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19 de agosto de 2019 | Opinión

Carta abierta

Gobernadora, yo aposté por usted y me decepcionó

Estimada gobernadora, soy uno de los tantos miles de bonaerenses que nunca, en estos cuatro años de gestión, fue escuchado. Jamás fui atendido, a nadie le importó lo que sus funcionarios de gobierno estaban y están haciendo con nuestras vidas.

por:
Pablo Fonseca

Le cuento un poco sobre mí, tengo cuarenta años, de los cuales veintiuno llevo como agente del estado provincial. Ingresé allá por el año 1996 y durante esos años, y atento haber sido valorado, reconocido y haber tenido garantizada una carrera administrativa, es que tuve la posibilidad de perfeccionarme. Hice una carrera universitaria que me otorgó el título de abogado, cursé una diplomatura en gestión pública provincial y realicé una docena de cursos de capacitación. Jamás tuve que hacer política ni afiliarme a partido alguno para conquistar mis sueños (una carrera administrativa estatal) y gracias a las gestiones que la precedieron lo había logrado. Llegué a ocupar un cargo jerárquico que no todos logran, fruto de todo el sacrificio, capacitación y perfeccionamiento que había realizado, descontando, desde ya, que por un hecho delictivo hace veintidós años, adquirí una discapacidad motriz que me quitó la movilidad de mis piernas, pero así y todo nunca me detuve y recibí de parte del estado todo el apoyo, las guías necesarias y la motivación suficiente para superarme y obtener una mirada de la sociedad en igualdad de oportunidades.

Lamentablemente esto tuvo un retroceso, cuando me sentí identificado con sus ideas, sus ideales o sus promesas, me inscribí en el año 2015 junto a mi familia como voluntario para el cambio, fácil de corroborar con mi e-mail. Conocí a un intendente suyo que me motivó con sus pensamientos y su forma de ser, me involucré. Como pude acompañe en los timbreos y me seguí capacitando, y ese fue mi final.

Lamentablemente considero que está rodeada de funcionarios que solo ven sus propios ombligos, me apartaron de todo, me quitaron mis funciones que honrosamente y con sacrificio había conseguido tras veintiún años. Me humillaron, denigraron y apartaron, al punto tal de doblegarme y dejar de sentir ese sentido de pertenencia, de compromiso. Me arrebataron la pasión por mi trabajo, sin embargo, eso no me detuvo.

A pesar de mi tristeza, a pesar de todo lo perdido, a pesar de ver a mi familia pasarla mal porque yo estaba mal, me anoté en la escuela de líderes políticos. Una vez más aposté a ustedes, conocí gente nueva, me vinculé nuevamente, pero me terminé de convencer que solo son un grupo muy cerrado, que no cualquiera puede entrar y sentirse realmente parte del equipo que usted pregona. Y hoy me encuentro en que verdaderamente no existe para esta gestión el mérito, la idoneidad, que el esfuerzo no es valorado, que nada les importa, que solo se progresa si sos del círculo de amigos o por la suerte de ser familiar.

Escucharla en televisión decir que escuchan a todos, que son un gran equipo, que se ocupan de nosotros, me generó una enorme sensación de hipocresía, una imagen y un discurso a contramano de la realidad.

Durante estos dos últimos años he intentado por todos los medios ser oído, redes sociales, e-mail, entrevistas, y nunca recibí siquiera una respuesta.

Me han afectado la salud, la de mi familia y la mi entorno, y sigo observando cómo los amigos del poder o las personas de doble apellido siguen en sus funciones o, mucho mejor, mirando por sobre sus hombros y lejos de la realidad.

Toda mi vida tuve que luchar, realmente superé adversidades, pero repito, jamás los gobiernos se metieron entre los sueños y sus egos, pero esta vez no es así. No son buena gente, no ven al otro como un igual, no valoran la trayectoria ni la capacitación, solo benefician a todo aquel que es del círculo, dejando a muchos atrás y fuera de las posibilidades.

Por una cuestión de temor, obviamente, porque tengo nombres para dar, no puedo hacer público mis datos, pero el medio en donde esto se publique, si es que se publica y si es de su interés escuchar, los tiene para contactarme.

Que no sean solo anuncios de campaña, que no sea por un par de votos más, si lo hace que sea porque realmente le interesa conocer que sucede por debajo de sus pies, qué decisiones se toman y cómo afectan la vida de nosotros, sus empleados, sino ni se tome el tiempo.

Hay muchos empleados del estado que la han pasado muy mal en estos últimos tiempos, por violencia laboral, por discriminación, por pensar distinto o simplemente por decir “esto así no se puede”, “hay otra opción mejor”. Hay que ser aplaudidor.

Siento tristeza que hace cuatro años festejaba un nuevo gobierno, un nuevo rumbo y hoy me encuentro mas identificado con aquella política que no queríamos más. ¿Por qué? Porque estaba mejor, porque pude hacer una carrera que su gestión aniquiló, porque se respetaban mis derechos, porque nadie me violentó, porque siempre fui escuchado y, sobre todo, respetado.

Mis saludos más sinceros.

 

(*) Correo electrónico: [email protected] 

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María Eugenia Vidal

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