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8 de diciembre de 2019 | Nacionales

Lo que vendrá

¿Cómo será la AFI de Alberto Fernández?

Tal y como sentenció alguna vez la doctora en ciencias biológicas, Guadalupe Nogués, “la evidencia a veces es dejada de lado a la hora de tomar decisiones o de formarnos una imagen del mundo”.

A partir de la vuelta de la democracia, la preocupación inicial fue desmilitarizar el organismo de inteligencia. En eso se concentró Raúl Alfonsín. Pero al mismo tiempo que esto ocurría, el sistema de inteligencia se fue politizando y esta politización tuvo consecuencias escandalosas. Por enumerar algunas, durante el gobierno radical tuvieron que ver con los ingresos masivos de personas sin experiencia en altos escalafones, quebrando la carrera profesional; los aplaudidores de La Rural y la SIDE paralela de Raúl Guglielminetti. Con Carlos Saúl Menem, la servilleta de Corach, la mayoría automática, el encubrimiento de los atentados a la embajada de Israel y la AMIA, y los sobres a jueces fiscales y periodistas. Con La Alianza, la Banelco y la construcción de un aparato de operaciones jurídicas paralelas que ya no compraba a los jueces, fiscales y periodistas sino que ahora “los convencía” de qué era lo mejor. 

Ahora bien, a la par de este sistema de inteligencia dedicado a satisfacer los deseos del poder político, existía otro de características profesionales que se utilizaba para todas aquellas tareas no relacionadas con la política y en las que se requería un alto grado de profesionalismo; un grupo no muy numeroso de samuráis que cuando hacía falta hacer inteligencia en serio, lo hacía.

Durante la transición del gobierno de Eduardo Duhalde y parte del de Néstor Kirchner algunos tuvieron la ilusión de ver una SIDE distinta, con cuadros de carrera que accedieron a los más altos escalafones y ejercieron las funciones más relevantes pero en lugar de profesionalizar a los políticos fueron ellos quienes se politizaron y terminaron desangrándose en inútiles disputas de ego. 

Con la muerte del fiscal Alberto Nisman se produjo un punto de quiebre, se reformuló el organismo, se le cambió el nombre y se avanzó equivocadamente sobre los últimos samuráis. La AFI de Mauricio Macri, lejos de subsanar el error continuó con la tarea de aniquilamiento de samuráis y avanzó en la reconstrucción y perfeccionamiento del grupo de operaciones jurídicas paralelas. Los resultados están a la vista, para cuando el ingeniero presidente se dio cuenta que los sentidos humanos no pueden ser reemplazados por la tecnología, ya era tarde.

Por todo ello es que si doctor Alberto Fernández piensa disolver la AFI, habría que informarle que ha llegado demasiado tarde: esa tarea ya fue exitosamente efectuada por su antecesor en el cargo. Ahora bien, si lo que el presidente electo desea es tener un organismo de inteligencia que lo asesore en sobrellevar los desafíos que deberá enfrentar, claramente no deberá seguir el camino de sus predecesores: habría que despolitizar la AFI, profesionalizarla. Los amigos políticos son buenos para juntarse a conversar, comer buenos asados y jugar al truco. Ahora es el momento para saber si AF las tendrá en cuenta cuando tome su decisión.

Si el señor presidente se inclina por profesionalizar la AFI y le llegan propuestas “salvadoras, como si fueran de genios” de parte de algunos ya ex directores del organismo u de otros personajes como un tal Matzkin, lo mejor será desconfiar. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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