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17 de abril de 2020 | Nacionales

Coronavirus

El gobierno le otorga el rol central al sector privado y comienza a flexibilizar la cuarentena

El cerrojo a la economía paralizó a las pymes y provocó un derrumbe en la recaudación de impuestos. Sin ellos, el estado ya no puede sostener la campaña contra el COVID-19. “Los únicos que no se preocupan son los empleados públicos”, aseguraron.

El equipo de expertos que asesora a Alberto Fernández comenzó a considerar, a la fuerza, medidas para una “cuarentena administrada”, tal como la bautizó el presidente. No es lo que querían. Desde el punto de vista estrictamente científico, lo único aconsejable para enfrentar a un virus que aún resulta desconocido en sus mutaciones y para el que no hay una vacuna es, simplemente, mantenerse alejado de él.

En países con economías más pujantes y ordenadas, como Estados Unidos, Noruega, Finlandia, Islandia y Canadá, se espera que la cuarentena sea más prolongada y firme que en Argentina. “Ellos pueden financiar largos períodos de inactividad económica. Donald Trump volcó al comienzo del aislamiento dos trillones de dólares a la sociedad y tienen, además, un seguro de desempleo que funciona a la perfección”, aseguraron economistas de prestigio.

La universidad de Hardvard, en una publicación reciente, aseguró que la cuarentena debiera mantenerse hasta principios de 2022 si no se desarrolla con rapidez la vacuna. Esta fecha límite desafía incluso el alcance económico de las potencias mundiales.

La realidad argentina es, sin embargo, muy distinta. Según el economista y ex candidato presidencial José Luis Espert, existen cálculos muy conocidos que afirman que “una pyme en la Argentina puede sobrevivir sin trabajar durante 24 días, luego de eso se funde”. Las pequeñas y medianas empresas sobrellevan entre dos y tres años de franca recesión, con pocas inversiones y un consumo que, si bien comenzaba a repuntar en enero y febrero, ahora tocó un fondo histórico.

El gran triunfo de la gestión Fernández fue la lucidez de comenzar la cuarentena cuando el virus recién comenzaba a mostrar sus dientes. Rápido de reflejos y sentando un precedente para muchos países que vinieron después, decidió cerrar al país y dejar al virus con el mínimo de víctimas potenciales. El daño colateral fue, sin embargo, el sector privado. El mismo que, a pesar de las críticas del relato, continúa siendo el motor productivo del país y el generador del 72 por ciento del total del empleo nacional. Como expresó incluso el propio Axel Kicillof, “sin las empresas no hay país que aguante”.

El sector privado, si bien es el más perjudicado, no es el único. El Estado asegura que ha caído entre un 40 y un 50 por ciento la recaudación, dado que las empresas no han logrado pagar en tiempo y forma los impuestos. Peor aún, se espera que en abril ésta caiga aún más, pudiendo tocar el peligroso límite del 70 por ciento. La ecuación es simple: El sector privado paga impuestos, el Estado recauda y con ese dinero financia al sector público. Si se cae el primero, entonces cae todo lo demás como en fichas de dominó.

Falto de fondos y severamente endeudado, el gobierno de Alberto Fernández recurrió a las medidas que pudo, y sistemáticamente fueron fallando todas. Un crédito al 24 por ciento que los bancos se niegan a otorgar a todo el universo que lo solicita, una prórroga de aportes patronales que, en la práctica, sólo abarca al 18 por ciento de los mismos, un ingreso federal de 10 mil pesos que llegó mal y tarde, y entre pocas y ninguna medida para autónomos, restaurantes, bares, gimnasios, odontólogos, abogados y un sinnúmero de monotributistas de las clases más altas.

Acorralado por una economía en estado terminal, al presidente no le quedó otra que ceder a las presiones y aceptar que la cuarentena debe ser “administrada”. El propio ministro de Salud nacional, Ginés González García, admitió hace apenas unas horas que “no se pueden prorrogar indefinidamente las restricciones. A partir del lunes tenemos que empezar una nueva fase de apertura social y económica”.

En las próximas horas, se conocerá la respuesta de los bonistas a la propuesta hecha por el ministro Martín Guzmán. Si se cumplen los pronósticos, la rechazarán, lo que dejará al país sumido en ese “default virtual” que describió Alberto Fernández y que no hará otra cosa que anticipar lo que el equipo de expertos describió en las últimas horas en un programa de televisión matutino: “La economía del país le pone un límite a la cuarentena, y cada día ese paredón se acerca más. Nos guste o no”. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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