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11 de abril de 2020 | Nacionales

¿Guardiola o Caruso Lombardi? Momento de decisión para Alberto Fernández

La cuarentena se le agota a Alberto Fernández y deberá decidir cómo reconfigurará sus alianzas políticas ante el agotamiento de su actual gabinete.

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

Días atrás afirmábamos que los primeros tres meses del gobierno de Alberto Fernández habían estado signados por la dilación. Sus dos ejes programáticos, mitigar el hambre de los argentinos y arreglar el tema de la deuda, no habían obtenido resultados concretos. Pero llegó la pandemia y le dió un programa y un objetivo: salvaguardar la vida de los argentinos. Sin embargo, la cuarentena, que le permitió dar un salto espectacular en las encuestas, trepando hasta el 93 por ciento, parece agotarse en el mismo laberinto en que quedaron atrapados sus dos ejes anteriores. Por razones objetivas no se puede prolongar indefinidamente, a riesgo de caer en el abismo del estancamiento económico con inflación: la estanflación. 

La situación es extremadamente compleja. No puede salir de la cuarentena cuando se aproxima el mayor ciclo de contagio, con la llegada del frío. No puede continuarla, ya que para distribuir y contener hay que tener caja y un aparato productivo consolidado. Marzo fue el mes de mayor emisión monetaria de la historia argentina y varias provincias ya anunciaron su intención de emitir bonos, cyber o cuasimonedas. La espiral inflacionaria no se detiene. Tal como señaló Guillermo Moreno, de la crisis se sale del lado de la oferta, de la producción, y no de la demanda, de la distribución. 

Desde un principio, la actual gestión le erró al eje programático, que debió dar mucha mayor importancia a la reactivación del aparato productivo. Ahora, en medio de la pandemia, la situación es mucho más problemática. Las grandes empresas ya le declararon la guerra. Las pymes apenas consiguieron sobrevivir, pero su horizonte es apocalíptico. Sólo el 40 por ciento de las empresas consiguió pagar los sueldos de marzo en tiempo y forma. ¿Cuántas conseguirán hacerlo en el mes de abril?

El malhumor social se multiplica. La asistencia social llega a cuentagotas, tarde y mal. Los sobreprecios pagados por Desarrollo Social no implican una práctica nueva, pero en situación de recesión todo es más grave. También lo es el fuego amigo que los denunció. Por no hablar de la desastrosa experiencia de lanzar a un millón de jubilados y de beneficiarios de planes sociales a la calle, el viernes pasado, sin haber tomado los recaudos elementales. Son población de riesgo. Con una decisión equivocada se tiró por el retrete todo el esfuerzo previo y los recursos invertidos para resguardarlos. 

Para el presidente Alberto Fernández, el universo parece agotarse con el COVID-19. Como ya lo anticipáramos, y lo corroboró Jorge Asis en su entrevista con Luis Novaresio, el único plan que tiene en cuenta el presidente es la lucha contra la pandemia. Pero la dirigencia y la sociedad en general, se preocupa sobre todo por las consecuencias de la cuarentena y, más aún, por la situación económica y financiera en que nos encontraremos a la salida de la cuarentena. 

Nadie duda de la buena voluntad del presidente. El problema es que su gabinete recibe cada vez más cuestionamientos de sectores más amplios de la sociedad. Los funcionarios que él designó parecen demostrar, a cada paso, que las funciones les exceden. No dan pie con bola y Alberto Fernández debe hacer todo por sí mismo, a riesgo de que no se concrete o le salga el tiro por la culata. 

Los que llegaron como parte de los compromisos que permitieron forjar la coalición electoral Frente de Todos parecen actuar por impulso propio, o bien respondiendo a órdenes o lógicas que poco que tienen que ver con la del presidente. 

En un reportaje concedido este jueves en A dos voces, por TN, Eduardo Duhalde fue concluyente. En su opinión resulta indispensable un cambio de gabinete, un acercamiento con las grandes empresas y una salida de la crisis por el lado de la producción. Más aún, subrayó algo que debería ser obvio: en momentos de crisis profundas, quienes deben estar a cargo del aparato del estado son los más experimentados, los curtidos por cien batallas, y no los bisoños que dan sus primeros pasos en la gestión.

Roberto Navarro, este viernes, salió a criticar a Duhalde. Lo presentó como un vocero de Magnetto, de las grandes corporaciones, de los “gordos”. Luego de la catarsis acostumbrada, vino el involuntario sinceramiento: no se duda de la honestidad de Alberto, pero a Alfonsín le quebraron el brazo justamente esos mismos intereses. No hizo falta que recordara que la referencia política del presidente es Raúl Alfonsín y no Perón

Duhalde se limitó a afirmar lo obvio: la política se hace a partir de relaciones de fuerza y no de voluntarismos. El arte de lo posible, como sostenía Maquiavelo. Pretender gobernar como si esos intereses no existieran -y más aún en el caso de un presidente con medio gabinete que ha demostrado su incapacidad, y otra mitad que no le responde-, es propio de la ciencia ficción. No de la política. 

Alberto definió al suyo como un "gobierno de científicos". Muchos consideran que se equivocó de contexto, y de país. La Argentina no es Finlandia, ni Suecia, ni Noruega, ni Suiza. Y además viene de experimentar la experiencia de saqueo y destrucción que le impuso el macrismo. 

La cruda realidad es que al presidente le quedan dos caminos para garantizar la gobernabilidad, habida cuenta de su limitado capital político. O profundiza su alianza con Cristina, a riesgo de convertirse en su jefe de Gabinete, o lo hace por el lado de la producción, de la oferta. En el primer caso, la mitad de su gabinete deberá ser reemplazado. En la segunda opción, el recambio sería generalizado. 

Vivimos horas de decisión en la Argentina y el que tiene que elegir su destino es Alberto Fernández. No cuenta con un tiempo indefinido. Deberá hacerlo antes de que los hechos se le terminen imponiendo.

Tal vez, por formación y actitud de vida, Alberto Fernández sueñe con ser Pep Guardiola. Pero la Argentina del COVID-19 necesita que se convierta en Ricardo Caruso Lombardi. (www.REALPOLITIK.com.ar)  

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