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23 de diciembre de 2020 | Nacionales

Alberto

Solo

Tras la marcada de cancha de Cristina del viernes pasado, Alberto reaccionó rápido. Varios encuentros programados le proveyeron de escenarios para lucirse en soledad, sin quedar eclipsado por la vice. El sábado mantuvo un Zoom con referentes de espacios pequeños de izquierda -en su mayoría intelectuales- que integran la coalición Frente de Todos.

Allí estuvieron Alejandro Grimson y Ricardo Forster, asesores presidenciales, Alejandro Mosquera, Carlos Heller, Gabriel Mariotto, Mariano Pinedo, Gustavo López, Carlos Castagneto, Jorge Selser, Mempo Giardinelli, Jorge Rivas y Claudio Lozano, entre otros. Y le exigieron más que aportaron: mayor participación en el gobierno y en el proceso de toma de decisiones, “un programa de acción y reglas de juego claras” para convertir al actual convite de tres actores en una coalición política, y mayor debate interno. 

El presidente trató de convencerlos de que todo estaba bien, y que el único problema era la pandemia. No sólo no coincidieron con él, sino que se lo hicieron saber sin cortapisas. Además le exigieron un cronograma claro, y que las listas del año próximo no fueran definidas a dedo por Cristina, con la sola aprobación de Sergio Massa y, tal vez, del propio Alberto

El presidente trató de calmar las aguas, tal como es su costumbre, pero poco es lo que puede cumplir de lo que promete, con su gran electora como control permanente. No es un líder carismático y la porción de poder que maneja está siempre sometida a revisión, por eso todos se animan a exigirle y ninguno se retira convencido de lo acordado.

El Frente de Todos es un hervidero. Todos tienen conciencia de que sólo la unidad evitará la catástrofe, pero mientras que varios jugadores han cedido sistemáticamente para garantizarla, otros juegan libremente, sin recortar sus exigencias, convencidos de que son los más débiles de la coalición los que deben resignarse a recular sistemáticamente.

Las elecciones del PJ, pautadas en principio para el año próximo, y las generales, son dos pruebas de fuego para la coalición. La síntesis Alberto en el PJ nacional y Máximo en el bonaerense no agrada a la mayoría. Los peronistas históricos la ven como la fase final de la destrucción del peronismo, aunque no se animen a levantar la voz. Los intendentes la asocian, además, con el fin de su poder personal y de sus círculos. 

¿Vale la pena mantenerse dentro de una coalición que sólo exige sacrificios, mientras los prepara para desplazarlos en 2023? ¿No sería mejor armar partidos vecinales, manteniéndose formalmente en la órbita del Frente de Todos, y avanzar judicialmente para posponer la aplicación de la cláusula restrictiva para la reelección de los intendentes?

Alberto se mostró el lunes en Tierra del Fuego y el martes en Entre Ríos rodeado de los “funcionarios que no funcionan” -según Cristina-, y les agradeció su compromiso. ¿Podrá mantenerlos, o deberá ceder una vez más? 

Para algunos funcionarios el agradecimiento presidencial sonó a epitafio. El último presidente que no lideró una coalición fue De la Rúa. Así terminó. 

Muchos lo animan a rebelarse, rodearse de los gobernadores y sindicalistas, dar mayor participación a los partidos pequeños y a los movimientos sociales y sumar a los que dudan de su capacidad de mando, para asumir finalmente la presidencia real. Hasta ahora no los escuchó.

¿Se animará?. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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