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1 de enero de 2020 | Nacionales

Diagnóstico 2020

Alberto y Axel: Dos estilos destinados a enfrentarse

La gestión de Alberto Fernández apenas lleva veintún días. Sin embargo, parece que fuera mucho más. De alguna manera, desde las PASO se lo reconoce como presidente, y la mayoría de las acciones y posicionamientos que tuvieron lugar desde entonces consideraron ese supuesto. Pero era un presidente que no podía tomar decisiones ejecutivas.

Hoy Alberto es presidente y Macri mira con angustia Comodoro Py. El escenario apocalíptico que anunciaban los medios amigos del oficialismo de Cambiemos no se produjo. El dólar sigue estable, con leve tendencia a la baja, el cepo no puede levantarse, y la bolsa experimenta una subida sostenida y sorprendente. El riesgo país cayó más de 600 puntos respecto de la gestión de Macri, pero aún se encuentra en niveles siderales. En cuatro años se destruyó la siembra de décadas. Hubieron, por supuesto, ganadores. Bancos, empresas de energía, peajes, el campo. El entorno de Mauricio y el propio Mauricio ante todo. Despojado del poder, él y la mayoría de su gabinete saben que les espera una larga travesía por los tribunales federales, siempre y cuando a Alberto Fernández le vayan bien las cosas. La ecuación es sencilla: deben apostar al fracaso del nuevo presidente, fomentarlo, si desean conservar su libertad. 

Del lado de Alberto Fernández la situación es aún mas compleja. Debe tratar de encaminar el país, rescatarlo de la tierra arrasada que heredó de Cambiemos sin caja, con una deuda externa inédita que no se aplicó a la producción y el desarrollo sino a propiciar la fuga de capitales. ¿Cómo reparar las injusticias, la fabulosa deuda social, sin recursos, y cuando los que ganaron quieren conservar los privilegios adquiridos y los que perdieron en la puja distributiva que se desarrolló durante el macrismo tienen escaso margen de tolerancia? No por maldad. Simplemente porque la gestión de Cambiemos no trajo brotes verdes, ni revolución de la alegría, sino el hambre, el desempleo y la certeza de un futuro de privaciones.

La sociedad argentina está movilizada. Lo está el campo, lo están los que reclaman con justicia una reparación impostergable de su situación. Lo está el sector financiero. Lo están, aunque no se lo difunda tanto, las cabezas de las fuerzas de seguridad. 

Alberto sabe que, al menos durante algún tiempo, contará con el respaldo de la mayoría de los gobernadores, tanto propios como ajenos. También del sindicalismo, sobre todo del peronista. El problema es otro. Mientras que Alberto trata de apostar a un peronismo aggiornado, republicano, ampliando los espacios de negociación y de inclusión de otros espacios políticos a su gobierno, se encuentra con un salvavidas de plomo, nada menos que en la provincia de Buenos Aires, donde el gobernador Axel Kicillof intenta gestionar en términos de un cristinismo estalinista que va mucho más allá de sus posibilidades políticas y económicas. 

El estilo de la gestión de Axel es la contracara de Alberto Fernández. Ni siquiera lo consulta antes de tomar sus decisiones, en su mayoría desafortunadas. La ecuación entre peronismo aggiornado en nación y cristinismo estalinista en la provincia no parece poder sostenerse durante mucho tiempo. Alguno deberá cambiar. Pero esperar un cambio en Axel es casi utópico, cuando las mayorías legislativas en nación responden a su jefa, Cristina Fernández. Y un giro de Alberto Fernández hacia un cristinismo estalinista no sólo es improbable, sino que también afectaría gravemente la gobernabilidad y el curso de las negociaciones con los acreedores externos. 

De este modo, la incertidumbre es el término más apropiado para tratar de diagnosticar lo que vendrá. 2020 no será un año fácil. Los siguientes tampoco. Tanto Macri como Cristina precisan que la grieta se profundice. Alberto Fernández, los gobernadores –incluído Horacio Rodríguez Larreta-, que comience a deprimirse para garantizar el éxito de sus gestiones. En el medio, como siempre, está el pueblo, que en Mendoza ya demostró que no está dispuesto a mantenerse pasivo. 

De la victoria de los moderados dependerá el futuro del país. En caso de que los más radicalizados consigan imponerse, también. Pero sería un futuro que nos acercaría a las realidades de los países limítrofes. Un escenario que la mayoría de la sociedad argentina reprueba, pero de la que no estamos exentos en modo alguno. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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