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28 de noviembre de 2020 | Cultura

QEPD

Queen y Diego: Cuando el arte abraza al fútbol

Maradona acababa de fichar con Boca y los ingleses, de gira por Argentina en marzo de 1981, pidieron conocerlo después de haberlo visto jugar en Wembley el año anterior. Un encuentro inolvidable justo antes de su explosión definitiva como futbolista. 

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

8 de marzo de 1981. El gobierno del genocida Jorge Rafael Videla (al que le quedaban exactamente tres semanas para terminar su mandato y legarlo en Roberto Viola) aún mantenía relaciones diplomáticas con el Reino Unido, cuya primera ministra Margaret Tatcher llevaba dos de sus once años al frente del gobierno. Faltaban trece meses para la guerra de Malvinas, un conflicto que en ese entonces ni siquiera estaba en los planes de la dictadura argentina: las tensiones principales aún eran con Chile, cuyo enfrentamiento bélico seguían siendo una posibilidad factible. 

Como sea, esa tarde Diego Maradona jugó su segundo partido con Boca ante Huracán en el estadio Tomás Ducó, de Parque de los Patricios. Y a la noche Queen cerraba en la cancha de Vélez una gira de cinco shows que había comenzado el mes anterior en Buenos y también pasó por el Mundialista de Mar del Plata (construido tres años en ocasión del Mundial Argentina '78) y el estadio de Rosario Central. Una friolera infrecuente para una banda internacional: hasta entonces solo habían venido al país Carlos Santana en 1973 y The Police el año anterior. Recién en los ’90 se volvería habitual ver a los grandes artistas del rock mundial circulando por Argentina, aunque de todos modos esta cantidad de shows era excepcional (solo otros ingleses, los Rolling Stones, los empardaron en la década siguiente).

Así las cosas, el grupo pidió conocer a Maradona. En ese entonces Diego transitaba su último año en el fútbol argentino. Tras cinco temporadas en Argentinos Juniors, acababa de ser fichado por Boca: el contrato se había firmado el 20 de febrero y su debut se produjo dos días después, frente a Talleres, tan solo dos semanas antes del recital en Vélez. Fue el partido inicial del primer torneo que ganó Diego como futbolista profesional: el Metropolitano del ’81 en el que fue figura por encima de otras como Hugo Gatti o Miguel Brindisi, marcado 28 goles en 40 partidos.

Aún era manejado por Jorge Cyterszpiler, su primer manager, quien lo iba a buscar en auto a Villa Fiorito hasta que Argentinos decidió alquilarle un departamento para él solo en Villa del Parque (donde conoció a Claudia Villafañe, su vecina en Argerich y Marcos Sastre) y luego otro más grande, ya en La Paternal, a cuatro cuadras del estadio que lleva su nombre desde 2014, dos años antes de que convirtieran en museo esa casa de Lascano y Gavilán. Según aseguran muchos que lo conocieron, Cyterszpiler fue su único y verdadero amigo hasta que el vínculo se cortó en Nápoles, cuando apareció en escena Guillermo Coppola.  

Pese a que Diego aún no había dado su salto a las grandes luminarias de las competencias europeas (como ocurriría en 1982 con el Barcelona, pero especialmente a partir de 1984 en el Nápoli), los músicos de Queen lo conocían muy bien: todos ellos era fanáticos del fútbol y habían alucinado con ese veinteañero de porra afro que en marzo de 1980 literalmente bailó a la selección inglesa en Wembley, aunque el local se impuso el local se impuso con un cómodo 3-1. Seis años después llegaría la gran revancha en el estadio Azteca, pero esa es otra historia. 

El encuentro se produjo en los camarines improvisados sobre uno de los vestuarios del estadio José Amalfitani, en Liniers. Allí intercambiaron algunas palabras con un traductor de por medio y se sacaron numerosas fotos, todas ellas tomadas por Neal Preston, entonces fotógrafo oficial de la banda inglesa. 

En esa especie de “book legendario”, Diego aparece exactamente en el medio del cuarteto: de un lado están el guitarrista Brian May y el cantante Freddie Mercury, y del otro el baterista Roger Taylor y el bajista John DeaconMaradona luce sobrio y casi tímido. Y tiene puesta una remera estampada con la Union Jack, bandera del Reino Unido (que era de May y la usó durante el concierto), también una corbata roja de Mercury y los palillos de batería de Taylor.

Sin dudas, el más histriónico de la sesión fotográfica fue el propio Freddie, quien improvisó distintas posturas: desde abrir los brazos y la boca con exageración (tal como se ve en la imagen más divulgada), ponerse en guardia como un boxeador, apoyar su codo cancheramente en el hombro de Diego y hasta darse vuelta y enfilar el culo a la cámara. En todos los casos, el cantante nacido en Zanzíbar e hijo de parsis del oeste de la India tenía puesta una remera de la selección argentina (que en ese entonces era vestida por Le Coq Sportif, la marca francesa con la que saldría campeona en México ’86). 

Para sorpresa de todos, Mercury volvió a colocarse la casaca albiceleste en el medio del show. Pero eso no sería todo: “Me gustaría presentarles a un amigo de ustedes -anunció-. ¡Maradona!”. Sin que nadie lo imaginara, Diego subió al escenario (ya no con la remera inglesa, sino con una celeste marca Puma, su histórico patrocinador de botines). “Le quiero agradecer a Freddie y a los Queen por hacerme tan feliz. Y ahora… ‘Otro muerde el polvo’”, anunció el Diez. Se trataba, claro, del hit “Another One Bites the Dust”. 

El recuerdo se mantuvo indeleble con el tiempo y a los pocos minutos que trascendió la noticia del fallecimiento la cuenta oficial de Twitter de Queen (aún en activo, aunque sin el fallecido Freddie Mercury ni el retirado John Deacon) lo despidió con aquella foto y un lacónico pero concreto mensaje: “Que en paz descanse la leyenda del fútbol Diego Maradona”.

En el mismo día, pero más tarde, el guitarrista Brian May hizo lo mismo pero con otra foto de aquella noche del 8 de marzo de 1981 y un texto más amplio y sentido.

“Mitad ángel, mitad diablo, decían ... y todo genio. ¿Más grande de todos los tiempos? No lo sabría. Pero un talento maravilloso. Disfrutamos pasar tiempo con él cuando tocamos en el estadio Vélez Sarsfield, Buenos Aires, en 1981. Y él subió al escenario con nosotros, con un rugido masivo. La camiseta que lleva aquí es mía. Dios lo bendiga. QEPD DIEGO MARADONA. Muy joven. Muy triste. Ojalá hubiera podido llevarle a mi cardiólogo para salvarlo como me salvó”. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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