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25 de agosto de 2019 | Interior

El vuelto de De la Sota

Complicado, Schiaretti pierde el control del peronismo cordobés

Ya no tiene la “llave del interior”. No es más el primus inter pares de los gobernadores. Es más, muchos ya no le atienden el teléfono. Nunca confiaron en él, pero le habían extendido una nueva carta de confianza tiempo atrás, cuando comenzó a tomar forma la fallida experiencia de Alternativa Federal. 

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

Hoy todos lo ven como una quinta columna. Un operador de la familia Macri, tal como lo fue desde fines de los años 70, cuando se convirtió en empleado de la sede brasileña del clan familiar. 

Fue uno de los cuatro ases de la fundación de la breve saga del peronismo republicano. De los otros tres, dos son candidatos a vicepresidentes –Pichetto y Urtubey-, el otro a primer diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Schiaretti se quedó con Córdoba, y luego cumplió la tarea encomendada por sus patrones de siempre. Denostó al kirchnerismo desde el escenario de la victoria electoral provincial, y luego viajó a Buenos Aires para disparar dos tiros letales bajo la línea de flotación de Alternativa Federal. Primero se sacó una foto con el presidente Mauricio Macri en la Casa Rosada, que dejó a las claras la complicidad entre ambos. E, inmediatamente, destrató a Roberto Lavagna

Se lo veía feliz por entonces. Como la mascota que realiza una buena acción y espera la palmada de recompensa de su amo. No imaginaba lo que vendría. 

Al retornar a Córdoba comenzaron los problemas. Sufrió algunos cuestionamientos velados inicialmente. Después, cuando se confirmó la candidatura de Alberto Fernández, cobraron estado público los reproches que venía recibiendo con sordina por no haber sido más enfático en su crítica a “Lilita” Carrió, cuando en plena campaña provincial celebró la muerte de Juan Manuel De la Sota. Olvidó que los cordobeses tienen memoria. Olvidó, incluso, el “cordobesismo” que proclamaba, privilegiando la lealtad al clan Macri. Y empezó a quedarle en claro que, sin De la Sota, apenas era un músico solista bajo la experta batuta del conductor histórico de la provincia. 

Las decisiones de Mauricio Macri lo iban condicionando cada vez más. Cuando Miguel Pichetto aceptó la oferta de la candidatura presidencial se produjo la rebelión de los senadores peronistas. Pichetto debió renunciar a la presidencia del bloque y el cordobés Carlos Caserio ganó en protagonismo. Incluso fue el encargado de anunciar la continuidad del bloque, y su respaldo a la fórmula Fernández - Fernández. Disparo certero al corazón de Schiaretti. La herida expuesta ya no pudo disimularse. 

Quienes lo conocen afirman que, en el tramo final de la campaña, el gobernador cordobés, por momentos, comenzó a parecerse a su coterráneo Fernando De la Rúa en sus momentos más críticos. Las visitas de los candidatos nacionales lo colocaban en un laberinto del que no encontraba la salida. Alberto Fernández fue a visitarlo, y lo trató con frialdad, casi le faltó el respeto. Apenas accedió a sacarse una foto que era la expresión del parteaguas. Ni siquiera le ofreció un café ni un vaso de agua. Se creyó contenido y protegido por su antiguo jefe en desempeño de la presidencia de la Nación. Las PASO le demostraron que su decisión no fue premiada: su lista corta tuvo un desempeño paupérrimo en la provincia y, de yapa, cayó en la cuenta de que deberá gestionar con un nuevo presidente al que le faltó el respeto. 

Este sábado se reunieron en Buenos Aires, Alberto Fernández con Natalia De la Sota. Schiaretti es, a esta altura, el único gobernador del peronismo que no le brindó su apoyo. Carlos Caserio y Natalia De la Sota comienzan volverse figuras amenazantes para su propio liderazgo provincial. Ya no es la referencia de los gobernadores peronistas. Está contra las cuerdas. 

A la salida de la cordial reunión con Alberto, Natalia De la Sota publicó en las redes sociales: “Coincidimos en que hay que seguir tendiendo puentes para construir un país unido y en paz. Le pedí especialmente por nuestra provincia. Córdoba será fundamental en la Argentina que viene”.

En la reunión, Alberto y Natalia De la Sota coincidieron en la necesidad de clausurar definitivamente la saga de desencuentros que caracterizó la relación entre el kirchnerismo y la provincia de Buenos Aires. Alberto, claramente, es un hombre de diálogo, de consensos. Aspira a poner fin a la grieta para tratar de conducir a la Nación a puerto seguro, después de que Cambiemos chocara contra el iceberg. Natalia estuvo de acuerdo y recordó que su padre había empezado a recorrer ese sendero en el tramo final de su existencia, cuando comenzó a negociar la unidad con el ahora candidato presidencial, merced al papel clave que desempeño Sergio Massa en ese acercamiento. 

Córdoba no es una provincia kirchnerista. Pero Alberto expresa una alianza mucho más amplia que incluye pero no se agota en el kirchnerismo, para desgracia del gobierno nacional que insiste en invisibilizarlo, aunque a menudo tenga que mendigar su respaldo para garantizar la gobernabilidad, sobre todo en el sector financiero. 

Muchos cordobeses lo comprendieron hace tiempo. Carlos Caserio ya consiguió sumar a cuarenta intendentes peronistas al Frente de Todos y se ha convertido en el principal operador político de Alberto Fernández en la provincia. Natalia De la Sota era mencionada como probable candidata a vice de Massa, antes de su migración al espacio de unidad. El liderazgo del gobernador tambalea: en las PASO su lista hizo un papel bastante pobre, y nada asegura que su desempeño no sea aún peor en las generales. 

En los próximos días está pactado un nuevo encuentro entre Alberto y Schiaretti. El candidato presidencial precisa sumar todos los apoyos posibles para consolidar su liderazgo. Schiaretti necesita ponerle un torniquete a la hemorragia de votos y de referentes que se le escapan hacia el Frente de Todos. Pero se muestra remiso a respaldar la candidatura de Alberto Fernández. Las figuras de Caserio y Natalia van encumbrándose en la provincia. Decida lo que decida, su liderazgo está amenazado. 

Le queda aún la posibilidad de tratar de recomponer un tanto el vínculo con Alberto Fernández en los cuatro años en que ambos desempeñarán los poderes ejecutivos respectivos.Y, como es sabido, la lapicera no está en Córdoba. 

¿Privará el estratega que todos creyeron ver en Schiaretti, o su lealtad hacia el clan Macri, que no tendrá las cosas fáciles tras el abandono de la primera magistratura?

Por si hiciera falta, a esta altura una sola cosa queda en claro para todos. Algo que los cordobeses afirmaban desde siempre: Schiaretti no es De la Sota. Tal vez le convendría comenzar a tratar de imitarlo. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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