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3 de noviembre de 2020 | Nacionales

En otra realidad

Martín Guzmán en el país de las maravillas

El ministro de Economía, Martín Guzmán, le habló al poder económico una vez más y aseguró que "el sistema financiero está bien, está robusto" y consideró necesario "poner las cuentas en orden a una velocidad que nos permita crecer".

"El sistema financiero está bien, está robusto, ya que los dólares están en los encajes del Banco Central y en los bancos, de manera que no hay que tener ningún temor. Si hay una gran lección que aprendimos los argentinos es cuidar los depósitos de la gente y no prestar dólares a quien no produce dólares", subrayó.

Su intervención televisiva se orientó exclusivamente a tratar de generar confianza entre los inversores, a los que les garantizó: Tenemos con qué hacer frente a la necesidad de divisas. La brecha es un tema que nos ocupa porque los mercados paralelos generan expectativas y el contado con liquidación es también un mercado, existe, no lo podemos negar, pero debemos hacer que no sea tan volátil", aseguró.

También explicitó con su empoderamiento y afirmó que "todas las medidas son consensuadas pero el presidente me dio la palabra final y eso es lo que está sucediendo".

Sin embargo, cuando intentó referirse a la economía real de los argentinos, dio una lección de realismo mágico, ya que sus afirmaciones parecen ir a contramano de lo que sucede fuera de los recintos oficiales. 

En efecto, el ministro pasó por alto el constante incremento de precios, sobre todo de la canasta básica, al afirmar que "cuando hay controles de capitales como ahora, hay brecha, pero lo importante es que eso no se traslada a los precios".

Más intranquilizadoras aún fueron sus afirmaciones sobre los ingresos de los trabajadores argentinos: ”Se ha logrado proteger el poder adquisitivo del salario porque se tuvo que proteger el trabajo en un contexto sin precedentes como es el de la pandemia, donde, a través de los programas de ayuda a las empresas, se buscó proteger el trabajo", planteó.  

Habría que comunicarle al ministro que se han perdido 3,5 millones de puestos de trabajo y que la declinación de los ingresos de los trabajadores, tanto en dólares como en su capacidad de compra efectiva, ha sido concluyente. 

Pero Guzmán parece ignorar –o tal vez no le importe- las peripecias que deben llevar a cabo cotidianamente la mayoría de los argentinos para sobrevivir, por lo que se apuró a anunciar que “se está definiendo un nuevo cuadro tarifario a partir de enero". En la Argentina de Guzmán, tanto como en la de Macri, los ingresos de los trabajadores no parece ser una variable prioritaria, ni mucho menos.

Las intervenciones del inistro de Economía parecen tener al mercado como único interlocutor, y sólo se preocupa de dar tranquilidad sobre las "tensiones cambiarias” y las renegociaciones de deuda.  

Una frase que preocupó muchísimo fue aquella en la que aseguró que "la renegociación de la deuda era necesaria pero no es suficiente y ahora necesitamos que la economía se recupere transitando un sendero de estabilidad”. “Y para lograr eso-continuó-, es necesario poner las cuentas en orden a una velocidad que nos permita crecer y usar la política pública para alentar la generación de trabajo y las exportaciones para tener las divisas que necesitamos", sostuvo. 

¿”Estabilidad” implica anunciar un ajuste? "Nosotros no hablamos de recorte de gastos, hablamos de un equilibrio fiscal de poner las cuentas en orden, mediante la recuperación económica" ¿Cómo hará para “poner las cuentas en orden” sin seguir destruyendo el salario? ¡Ah, no! Es cierto que para el ministro los ingresos de los trabajadores no fueron perjudicados por esta gestión y que los precios no se incrementaron con el aumento de la brecha cambiaria.

Lo que sí le preocupa a Guzmán es la renegociación de la deuda con el FMI, que "no puede extenderse más allá de marzo/abril porque después viene el acuerdo con el Club de París y el primer vencimiento opera en mayo y debe haber una renegociación, con ese nucleamiento, antes de ese vencimiento".

El ministro debería saber que no fueron los votos del mercado los que llevaron al Frente de Todos al gobierno, y que el FMI propició una línea de créditos exorbitante para la Argentina, al sólo efecto de que Mauricio Macri fuera reelecto.

Pero, tal como lo demostró en su renegociación de la deuda privada, para él todo endeudamiento es legítimo, aunque fuera utilizado para la fuga. No hubo una sola acción judicial contra los responsables y beneficiarios. El pueblo argentino deberá pagar, una vez más, la fiesta ajena. 

Claro que Guzmán no cree que sea un problema, total ese pueblo tiene sus ingresos intactos y no tendrá inconvenientes en abonar los incrementos tarifarios que se le impondrán durante el receso veraniego.

El país de las maravillas de Guzmán parece ser el mismo que el de Dujovne, Caputo o Sturzenegger. Sólo le faltaría agregar que los argentinos creían que podían darse un nivel de vida que estaba acorde con sus posibilidades. Ya lo dirá seguramente. (www.REALPOLITIK.com.ar) 

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