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27 de enero de 2020 | Nacionales

Reaparición

Macri, nuevo relato y nueva estrategia 

Mauricio Macri expresa una forma de liderazgo muy original, ya que en lugar de contener y proteger a sus colaboradores, insiste en desligarse de culpas y cargos, atribuyéndolos a quienes lo acompañaron en la gestión. 

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

Esta curiosa actitud, que incluyó también su desentendimiento en los momentos más graves que atravesó su gobierno, cuando se dedicaba a jugar al fútbol mientras su mesa chica se ocupaba de tratar de enderezar las cosas, llamativamente no mella su imagen entre sus seguidores. De hecho, expresa una curiosa forma de liderazgo, presentándose como una víctima más de las decisiones que adoptan quienes él mismo designó. 

Tras cuarenta días de silencio, el ex presidente hizo su primera aparición pública junto a referentes y militantes del Pro de Río Negro, en un breve impasse que se tomó en sus vacaciones en el lujoso country de Cumelen, en Villa La Angostura. En los momentos más salientes de su intervención, se esforzó por adjudicar culpas a sus funcionarios, comparar la situación actual con el contexto de 2001 y lamentar la vuelta al FMI que se produjo durante su gestión, situación que definió como "una pesadilla".

En un encuentro que poco tuvo de la charla “casual” e “íntima”, como se la definió, Macri tomó distancia con la situación posterior con la caída de Fernando de la Rúa. “Estoy convencido que esta vez no nos van a llevar puestos como en el 2001”, aseguró.

Macri relató su experiencia durante el último tramo de la campaña presidencial: “La verdad de los últimos treinta días, de estar anímicamente destruido por este año y medio, fue una experiencia increíble. Me llevaba la energía de todos ustedes. Me llevaba, me llevaba, me llevaba. Era impresionante lo que sentíamos y vibrábamos, y eso es lo que nos dejó esa situación amarga de no poder continuar, pero convencidos de que no nos van a llevar puestos como en el 2001”.

Así el ex presidente inauguraba su nuevo relato como un líder que recibe el respaldo y la energía de sus seguidores, sin mediaciones políticas ni institucionales. Es una decisión lógica, ya que se ha quedado sin instancias estatales propias y debe competir, para conservar su liderazgo, con quienes sí las han mantenido, como Horacio Rodríguez Larreta en el Pro y Gerardo Morales dentro de la alianza Juntos por el Cambio. 

Llamativamente, Macri formuló una crítica sobre el daño que le hizo al país el haber caído en una situación en la que nadie quisiera prestarle dinero, por lo que debió recurrir al FMI. “No se puede tomar deuda eternamente, hay que corregir esto. Después, cuando vino, fue un año y medio que fue una pesadilla”. Sin embargo, Macri no presentó este argumento como una autocrítica, sino más bien como una crítica a las decisiones que tomaron quienes ocuparon funciones relevantes en su gobierno, como si él, como presidente, no hubiera tenido responsabilidad alguna en la gestión, presentándose como una víctima más de las acciones ajenas. Este argumento, además, resulta sumamente potente para tomar distancias con la gestión de Alberto Fernández, que ensaya un fluido diálogo con el FMI para tratar de poner a flote al estado argentino asumiendo la herencia legada por el propio Macri

Avanzando sobre estos argumentos, Macri insistió en echar culpas sobre su equipo de gobierno por el endeudamiento récord propiciado durante su gestión. “Yo siempre les decía a todos, cuidado que los mercados no te dan más plata y nos vamos a la mierda”, y reprochó a sus funcionarios por su insistencia en que se quedara "tranquilo”, que ellos sabrían como recomponer la situación.

“Sentí que tenía sobre mi cabeza a los 44 millones y sabía que no íbamos a poder seguir tomando deuda eternamente, que no podía para ningún lado achicar ese gasto, mismo dentro de Cambiemos había problemas”, afirmó Macri, quien por primera vez reconoció, explícitamente, las internas y controversias existentes al interior de Juntos por el Cambio. 

Lejos de un diálogo casual e inocente, Mauricio Macri anticipó así su nuevo relato, de cara a la disputa del liderazgo del Pro y de la alianza Juntos por el Cambio. Lejos de las agresiones y las reconvenciones con que interpeló a la sociedad argentina cada vez que esta le manifestó su desacuerdo y sus críticas, ahora optó por mostrar un perfil indulgente, bonachón y hasta ingenuo, presentándose como una víctima más del engaño promovido por el “mejor equipo de los últimos cincuenta años”. 

De algún modo, la nueva estrategia parece apuntar a posicionarlo como una especie de tribuno de la plebe, que extrae su fuerza y su programa del apoyo que le brindan sus seguidores. Es una apuesta arriesgada, pero la única disponible en un momento de orfandad estatal absoluta. No tiene caja de ninguna administración a la que acudir, y quienes sí la tienen le disputan el liderazgo interno. 

Sólo le queda esperar el fracaso del gobierno de Alberto Fernández, y que ese fracaso arrastre a las administraciones de Juntos por el Cambio que consiguieron sobrevivir a su gobierno. Tal como afirmaba Maquiavelo, la política sigue siendo “el arte de lo posible”. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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