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14 de septiembre de 2019 | Cultura

Mano a mano

Alberto Fernández: “Aprendí guitarra de chico y quedé enganchado al instante”

El candidato a presidente del Frente de Todos repasa con detalle una pasión casi tan intensa como la política: su aprendizaje de instrumentos, el fanatismo por el rock argentino de los ‘70, su interés en el pop de los ’80 y Los Redondos, los grupos actuales que conoce y su opinión acerca del rap. 

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

“Disculpen por esto”, bromea Alberto Fernández con una sonrisa moderada pero sincera. Está sentado en el living del departamento que habita en Puerto Madero, el mismo donde suele conceder entrevistas rodeado de varias de sus guitarras acústicas. Sin embargo, su entorno se ve de golpe interrumpido por un batifondo intenso que sube a todo volumen desde la Costanera Sur, a espaldas de su vivienda: el fin de semana se calienta en una hermosa tarde de sol y unos cuantos muchachos escuchan música en la vereda a través de los parlantes de un auto. La cortina sonora complica la charla pero a nadie le molesta.

El candidato presidencial del Frente de Todos hace un alto en su agenda electoral para repasar una pasión que lo domina y lo define acaso más que la política: la música. “Aprendí a tocar la guitarra de chico y quedé enganchado al instante. También intenté con el piano, aunque me costó mucho más porque se necesita otra práctica y no siempre tuve un teclado a mano como para hacerlo”, cuenta. “’¡Es una pavada! ¡Sólo tenés que cambiar los tonitos de la guitarra!’, me alentaba Litto Nebbia. Pero no, Litto: no es tan así, jaja”.

La relación de Fernández con Nebbia es, a esta altura, bastante conocida: el rosarino fundador de Los Gatos y creador de La Balsa fue quien le enseñó a Alberto a tocar la viola. “De chico era un loco de él y lo perseguí hasta en la sopa. Así logré aprender de él. Después se fue a Brasil, luego a México, y ahí lo dejé de ver, aunque conseguía los vinilos que había grabado allá a través de una disquería muy chiquita en Ecuador y Santa Fé. En ese entonces yo estudiaba Derecho en la UBA y me iba caminando desde mi casa en Coronel Díaz y Santa Fe, pero a veces me desviaba más allá de Pueyrredón para comprar esos álbumes”.

“Cuando Litto volvió del exilio en 1982 me lo reencontré una noche en Jams, un boliche de Belgrano donde apareció tocando. ¡Fue increíble! Le pedí que hiciera 'Nadie es tan importante como uno cree', que me encantaba”, dice Fernández. Se refiere a una hermosa canción de “Toda canción será plegaria”, aquel disco que Nebbia coeditó en México con su entonces pareja Mirtha Defilpo. “Yo estaba emocionado, pero Litto me dijo muy a su estilo: “¡No hago temas viejos!’. Jajaja. Sin embargo con el tiempo comprendió que se había vuelto un clásico. Nos acercamos definitivamente en los ’90 y desde ahí estamos juntos hasta el día del hoy”. 

A los catorce años Alberto recuerda haber presenciado un recital breve y accidentado pero inolvidable: el Festival del Triunfo Peronista organizado tras la victoria de Héctor Cámpora en Argentinos Juniors, el estadio del equipo del que es hincha. “En ese evento estaban todos: Spinetta con Pescado Rabioso, Pappo, León Gieco y hasta (el vicepresidente Vicente) Solano Lima, aunque se largó a llover y todo se suspendió”, reseña Fernández, quien incluso recuerda la fallida presencia de Gabriela Parodi en la programación. “Su voz era fabulosa y había grabado una canción de Litto que el propio Nebbia jamás grabó”. Se refiere a 'Haz tu mente al invierno del sur', letra que el propio Alberto recuerda y recita: “‘Alguien me ha dicho que has decidido, alguien me ha dicho que tienes en mente marcharte al norte con tus hijos y guitarras / que allá, piensas, serás más feliz / y  nadie nunca va a ningún lugar, nadie jamás encuentra ese lugar / Haz tu mente al invierno del sur y quédate, que hay mucho aquí aún por hacer… y rehacer’. ¡Un tema formidable que nunca entendí por qué Litto jamás grabó!”.

Más afecto a la lectura de cifrado americano (por sobre la partitura), Fernández también realizó talleres de poesía y se dedicó a la escritura, algo que luego modificó cuando aprendió guitarra. “Es que escribir poesía no es exactamente lo mismo que escribir canciones, y a mí me gusta más el formato de las canciones y baladas, lo cual exige un cierto cuidado en las rimas”. Así llegó a acumular decenas de temas que con el tiempo devinieron en un disco doble. “Fue una locura que me agarró, más que nada para lograr registrar todas esas canciones que yo componía, dedicaba y luego olvidaba”, asegura.  

“Si me preguntás un grupo que me marcó más allá de Los Gatos y Litto Nebbia, nombraría a Arco Iris. Porque más allá de la música que hacían -que me parecía increíble-, también tenían toda esa lógica de vida hippie y comunitaria que me resultaba increíble”, amplía Alberto. A pesar de reconocerse criado en la “música progresiva” de los ’70, Fernández valora artistas de décadas posteriores a la de su influencia. “Después de la guerra de Malvinas apareció un sonido más pop con Virus, Soda Stereo o mismo Los Abuelos de la Nada con la dupla Miguel Abuelo - Andrés Calamaro, que fue impresionante en términos creativos”, destaca. “Los grupos actuales quizás no tienen esas lógicas, pero igual encontré cosas que me gustaron como Ella es tan cargosa, Estelares o Los Tipitos, tal vez porque me identifica esa onda beatle o cancionera en la que me crié. Y después, claro, están Los Redondos, un fenómeno extraordinario y fuera del sistema, con una música distinta y propia de sus autores, que es lo más importante que puede lograr un artista: que lo escuchen y automáticamente lo reconozcan. No me considero un ricotero, pero me gustan y les tengo un enorme respeto”. 

De fondo sigue sonando esa música que viene desde los parlantes del auto estacionado sobre la Costanera Sur. Lo que se oye ahora parece ser rap. “No es lo mío, a mí me gusta otro estilo y siento que ésta es más bien hablada o recitada, donde lo importante es el ritmo”, concluye Fernández. “De todas maneras no la niego y creo que hay que prestarle atención por un motivo sencillo: es la música de los jóvenes que miran el mundo que se les va a abrir. El Papa Francisco alguna vez les pidió que hicieran lío, yo coincido con eso y les exijo que sean feroces con nosotros, incluso proponiendo una música que ya no es la nuestra, sino la de ellos”. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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