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16 de julio de 2019 | Cultura

El rock al banquillo

Cristian Aldana condenado: ¿Quiebre o excepción?

La pena de 22 años agita el debate sobre la verdadera eficacia de la Justicia ante delitos sexuales: el líder de El Otro Yo es el único músico preso por abuso. 

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

Cristian Aldana acaba de ser condenado a 22 años de prisión por abuso sexual gravemente ultrajante en concurso ideal con corrupción en cuatro oportunidades. La pena pudo haber sido mayor, pero otras dos denuncias fueron desechadas porque prescribieron.

La jueza Ana Dieta (única mujer del Tribunal Oral en lo Criminal 25 completado por Rodolfo Goerner y Rodolfo Bustos Lambert) se pronunció en disidencia: pedía 35 años, al igual que el fiscal Guillermo Pérez La Fuente.

Aldana lideraba El Otro Yo, un exitoso grupo con miles de seguidores y once discos. Formados a fines de los ’80, fueron uno de los principales abanderados de la renovación que el rock argentino experimentaría en la década siguiente. El Otro Yo pertenecía a esa juventud conurbana criada entre los despojos del menemismo pero reconciliada con la representación política a partir del 2003: Cristian Aldana participó de experiencias colectivas post Cromañón como la Unión de Músicos Independientes o la fallida ley de la Música, y hasta fue candidato a legislador porteño por el Frente para la Victoria.

Las denuncias contra Aldana por delitos sexuales fueron una patada en la cara para quienes tenían a su banda como referencia y para aquellos que valoraban su participación política como una muestra de interés social. Significó la evidencia de que el rock, a veces, también puede convertirse en aquello que odiamos. Mejor que nadie lo sabe cada mujer que padece o padeció algún tipo de abuso.

En diciembre de 2016 le dictaron prisión preventiva en el penal de Marcos Paz y, a partir de entonces, su situación procesal no hizo otra cosa que empeorar a causa de los numerosos testimonios en su contra y la sucesiva renuncia de dos de sus abogados defensores (el músico se acogió de primer momento al régimen de defensa oficial, técnicamente destinado a personas con pocos recursos). 

El cantante y guitarrista de El Otro Yo no es el primer rockero argentino encarcelado por un delito grave (Pity Álvarez está preso desde hace un año por un homicidio). Tampoco es el primer condenado (Callejeros fue el precedente), y ni siquiera el primero que deberá cumplir una pena por un delito de género (Eduardo Vázquez purga cadena perpetua por el femicidio de Wanda Taddei). Sin embargo, su caso se inscribe como pionero en este inédito pero potente contexto de visibilización de abusos en la cultura rock argentina: es, en efecto, la primera condena por delitos sexuales vinculados a esa escena.

Este proceso cultural comenzó ocho meses antes de la prisión preventiva sobre Aldana, aunque a partir de otra historia: la de Miguel del Pópolo, cantante de La Ola Que Quería Ser Chau. En abril de 2016, Mailén Frías se filmó contando los terribles abusos que le habría perpetrado el músico de la banda under y el video adquirió un inesperado carácter fundacional: a partir de entonces se replicaron acciones similares que derivaron en complejizaciones tanto de los debates como de las plataformas que los contenían e impulsaban. Algunos colectivos como “Ya no nos callamos más” fueron fundamentales para articular denuncias contra músicos que no habían prosperado en “sede policial”. De ese modo le dieron cierta “organicidad” a una problemática que recién entonces empezó a ser vista como coyuntural: el rock, como nunca en su historia, pasó a ser interpelado por sus hábitos y conductas machistas.

Desde procesos judiciales hasta escraches en internet fueron empujando una discusión que obligó al rock argentino a la inédita tarea de interpelarse a sí mismo. Después de más de medio siglo de actividad, discos, himnos y próceres mayormente varones: ¿cuál es el lugar que tuvieron las mujeres en esta historia? Las acusaciones contra rockeros que se multiplicaron a partir del antecedente de Mailén Frías en abril de 2016 demostraron que las mujeres no sólo sufrieron una segregación sexista en el plano artístico, sino además una terrible cantidad de abusos más allá del escenario. 

En 1987, mientras entrevistaba a Pappo en su programa televisivo “Noche de brujas”, la periodista Alicia Barrios le recordó al aire que años atrás había intentado violarla en el Luna Park. El músico buscó salir del momento incómodo queriendo hacerse el gracioso, pero con comentarios tremendos. “Uno tiene ideas de violar a gente linda como vos”, dijo Pappo, quien luego minimizó el hecho: “Vos sabés cómo es la violación, un poco es el tire y afloje de ambas partes”. Ese cruce hoy toma otra relevancia, aunque en aquel momento no pasó a mayores porque esos comportamientos denigrantes contra la mujer estaban “normalizados” dentro del rock y, en cierto punto, también en la sociedad que esa cultura refractaba. 

Pappo falleció en 2005 y tal vez nunca imaginó que estos nuevos debates fueran posibles. Lo cierto es que a partir de aquel video de Mailén se produjo una ola expansiva que alcanzó a bandas con nivel de convocatoria como Salta la Banca, Cielo Razzo y Onda Vaga, entre otras. Las reacciones de los grupos ante la acusación de un músico propio fueron diversas. Utopians, por ejemplo, se disolvió en solidaridad con las denunciantes. Pez, en cambio, se “guardó” unos meses y luego retomó la actividad. Y después está el curioso caso de Los Espíritus: su cantante fue marginado de la banda, aunque al poco tiempo lo reincorporaron y eso generó el éxodo de tres músicos en señal de protesta.

A priori, la condena a Cristian Aldana funge como modélica de una nueva sensibilidad en torno a los delitos de género en general, y del machismo del rock en particular. Es decir, una discusión macro que se ancla tanto en el terreno judicial (la acción penal contra el denunciado), como en el cultural (percibiendo negativamente esos comportamientos históricamente legitimados).

Sin embargo resulta, de momento, apenas una excepción: Aldana es el único músico denunciado por abuso que está detenido. Los demás atraviesan distintas instancias que van desde escraches en redes sociales (con mayor o menor impacto) hasta procesamientos. Como el propio Miguel del Pópolo, pionero de este fenómeno -pero por la negativa-, quien espera en su casa el juicio por una denuncia radicada hace ya tres años.  (www.REALPOLITIK.com.ar)

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