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26 de abril de 2020 | Nacionales

Pymes en peligro

Los programas de auxilio del gobierno, entre la inexperiencia y el desconocimiento

Los decretos del gobierno nacional proponen soluciones que luego resultan impracticables, lo que provoca una catarata de resoluciones para establecer nuevas reglas. El escenario es cada vez más confuso y genera preocupación en el mercado laboral.

Que las pequeñas y medianas empresas, comercios, restaurantes, bares y profesionales de variados rubros se encuentran en un momento crítico, no es novedad. La cuarentena impuesta por el gobierno de Alberto Fernández los obligó a detener su trabajo y, con ello, disminuir -en algunos casos al punto de la desaparición completa- la facturación mensual.

En respuesta a lo que pronto se transformó en una crítica general que levantaba a pasos agigantados el clima social, el presidente anunció una serie de medidas de auxilio. Sin embargo, pareciera que mucho de lo anticipado en las conferencias de prensa quedó en la tinta del decreto, y tuvo grandes dificultades para trasladarse a la realidad.

“Ocurre una situación contradictoria. Hay una vorágine de información, pero al mismo tiempo los datos esenciales llegan a cuentagotas. Hay que aguardar por los pasos y las reglamentaciones de los decretos, y mientras tanto no está claro quiénes recibirán el beneficio y quiénes no”, explica Antonela Sorbo, reconocida contadora del estudio Mercado de la ciudad de La Plata.

El decreto 332, llamado “Programa de asistencia de emergencia al trabajo y la producción” y publicado el 1 de abril, incluyó el pago por parte del estado de un porcentaje de los sueldos. Además, se agregó como beneficio la postergación y reducción de cargas patronales. A pesar de que la letra del DNU asegura la “postergación y reducción de hasta el 95 por ciento del pago de las contribuciones patronales al Sistema Integrado Previsional Argentino”, en la práctica sólo se aplica en uno solo de los conceptos del conocido formulario 931, lo que sólo le “ahorra” al empresario aproximadamente un 20 por ciento del costo.

“Hay que tener en cuenta que, una vez publicado, ocurrieron varios cambios. Primero, las empresas que podían beneficiarse eran aquellos con menos de cien empleados, y las que superaban ese número debían acudir al Repro, que es un programa que ya existía, que el gobierno prometió simplificar. Luego se publicó, hace cinco días, el decreto 376 que modifica ese margen”, advierte Sorbo. “De ahora en más, se unificó para todas las empresas de hasta 800 empleados. Para todos ellos, el estado se compromete a pagar hasta el doble de un salario mínimo, vital y móvil por empleado”.

Esto trajo aparejada una segunda complicación. Desde el gobierno se pidió a los empresarios las cuentas sueldos y la CBU de sus empleados, pero se volvió a chocar con la realidad. Un porcentaje no menor de trabajadores en el país cobran por fuera del sistema bancario. “Surgió entonces una nueva resolución, el día 22 de abril, en la que se decidió la conformación de un comité para analizar la situación de cada empresa y determinar si se otorga o no el beneficio”, explicó Antonela Sorbo.

A este ritmo, día a día se publican nuevas reglamentaciones que cambian o corrigen lo afirmado la semana anterior, lo que modifica, una y otra vez, el escenario de los empresarios.

Los plazos resultaron otro problema. Ni la AFIP ni ANSES establecieron una fecha límite para la carga de la CBU, lo que provocó confusión entre empresarios y contadores. Se alcanzó, sí, a prorrogar una parte de las contribuciones de seguridad social correspondiente al mes de marzo y resultaron beneficiadas las actividades que figuraban en un anexo publicado por la Administración Federal de Ingresos Públicos.

“Otro grupo que hasta ahora no tuvo respuesta corresponde a aquellos que comenzaron su actividad en marzo. Son empleadores que no pueden acceder a ningún beneficio, dado que la AFIP solicita la nómina de sueldos de febrero como requisito”, aseguró Sorbo, especialista en la materia. “Lo mismo ocurre con la facturación. Se analiza si la facturación bajó, pero sin tener en cuenta la inflación. Una empresa pudo haber facturado lo mismo, pero si se tiene en cuenta la inflación está ganando menos”.

De este modo, entre idas y vueltas, correcciones y medidas que no parecieran poder ser llevadas a la práctica de forma eficiente, los empresarios se desvelan entre los cambios constantes y los contadores avanzan y retroceden ante una realidad tan cambiante como desprolija. En el medio, el destino del empleo nacional, que continúa en estado crítico. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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