligarquía porteña estaba dispuesta a aceptar, razón por la cual los enviados fueron rechazados con el endeble argumento de que no habían sido electos en los términos dispuestos en la convocatoria. Paradójicamente, esa misma asamblea aprobaría el himno nacional, cuya letra destacaba las victorias de Artigas en las batallas de San José y Piedras… 

Artigas siguió con su proyecto independentista para el río de la Plata contra viento y marea. Su abandono del sitio de Montevideo, como respuesta al desplante sufrido, le valió ser caratulado como “traidor a la patria” por el director supremo Gervasio Posadas por medio de un decreto fechado en 1814, que además lo denominaba “infame, privado de sus empleos, fuera de la ley y enemigo de la patria” y recompensaba “con 6 mil pesos a los que entreguen la persona de don José Artigas vivo o muerto”.

Mientras esto sucedía en Buenos Aires, Artigas organizó la Unión de los Pueblos Libres, que lo reconoció como protector. La Unión ofició como punto de partida para la inmediata creación de la Liga Federal, que incluyó a las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y al territorio de las Misiones. Un año después, la batalla de Guayabós puso bajo control de Artigas también a la Banda Oriental. El creciente poder del protector de los Pueblos Libres causaba temor en Buenos Aires, por lo que, infructuosamente, el nuevo director supremo, Carlos María de Alvear, le ofreció en 1815 la independencia de la Banda Oriental a cambio de su prescindencia en las luchas civiles argentinas. Lejos de aceptar, Artigas respaldó a los federales del Litoral y estableció su campamento en Purificación, a 100 kilómetros de Paysandú, que ofició en la práctica como capital de la Liga Federal.

Ese mismo año de 1815, Artigas resolvió redoblar la apuesta y convocó a la realización de un Congreso en la localidad de Arroyo de la China –hoy Concepción del Uruguay- el  29 de junio, para “tratar la organización política de los Pueblos Libres, el comercio interprovincial y con el extranjero, el papel de las comunidades indígenas en la economía de la confederación, la política agraria y la posibilidad de extender la confederación al resto del ex virreinato del río de la Plata“.

El Congreso, del que también participaron representantes de la provincia de Córdoba, fue mucho más allá de eso y proclamó la independencia “de todo poder extranjero”, adoptó la bandera creada por Manuel Belgrano, adicionándole una franja vertical punzó, símbolo desde entonces del federalismo rioplatense, a la que Artigas denominó como el “pabellón de la libertad“. Finalmente el 10 de septiembre de 1815 el Congreso sancionó el “reglamento para el fomento de la campaña“, con la “prevención que los más infelices sean los más privilegiados“.

Asambleísmo, igualdad étnica, independencia, reforma agraria… Artigas luchaba por mantener vivo el espíritu revolucionario mientras los unitarios se esforzaban por imponer a toda costa el poder de Buenos Aires, hasta el punto de ofrecer reiteradamente a las coronas europeas la creación de un protectorado o bien la sumisión colonial lisa y llana. También el reino de Portugal, Brasil y Algarbe temían las consecuencias de una eventual expansión de la Liga Federal. En 1816, tropas portuguesas y brasileñas invadieron la Banda Oriental, con la complicidad del gobierno del director supremo Juan Martín de Pueyrredón, que alentó dicha iniciativa a través de su embajador, el nefasto Manuel García.

Artigas luchó en forma heroica hasta 1820, con el apoyo de sus lugartenientes Juan Antoni Lavalleja, Manuel Oribe, Andrés Latorre, Fernando Otorgués y el originario misionero Andrés Guazurary (“Andresito”) y el respaldo popular. Pero la desventaja de medios económicos y la relación de fuerzas era abrumadora, y a ello debió sumarse la traición de los allegados, Fructuoso Rivera, del lado oriental, quien llegó a participar de una conspiración para asesinarlo, y el entrerriano Francisco "Pancho" Ramírez, quien entró en tratos con Buenos Aires y lo derrotó en la batalla de Las Tunas, obligándolo a un forzoso exilio en el Paraguay, donde falleció treinta años después.

Tal como lo caracterizó con justicia José María Rosa, Artigas fue el “primer caudillo rioplatense“, el principal exponente de una Nación que no fue, a consecuencia de la acción conjunta de unitarios, luso-brasileños y británicos. Su acción inclaudicable en defensa de la unidad, la soberanía y la igualación de derechos generó méritos más que suficientes para asignarle un papel protagónico dentro del panteón de nuestra patria. (www.REALPOLITIK.com.ar) 

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