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3 de agosto de 2020 | Provincia

Emergencia máxima

Transporte escolar: Sin respuestas del gobierno para uno de los sectores más golpeados por la crisis

Ante un estado ausente, los transportistas deben encarar las cuotas y planes de ahorro, las patentes y el seguro de los vehículos con facturación cero. Muchos pusieron en venta su capital de trabajo y otros directamente comenzaron a dedicarse a otros rubros.

La última vez que recibieron novedades acerca del futuro de su trabajo fue en marzo, pocos días después de comenzada la cuarentena impuesta por el gobierno de Alberto Fernández en la lucha contra el coronavirus. Desde entonces, sin novedades concretas sobre el comienzo de las clases en la provincia de Buenos Aires y sin protocolos aún trazados para el sector, viven en la más absoluta incertidumbre.

Hasta el momento, desde la dirección General de Cultura y Educación que conduce Agustina Vila, no se ha llevado adelante ninguna iniciativa concreta que vislumbre una fecha oficial de inicio de clases. Más preocupante aún, pareciera que, a diferencia de lo que ha hecho su par nacional, Nicolás Trotta, en la provincia de Buenos Aires ni siquiera están seguros de la modalidad con la que se reanudarán los colegios.

Mientras aún se debate si los chicos concurrirán al aula divididos en días, grupos u horarios, si los recreos serán abiertos o con restricciones de espacio, los transportistas escolares ven languidecer sus emprendimientos.

Muchos de ellos aún están pagando cuotas o planes de ahorros por sus vehículos. En numerosos casos, la cuota supera holgadamente los 20 mil pesos mensuales. A ese número hay que sumarle la patente y el seguro, que el gobernador Axel Kicillof nunca dejó de cobrarles ni bajó los costos de dichos gastos.

La situación fiscal no es menos preocupante. Para la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), los transportistas son monotributistas de altos ingresos e incluso el organismo considera a los vehículos como capitales activos, lo que empeora la situación ante el peso impositivo.

Así las cosas, la ausencia del estado en el sector libró la supervivencia a un “sálvese quien pueda”. Aquellos que pudieron, utilizaron sus transportes para otros negocios pero la enorme mayoría, angustiados ante el peso de los gastos fijos y los impuestos, debieron bajar la persiana en forma definitiva y dedicarse a otra cosa. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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