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11 de agosto de 2020 | Interior

Pandemia

San Juan: Con el regreso a clases, el gobierno utiliza a los niños y adolescentes como carne de cañón

Ayer se concretó un regreso a las aulas en la provincia de San Juan. Acotado, con rigurosos protocolos y limitado al último curso de los niveles primario y secundario. Con distanciamiento social, utilización de tapabocas, y una nueva disposición de las mesas y sillas. Las clases serán alternativas para el 50 por ciento de los alumnos.

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

Una docente de la escuela Regimiento de Patricios de San Juan, admitió que “los chicos están con sentimientos encontrados, tienen miedo, temor y ganas de volver a clase a compartir”.  En San Juan resultó posible que 10.500 niños y adolescentes retornaran a las aulas porque los números de la pandemia son acotados. También lo eran en otras provincias, como por ejemplo en Jujuy o en Santiago del Estero, donde el COVID-19 explotó de golpe y debió suspenderse el reinicio de las clases presenciales.  

La pregunta que subyace a este regreso a la presencialidad educativa surge de la oportunidad y la razonabilidad de ensayarla. ¿Cuál es la urgencia de acelerar este reinicio, a mediados del mes de agosto, cuando los contagios de este mismo lunes ascendieron a 7369, con 131 nuevas muertes? Cierto es que la mayoría de los casos se concentran en el AMBA, pero en varias provincias, aparentemente libres o poco impactadas por el COVID-19, vieron cómo, en cuestión de horas, el castillo de naipes se derrumbaba. Pero impulsar un retorno de las clases -lo cual implica la movilización de una población mucho mayor a la de los niños y adolescentes, padres o encargados que deben trasladarlos, notable incremento del transporte público y privado y de la actividad comercial-, implica necesariamente un estímulo para la circulación social -ya muy elevada a nivel nacional y continental- del virus. Cierto es que siempre es posible volver atrás en caso de que la situación empeore. Pero utilizar a los niños y a los adolescentes como banco de prueba, sin que no haya ninguna razón concreta para tomar ese riesgo, parece, cuanto menos, un gran despropósito.

Puede argumentarse en favor de un incremento de la actividad económica o comercial, ya que resulta indispensable para evitar una caída aún mayor de las variables económicas y sociales, maltratadas por cuatro años de gobierno de Cambiemos y los efectos de la cuarentena decretada para afrontar la pandemia. Pero en qué contribuiría el retorno apresurado de las clases presenciales a esa recuperación es algo muy difícil de justificar, ante los peligros muy ciertos que entraña.

Pero si ya de por sí resulta poco justificable el regreso de la presencialidad educativa en provincias escasamente afectadas hasta ahora –y subrayo el hasta ahora- por el COVID-19, la situación se vuelve absolutamente insostenible cuando la presión proviene de distritos incluidos dentro del AMBA, como es el caso específico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ya en varios reportajes e intervenciones mediáticas, sus autoridades aseguraron encontrarse considerando esa alternativa. No son razones médicas las que lo autorizan. Parafraseando a Bill Clinton, podría afirmarse, sin temor a la equivocación: “Es la política, estúpido”.

El tema volvió a instalarse este jueves, cuando el ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, aseguró que "en la ciudad de Buenos Aires hay cada vez más casos y eso hace que (el COVID-19) se distribuya por otros lugares. Mientras en CABA siga creciendo en el Conurbano vamos atrás de ese número", aseguró, sin esquivar la polémica.

"Los contagios van de CABA a la provincia porque la mayor concentración de personas está ahí". amplió Gollán, quien anticipó que va a "seguir con el aumento de casos". Sus argumentos son irreprochables: “En el Conurbano hay más casos porque se hacen más testeos”. Mientras que en la ciudad "todos los días se hacen entre 2300 y 2900 testeos", en la provincia "estamos arriba de los 10 mil testeos". En síntesis: los casos declarados de la CABA no aumentan por el simple hecho de que no se testea lo suficiente. O, dicho de otro modo, la administración porteña antepondría su propio interés político a la salud de la población. No es la primera vez que se denuncia esta situación. Tampoco que el gobierno de la CABA deplora dar malas noticias. Sobre todo cuando está inmerso en una interna con los “halcones” de Juntos por el Cambio.

Las afirmaciones de Gollán se corroboran recurriendo a un simple dato estadístico. Mientras que la provincia tiene 862 casos cada 100 mil habitantes, según su reporte oficial, la ciudad supera los 2200 por cada 100 mil habitantes. Sólo que este indicador esencial es cuidadosamente omitido en sus reportes oficiales. El cálculo es sencillo. Con la tasa de positividad de la CABA, en caso de realizarse una cantidad similar de testeos a los que realiza la provincia, habría que multiplicar por cuatro los casos positivos, que llegarían así a una cifra de entre 4400 y 5 mil casos positivos diarios.

Para una oposición cuya ala más dura coincide con Jair Bolsonaro en que el COVID-19 es una “gripezinha” –y no sólo en esto, lamentablemente-, y que no ha dudado en convocar a sus seguidores a irracionales movilizaciones exponiéndolos al contagio generalizado -mientras su dirigencia observaba tranquilamente el espectáculo desde sus domicilios o en la lejanía de Miami o París-, no revista inconveniente u objeción moral alguna la explotación política de las catástrofes. Recordemos, por caso, Cromañón, o la actual pandemia. Siempre le ha dado excelentes resultados. Total, si el virus se extiende entre los manifestantes siempre existe el recurso de culpar al gobierno de Alberto Fernández.

El problema es que la lógica del oposicionismo a todo ha exigido a los sectores más moderados, encabezados por Horacio Rodríguez Larreta, tomar decisiones temerarias respecto de la cuarentena, para evitar quedar desbordados por el ala dura. Con el agravante de que liberar actividades poco significativas económicamente implica, como contrapartida, dar rienda suelta a la expansión del contagio por todo el AMBA, y también del resto del país, habida cuenta del lugar que ocupa la ciudad de Buenos Aires en un modelo irracionalmente centralizado. La “cabeza de Goliath”, gigantesca y con un cuerpo enclenque, que describiera admirablemente Ezequiel Martínez Estrada, y que sólo continuó incrementando la desproporción con el paso de las décadas.

Poner a los niños y adolescentes como carne de cañón en una interna no resulta aceptable ni ética ni políticamente. Consultado sobre la iniciativa de retorno de las clases que evalúa la administración de la CABA, el ministro Nicolás Trotta afirmó este jueves que "por ahora la ciudad no nos planteó el regreso a clases".

Pero el ministro de Educación de la Nación expresó una afirmación mucho más contundente, al asegurar que será “el principal opositor al regreso de las clases en el Área Metropolitana de Buenos Aires”.

Según Trotta, el impacto de la pandemia "es tan profundo que no lo vemos con un par más de semanas en las aulas". Y anticipó que reorganizar todos los contenidos para garantizar los conocimientos “va a llevar uno, dos o tres años".

"Hoy volvieron las clases en San Juan y el próximo 18 arrancan en Catamarca. Postergamos el regreso en Santiago del Estero por el rebrote que hubo", indicó Trotta. Pero insistió en: “Voy a ser el principal opositor al regreso a clases en el AMBA si no están las condiciones epidemiológicas dadas para hacerlo".

Y respondió a los que a tontas y a ciegas impulsan alegremente el retorno a la presencialidad educativa: "El impacto es tan profundo que nos va a llevar uno, dos, tres años según el momento de regreso físico a las aulas y cómo se dan esos regresos; porque no estamos pensando que regresen todos los chicos un día, sino que se han pensado para garantizar el distanciamiento físico el regreso en bloques".

Desde Maquiavelo, en el siglo XV, nos ha quedado en claro que la política y la moral marchan por caminos paralelos. Pero cuando lo que está en juego es la vida y el futuro de la sociedad, el cinismo puede adquirir una matriz criminal.

Con los chicos no. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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