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10 de diciembre de 2019 | Nacionales

Cambio de gobierno

Derrotado en todos los frentes, Macri renuncia a “liderar la oposición”

Cuando se apagan las luces, la escena queda desnuda. La experiencia del macrismo terminó en catástrofe. No sólo en lo económico y en lo social. También en lo político. Entre el mes de agosto y el traslado del mando a Alberto Fernández,

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

Macri perdió tres elecciones cruciales: las PASO, las generales y, tal vez lo que resulte aún más determinante, también perdió Boca tras 24 años de hegemonía incuestionada. Esto no implica que Macri esté muerto políticamente, pero sí muy dañado. Aunque la historia demuestra que el paso del tiempo a menudo ofrece nuevas oportunidades.

La remontada entre las PASO y las elecciones generales fue significativa, y permitió generar el slogan “perdió pero ganó”. Con el aporte mediático habitual consiguió sostener esa ficción. Hasta este domingo: la derrota en las elecciones de Boca Juniors fue la mano del knock out.

Llamativamente, los porcentajes de Fernández - Fernández en las PASO y los de Ameal - Pergolini - Riquelme fueron similares, en torno al 53 por ciento.  En ambos casos, los votantes lo hicieron, en algunos casos, por convicción respecto de la fórmula competidora, y en muchos otros por temor a la continuidad del macrismo. Exclusión de los socios en Boca en la mayoría de las actividades, abandono de los deportes no rentable, grandes beneficios para los inversores del grupo próximo a Macri. En la Nación fue lo mismo. Lamentablemente, el balance favorable del club de la Ribera no se replique a escala nacional.

Las similitudes entre uno y otro caso son muchas. Alegre y Heller habían consolidado la economía de un Bocar Juniors que estaba en crisis. La administración de Macri aprovechó el envión para realizar pingues negocios y obtener una catarata de títulos en las primeras dos décadas. En la Nación se utilizó el envión del kirchnerismo y los números equilibrados de la economía para conseguir capitales golondrina para alimentar la bicicleta financiera. A diferencia de lo que sucedió en Boca Juniors, en la Nación faltaron los logros.

Apenas 72 horas atrás, Mauricio Macri se presentaba en una plaza de Mayo cercenada por las rejas que colocó en su propio resguardo un gobierno impopular con aires victoriosos. Los medios amigos se encargaron de destacar la magnitud de la concurrencia, aunque apenas excediera los 10 mil participantes. Cristina había sumado más de 500 mil en su última presentación presidencial. En esa oportunidad no faltó nada de lo característico del macrismo: ni la agresión a un periodista de C5N, ni los discursos contaminados por el odio, ni las voces desaforadas que exigían la “muerte a Cristina Kirchner”. Tampoco el tono triunfalista en el discurso de Macri, ni su disposición a liderar la oposición, ni las reconvenciones y advertencias a Alberto Fernández.

Al día siguiente, la ilusión se desmoronó. Macri tiene en claro que su liderazgo es el emergente de la grieta, del odio, de la división. Por algo designó a Patricia Bullrich como presidenta del Pro, siendo afiliada a otro partido. Por eso lo acompañó Miguel Pichetto en la fórmula presidencial y en la plaza de la despedida. Por eso no estuvo Gabriela Michetti a su lado.

Pero sólo unas horas después, en Luján, el Macri que concurrió era muy otro. Ya estaba informado de que la derrota en Boca era irreversible y que, con ella, se le caía la última caja disponible y el último reducto de poder, tanto simbólico como real. Sabe que lo esperan decenas de causas penales, algunas gravísimas, y que los jueces se ensañan frente a las muestras de debilidad ajena. Por eso debió “amansarse”, aceptar silenciosamente las críticas de la iglesia, y hasta abrazarse con Alberto Fernández. Todos gestos que debilitan su imagen de “justiciero” que seduce al antiperonismo más recalcitrante.

Este martes Macri ya no será presidente y deberá meditar seriamente su futuro. Si seguir con su proyecto político, si volver a la esfera privada, si radicarse en el exterior, si intentar recuperar el control de Boca Juniors. Quizá, también, todas esas opciones a la vez. Pero ya no es líder indiscutible dentro de Cambiemos: le muerden los talones Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, la UCR y los descontentos con el destrato que sufrieron durante su presidencia.

Por esta razón, este lunes, una vez perdido el escudo protector de Boca Juniors, admitió en conferencia de prensa en la Casa Rosada: “No voy a liderar la oposición. Voy a coordinarla”. Sólo 48 horas antes, su discurso era muy diferente.

Macri está derrotado, pero no muerto políticamente. Tanto en la Nación como en Boca perdió ante dos moderados, Alberto Fernández y Juan Román Riquelme. Toda una señal de lo que ansía buena parte de la sociedad argentina y del mundo boquense, como parte de ella. Tanto su muerte política como su resurrección dependerán de la suerte que corran sus vencedores. En todo caso, está atado al fracaso ajeno. El problema es que ese fracaso sería el de todos los argentinos y el de los boquenses, respectivamente. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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10 Dec | 12:46
Miguel | Mail
UNA PENA QUE EL PUEBLO NO HAYA MATADO A ESTE PUTO APATRIDA ENEMIGO DE ARGENTINA Y DEL PUEBLO ARGENTINO. AL PUTO MACRI HAY QUE MATARLO COMO SE MATA A LAS RATAS.
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