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Por: Antonio D'Eramo
Una de esas leyendas fascinantes es la del Huaillepenyú, la divinidad de la Niebla que habita en las orillas de los ríos y lagos, y en las áreas cercanas a los mares. Se trata de un ente masculino, sobrenatural, que habitualmente es representado con cuerpo de macho cabrío o de carnero, parte trasera de foca y cabeza de ternero. Algunos especialistas sostienen la existencia de alguna relación con las leyendas sobre las sirenas.

Otros relatos legendarios, en cambio, lo presentan portando cuerpo de foca y patas atrofiadas de carnero, características que lo obligan a reptar para permitir su traslado.
Pese a estas limitaciones para su desplazamiento, se considera que el desplazamiento del Huayllepenyú es ágil y veloz. De hábitos nocturnos, tiene la particularidad de acoplarse fácilmente con animales domésticos, a las que deja preñadas de crías deformes, de apariencia espantosa, que permiten dar a conocer su visita.
Visualizar o soñar con el Huaillepenyú es considerado como una señal de malos augurios y desgracias inminentes. Sobre todo, este ser se ensaña con las embarazadas –con las que también se acopla con facilidad-, quienes correrían serios riesgos de abortar espontáneamente o dar a luz a criaturas deformes o sobrenaturales, concebidas durante alguna de sus temidas visitas. (www.REALPOLITIK.com.ar)