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14 de julio de 2019 | Nacionales

La otra grieta

Las olvidadas heroínas de la guerra de Malvinas

El desfile del 9 de julio dejó expuesto el poco conocimiento que tiene la sociedad y las instituciones sobre la participación de las mujeres en la guerra de Malvinas y las condiciones en que lo hicieron.

por:
Alicia Panero

El término sororidad se refiere a la hermandad entre mujeres con respecto a las cuestiones sociales de género. Sororidad es un término derivado del latín soror, que significa hermana. Por estos tiempos, resulta un término muy usado en la lucha por la igualdad de las mujeres, pero que muchas veces vemos que esa sororidad no empieza por casa. 

La sociedad no está lo suficientemente informada sobre la condición de las mujeres que participaron de la guerra de Malvinas, que tuvieron todas una importante labor, desde la joven estudiante de secundario que organizó la defensa civil de las ciudades de la Patagonia, hasta las instrumentadoras quirúrgica que estuvieron a bordo del buque hospital ARA Almirante Irizar, en la zona de las 200 millas que rodean las Islas Malvinas. También hubo comandantes de a bordo, operadoras de radio y enfermeras de la Marina Mercante, cuyos buques fueron requisados por el gobierno argentino y debieron surcar esas 200 millas marítimas todo el tiempo que duró la guerra, a riesgo de bombardeos.

En el continente hubo grupos de mujeres valiosas, que rescato en el libro “Mujeres invisibles”, de bajada gratuita online, justamente para ayudar a la difusión del compromiso de todas estas, entonces jóvenes, con la guerra, incluidas británicas e isleñas.

El pasado 9 de julio comenzó a circular un video, donde a una mujer civil vestida de uniforme, bastante particular por cierto, aggiornada de manera personal, no se le permite desfilar por no ser veterana, según ella, por ser mujer.

Y es que las cosas no están claras para la sociedad. Esta mujer desempeñó tareas como enfermera durante el conflicto en la ciudad de Comodoro Rivadavia, lo que se conoce en la rencilla por las pensiones como “continental”, quienes no tenían autorización de desfilar el 9 de Julio, decisión que aún no sabemos quién tomo. Lo cierto es que si hubieran desfilado todos los movilizados en el continente, se hubiesen sumado unos 6 mil aproximadamente en la misma condición de esta mujer.

La mujer en cuestión ha sido bastamente homenajeada como se merece por el Concejo Deliberante de Rosario y el gobierno de Córdoba. También aparece en la base de datos de WikiPeace, de la organización internacional Mujeres de Paz en el Mundo, donde un millón de mujeres que aportaron a la paz por sus tareas en guerras y otras circunstancias.

De hecho es casi la protagonista del libro Mujeres Invisibles, del que luego de dar testimonio y después de un año de publicado, pidió se la saque. Este libro, más sus propias luchas, lograron darles un golpe de visibilidad social, que vino acompañado de menciones, homenajes, reconocimientos. Son parte de tesis de grado, de post grado y de muchos estudios de género. No solo para ella, sino para todas las mujeres que participaron del conflicto, como madres, esposas, viudas, y todas las que se vieron atravesadas por la guerra y tienen derecho a contar su historia.

El uso de uniforme y la condición de veterana según la ley vigente, son otra cosa. A la mujer no se le permitió desfilar no por su condición de mujer como denuncia, sino por no ser veterana. En este sentido, la Fuerza Aérea deberá aclarar si, como ella dice, hubo hombres desfilando sin cumplir esa condición y por qué. El uniforme es una investidura de aquellos que tienen condición militar en actividad o retirados de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, por ejemplo, en el caso de los veteranos reservistas de la Marina Mercante, pueden usar el del arma que los requisó para la guerra solo en actos oficiales. El caso que nos toca no es ni uno ni otro, por lo que sería entonces una especie de “disfraz”. La Fuerza Aérea no debería permitirle su uso para no generar más confusiones. Cabe aclarar que son catorce las mujeres que estuvieron en el hospital reubicable de Comodoro Rivadavia durante la guerra, y no solo las dos del video.

Respecto de la condición de veterana que se atribuye, la normativa interna de la Fuerza Aérea, firmada por el brigadier mayor Ernesto Crespo, dio la orden de extender certificados al personal de la fuerza movilizado a las costas patagónicas, pero aclara que prestaron servicios “fuera de la zona del conflicto” y es solo un reconocimiento dentro de la jurisdicción de la Fuerza Aérea, no para la Nación Argentina, no encuadran dentro de la ley 23. 848, que reconoce a los veteranos de Guerra de Malvinas. También se les otorgó la medalla del Congreso de la Nación a todo ese personal, bajo la misma ley que los que sí estuvieron dentro de las 200 millas que indica para ser considerado veterano. Y esto se presta a confusiones. 

Sabemos que las medallas se pueden adquirir en distintos sitios de venta en internet, no decimos que este sea el caso, por lo que lo único que acredita condición de veterano es el DNI y el carnet que extiende ANSES por el pago de pensiones.

Alicia Reynoso, la mujer en cuestión, desde la aparición del primer libro que habla de ellas, se mostró poco sorora con sus camaradas de otras armas. No queriendo participar en actos donde estuviesen, por ejemplo, las aspirantes navales de Puerto Belgrano, ya que una de ellas denunció un abuso en el transcurso de la guerra y sostuvo públicamente “que no le constaba”. El abuso señora Alicia, es un delito de índole privado que se comete sin testigos, donde solo hay víctima y victimario. Esa actitud abrió una gran grieta. Hoy sabemos que en los archivos de la armada están los llamados de atención por conductas indecorosas a quien cometió esos abusos, pero su víctima ya está muerta, se quitó la vida trágicamente hace casi dos años.

Luego del desfile, del que participó igual, se viralirazaron unos audios donde expresa toda su furia, usando un lenguaje propio del patriarcado machista contra el que dice luchar, mencionando por ejemplo que quien no la dejó desfilar va a “desaparecer”, término bastante sensible para los argentinos.

En el marco de la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres, se hacen necesarias estas aclaraciones, porque hay un gran grupo de ellas que sí son verdaderas hermanas de la causa, solo cuentan sus historias y la sociedad las conoce y los veteranos de guerra las respetan. 

El camino es el de las aspirantes navales de Puerto Belgrano, donde un grupo de ellas eran menores de edad, estudiantes, al momento de la guerra y el estado no las preservó como debía, sino que las puso en contacto con heridos de guerra, dejando marcas profundas en sus vidas que las acompañan aun hoy. Ese camino, es el de educar en la visibilidad con un mensaje de paz, de integración y respeto por el que estuvo en medio de las bombas y las balas.

Todas merecen reconocimiento, contar sus historias, pero dentro de las leyes vigentes. El lugar para cambiar las leyes es el Congreso de la Nación y no un desfile. Abusar de la condición de mujer tampoco es lo que nos llevará al conocimiento pleno, a ser partes de la memoria colectiva, a integrar el proceso de reconstrucción de la memoria. La sociedad debe tener claro que sí hubo muchas mujeres afectadas por la guerra, que sí hay veteranas según la ley 23.848 y una disposición ministerial del año 2012, del ministerio de Defensa, ratifica esa condición, en sus folios 26 y 27 las menciona a todas.

Son trece en total. La Fuerza Aérea tiene la única mujer argentina que piso territorio insular durante la guerra de Malvinas. Liliana Colino, a bordo de un Hércules C-130 en misión de rescate de heridos, nunca fue homenajeada. Y a la señora Alicia tampoco le consta que esto sea cierto, según sus dichos.

Se hace imperioso aclarar cuestiones que al final terminan en la pelea por el cobro de una pensión. Muchos veteranos lo son por orden de un juez y no por la ley vigente.

¿Si tiene derecho a desfilar? Lo tiene, para mostrarle a la sociedad que tuvo un compromiso durante la guerra, la atención de heridos, como también los tuvieron los más de  6 mil movilizados en el continente. Pero en este caso el derecho debió abarcarlos a todos, y las disposiciones y condiciones para el desfile no eran esas. Tan sencillo como estar dentro de la ley.

Las veteranas según la ley en argentina son: 

Armada Argentina: comisario Marta Beatriz Giménez, comisario Graciela Liliana Gerónimo (fallecida), cadete de la Escuela Nacional de Náutica Mariana Soneira, cadete de la Escuela Nacional de Náutica Olga Cáceres, cadete de la Escuela Nacional de Náutica Marcia Marchesotti y enfermera Doris West.

Ejército: Susana Maza, Silvia Barrera, María Marta Lemme, Norma Navarro, María Cecilia Riccheri y María Angélica Sendes (todas ellas, instrumentadoras quirúrgicas Ara Almirante Irizar).

Fuerza Aérea: voluntaria María Liliana Colino.

Las luchas por el reconocimiento social se llevan a cabo desde la verdad, por el reconocimiento económico hay que buscar a un juez. Y eso no desacredita el enorme compromiso de todas las mujeres que se vieron afectadas por la guerra. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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