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26 de diciembre de 2020 | Historia

España

Las reformas borbónicas

En 1700 falleció el último de los monarcas de la dinastía de los Austria o Habsburgo: Carlos II, “el Hechizado”, sin dejar descendencia ni sucesores directos.

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

En su testimonio, legó la corona a su sobrino nieto, Felipe de Borbón, duque de Anjou y sobrino del rey de Francia, Luis XIV, quien lo sucedió en el trono, a cambio de renunciar a sus derechos sobre la corona francesa. 

Sin embargo, las restantes potencias europeas intentaron sacar tajada del asunto, lo cual terminó en un extenso conflicto armado, denominado guerra de sucesión española, que concluyó con la aceptación de los derechos de Felipe y la cesión de los territorios de Gibraltar y Menorca a Inglaterra, a la que además se le reconocía el derecho a ejercer el comercio de algunas mercancías –sobre todo, esclavos– en Hispanoamérica, por medio del tratado de Utrecht (1712).

Los Borbones impulsaron una serie de medidas que trataron de dinamizar la economía, el comercio y la administración española. En un principio las iniciativas apuntaron a producir cambios en España, en tanto las colonias americanas fueron puestas en la mira en el último tercio del siglo.

Las reformas tuvieron gran impacto en el Río de la Plata. Su objetivo se centró en la obtención de una mayor recaudación y control sobre la administración de las colonias, ya que los funcionarios, en alianza con las oligarquías locales, habían alcanzado una fuerte autonomía. Por ese motivo, se suprimió la venta de cargos que había caracterizado a la dinastía Habsburgo, al tiempo que se propició la creación de una nueva elite, leal al rey y sin compromisos con los comerciantes   y empresarios americanos, encargada de redefinir las relaciones con las colonias. Sin embargo, tales expectativas resultaron exageradas, ya que esta nueva burocracia aprovechó su creciente poder para ocupar cargos en territorio americano, desplazando a los funcionarios que los ocupaban, en especial a los criollos. En el marco de este recambio, una institución fundamental de los Habsburgo, el Consejo de Indias, pasó a desempeñar el papel de una mera instancia consultiva.

En términos institucionales y de ingeniería organizativa, las creaciones más importantes fueron los virreinatos de Nueva Granada y del Río de la Plata, a lo que se sumó el establecimiento de capitanías generales para operar sobre el territorio de una manera más eficaz. El virreinato del Río de la Plata se conformó a partir de una partición del virreinato del Perú, e incluyó las gobernaciones de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán y Santa Cruz de la Sierra, y los corregimientos de Cuyo y Charcas. También incluyó formalmente algunas islas de la Guinea Ecuatorial, cedidas por Portugal en 1777, aunque fracasó la iniciativa de colonizarlas. El virreinato poseía costas tanto en el océano Atlántico como en el Pacífico.

Al interior de los virreinatos se crearon intendencias, con el fin de proveer una mejor administración. En el Río de la Plata, por ordenanza del 28 de enero de 1782, se crearon ocho: las de Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Paraguay, Salta del Tucumán, Cochabamba, Potosí, La Paz y Charcas. Las intendencias estaban a las órdenes de un gobernador intendente, con jurisdicción sobre las denominadas “cuatro causas coloniales”: justicia, policía, hacienda y guerra. Asimismo se suprimieron los corregimientos y los gobiernos político - miliares, a excepción de los de Montevideo y Misiones, sujetos a amenaza de invasión portuguesa. Poco después se restauraron gobiernos similares en Moxos y Chiquitos. Las atribuciones de los virreyes sufrieron un recorte que limitó sus funciones a competencias políticas y militares. También la corona designó oficiales reales para el cobro de las alca-balas, el impuesto real más importante, que consistía en un porcentaje –alrededor del 10 por ciento– aplicado sobre cada transacción comercial, en reemplazo de la práctica anterior mediante la que se arrendaba su cobro a los consulados, fueros especiales que se ocupaban de resolver rápidamente los litigios de los comerciantes matriculados.

En el ámbito militar se buscó hacer frente a la situación de la presencia de otras potencias en el territorio americano, por lo que se construyeron fortificaciones, se incrementaron las tropas y se creó un sistema de milicias. Sin embargo, el poderío de las potencias europeas, en plena expansión, superaba al español. En el plano eclesiástico se produjo la expulsión de los jesuitas, en 1767, al considerarse que era una orden muy poderosa que solo obedecía fielmente al papado y que estaba enriqueciéndose de manera desmedida.

En 1778, se impuso el libre comercio que habilitaba más puertos en América y en la metrópoli. Gracias a esta medida, los productos llegaban rápidamente y se lograba evitar el contrabando a gran escala. Por otra parte, también permitió que Buenos Aires tuviera un fuerte crecimiento como centro comercial. Pero, más allá de que se frenó el comercio ilegal a gran escala, la medida estuvo lejos de eliminar las tensiones entre la metrópoli y la colonia, ya que el contrabando perduró principalmente porque los productos que provenían de Inglaterra tenían mejores precios que los establecidos por el sistema de monopolio comercial español.

La creación del virreinato del Río de la Plata propició un cambio sustantivo en el entramado institucional y en el desarrollo de actividades tales como el periodismo. En efecto, tras la instalación de la autoridad virreinal, se produjo la creación de la aduana en 1778, el consulado en 1794 y la escuela de Dibujo en 1798 –ambos a instancias de Manuel Belgrano–, la audiencia, en 1785, y el Protomedicato y la escuela de Náutica, en 1798. En 1810 apareció el primer periódico, El Telégrafo Mercantil, que rápidamente sería suprimido por la censura impuesta por el virrey. El Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, editado por Hipólito Vieytes, debió soportar suerte similar en 1802. Mientras tanto, la población urbana se incrementaba, pasando de 9.568 en 1744 a 32.069 en 1778, más de 40 mil en 1797 y cerca de 100 mil para 1810.

En términos generales, las reformas borbónicas propiciaron la creación de instituciones nuevas y la llegada de hombres nuevos. El éxito de las reformas se ubica principalmente en el plano de la recaudación. Podríamos decir que la nueva burocracia fue eficiente en este aspecto, ya que los ingresos se duplicaron. El aumento tuvo que ver con los impuestos y también con las ganancias generadas por algunos de los monopolios, como por ejemplo el del tabaco. Sin embargo, los problemas de comunicaciones entre las instituciones en América y en España se siguieron manteniendo. La nueva organización no logró mejorar la articulación entre la metrópoli y el mundo colonial, ni frenar el poder que adquirían los funcionarios una vez que llegaban a los cargos. Para buscar el apoyo de los poderes locales, en muchos casos, se vendieron puestos que acercaron a los criollos a las magistraturas y al control de los cabildos. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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