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15 de febrero de 2020 | Historia

17 de febrero de 1820

La provincialización de Buenos Aires

La Revolución de Mayo exigió definir un ordenamiento político para el Río de la Plata. Sin embargo, la empresa no fue sencilla, ya que, en el marco de las luchas por la independencia y las guerras civiles, se intentó implementar diversas fórmulas políticas que terminaron colapsando ante la agitada dinámica política de la época.

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

Uno a uno fueron cayendo la Primera Junta, la Junta Grande, el Primer y el Segundo Triunvirato y el Directorio. La constitución unitaria de 1819, profundamente conservadora, centralista y porteñista agotó la paciencia de las provincias, que manifestaron su disidencia a través del motín de Arequito y la rebelión de las provincias del Litoral. El Directorio ordenó al general San Martín regresar al Buenos Aires con el ejército del Norte que comandaba, pero el libertador ignoró la requisitoria, argumentando que no se encontraba dispuesto a “derramar sangre de hermanos”. Finalmente, el 1 de febrero de 1820, la batalla de Cepeda otorgó la victoria a las fuerzas conjuntas de los gobernadores de Entre Ríos, Francisco Ramírez, y Santa Fe, Estanislao López, sobre las del director Supremo, José Rondeau, quien renunció a su cargo.

Los vencedores exigieron la disolución del Directorio y del Congreso Constituyente, así como la caducidad de la constitución aprobada el año anterior. Frente al vacío de poder generado por la inexistencia de un poder nacional, las provincias argentinas recuperaron su autonomía. En el caso de Buenos Aires, fue necesario crear la entidad provincial, asumiendo el Cabildo porteño la autoridad política.

El 12 de febrero, el Cabildo designó como gobernador político a Miguel de Irigoyen, y a Miguel Estanislao Soler como comandante General de Mar y Tierra. Sin embargo, los vencedores desconocieron a esta entidad como autoridad legítima para pactar las condiciones de paz, por lo que el Cabildo debió elaborar entonces una nueva fórmula política. La situación era gravísima, habida cuenta de que no sólo los gobernadores federales objetaban la solución implementada, sino también numerosos propietarios rurales, descontentos con el monopolio de la representación que el Cabildo le otorgaba a la ciudad de Buenos Aires sobre toda la geografía provincial.  

La profunda crisis provincial fue definida por la historiografía liberal como la “anarquía del año XX”, y por el revisionismo histórico como la “recuperación de las autonomías provinciales”.

Para definir una nueva fórmula política para la provincia de Buenos Aires se convocó a Cabildo Abierto que se reunió el 16 de febrero de 1820, en el cual 182 electores sufragaron para constituir una Junta o Sala de Representantes. Cada elector votó por dos personas y las doce más votadas conformaron este nuevo órgano, cuyo presidente fue Juan José Paso. Una atribución primordial asignada a la Junta fue la designación de gobernador Propietario, función para la cual se votó por unanimidad a Manuel de Sarratea en la madrugada del 17 de febrero.

La Junta fue conformada exclusivamente por vecinos de la ciudad, sin intervención de la campaña, y se dispuso como requisitos que el candidato tuviera un cierto nivel de ingresos, contara con tierras propias y pagara el censo respectivo, lo que le confería la condición de “vecino”.

El 18 de febrero, Sarratea asumió su cargo como primer gobernador de la naciente provincia y el 23 de ese mismo mes firmó con los jefes federales el tratado del Pilar, por el cual Buenos Aires se reconocía como igual a las demás provincias. Entre sus cláusulas secretas Buenos Aires aceptaba proveer una importante cantidad de armamentos a los vencedores, situación que -al conocerse- motivó el levantamiento de varios jefes militares que consiguieron deponerlo, designando en su reemplazo al general Juan Ramón Balcarce. Sin embargo, Balcarce no llegó a cumplir una semana en su nuevo cargo, ya que el general Ramírez amenazó con atacar la ciudad si no se cumplía con el total de la entrega acordada.

El 11 de marzo de 1820, Sarratea reasumió su cargo, para cuyo ejercicio se le concedió ahora la “suma del poder público”. Inmediatamente decidió cederle a Francisco Ramírez algunas unidades militares al mando del coronel Lucio Norberto Mansilla y cumplir con los compromisos adquiridos.

Sin embargo, Sarratea no consiguió calmar el estado de anarquía que experimentaba la provincia, ni garantizar su control sobre los militares, por lo que terminó renunciando a su cargo el 2 de mayo de 1820.

Como podrá apreciarse, ya desde sus orígenes como tal, Buenos Aires ha sido una provincia muy difícil de gobernar. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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16 Feb | 11:48
claudin | Mail
Asi y todo, la ciudad de Buenos Aires sigue siendo admirada, envidiada y repudiada por la chatura manifiesta de los pueblos del interior del pais. Buenos Aires es una de las ciudades más importantes del mundo, quiérase o no. El interior no tiene nada, solo tradiciones inventadas.
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