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9 de enero de 2021 | Historia

1832 - 1834)

Juan Manuel de Rosas fuera de la gobernación

En 1832 concluyó el mandato de Rosas como gobernador provincial. Al proponérsele su continuidad por un nuevo período, aunque despojado de las facultades extraordinarias debido a que la provincia estaba pacificada, el Restaurador se negó, argumentando que justamente la clave del orden radicaba en la concentración del poder público.

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

Rosas imaginó una estrategia elíptica para imponer definitivamente su liderazgo y retornar a la gobernación, consistente en la resolución de un problema endémico: la cuestión de la frontera con los pueblos nativos. El incremento de la actividad económica exigía una ampliación sustancial de los territorios, así como la supresión de los frecuentes malones. Rosas sumó a su iniciativa a San Luis, Córdoba y Mendoza, con desafíos similares, y ofreció la conducción a Facundo Quiroga. Ante su negativa, decidió tomarla en sus manos.

La campaña se realizó durante los años 1833 y 1834, y combinó transacciones y enfrentamientos armados. La columna oeste, comandada por José Félix Aldao, no tuvo complicaciones en llegar al río Colorado. La columna central consiguió vencer a los ranqueles y concluyó rápidamente sus operaciones. La tarea mayor fue asumida por Rosas, quien se estableció en el río Colorado y allí dividió a sus tropas en cinco columnas que se internaron hacia el oeste y hacia el sur, donde obtuvo reiteradas victorias sobre los caciques más poderosos, sin descartar la negociación, en caso de que fuera posible.

Los acuerdos consistían en entregas anuales de ganado y alimentos a cambio de territorios y de la pacificación total de la zona. Entre los denominados “indios amigos”, que aceptaron las condiciones impuestas por Rosas, se destacaron los caciques Catriel (ranqueles), Cachul (pampas) y Koñwepan (boronas, rama de los mapuches). Sin embargo los boronas (originarios de Chile), que se habían instalado en la pampa recién en 1826, rompieron los acuerdos y sufrieron una dura represión del cuerpo de blandengues, en 1834. Los mapuches desestabilizaron el equilibrio preexistente entre los pueblos originarios del sur argentino, al recurrir de manera sistemática a la agresión armada para apropiarse de sus tierras y bienes. No obstante, Rosas consiguió disciplinar a su jefe Calfucurá, obligándolo a firmar un acuerdo de paz.

La gestión de Balcarce fue breve e ineficaz. Buenos Aires perdió protagonismo a nivel nacional y en su transcurso se produjo la ocupación inglesa de las islas Malvinas, el 3 de enero de 1833. Balcarce no reaccionó frente a la agresión, y el único intento de reconquista pasó por la iniciativa de ocho patriotas, encabezados por el gaucho entrerriano Antonio Rivero, quienes se sublevaron el 26 de agosto de 1834, provistos únicamente de facones y armas obsoletas. Los sublevados izaron el estandarte nacional e impidieron que por cinco meses flameara la bandera inglesa. La represión fue brutal: cinco de ellos fueron asesinados y los demás sometidos a juicio, condenados y finalmente liberados en Montevideo.

Durante la ausencia de Rosas, Encarnación Ezcurra asumió el liderazgo político del rosismo y organizó la Sociedad Popular Restauradora con el objetivo de propiciar el retorno de su marido a la gobernación. Cuando el gobierno decidió procesar al periódico El Restaurador de las Leyes, la Sociedad Popular hizo empapelar la ciudad con volantes cuya redacción sugería que el enjuiciado, en realidad, sería el propio Juan Manuel y convocó a una multitudinaria movilización, acompañada de tropas de línea, que forzó la renuncia del aristocrático Balcarce.

La Sala de Representantes intentó, una vez más, poner un freno a Rosas, designando como gobernador a Juan José Viamonte el 4 de noviembre de 1833. Su gobierno fue débil y, tras el heroico regreso de Rosas de la “Campaña del Desierto”, decidió renunciar. Para congraciarse con la opinión pública, la Sala ofreció la gobernación a Rosas, sin facultades extraordinarias, a sabiendas de que el ofrecimiento sería rechazado, y el 27 de junio de 1834 asumió un colaborador cercano de Rosas, Manuel Maza, quien se desempeñaba como presidente de la Legislatura.

A principios de 1835 estalló un conflicto entre las provincias de Salta y Tucumán. Rosas intercedió ante el gobernador Manuel Maza para que Facundo Quiroga, quien residía por entonces en Buenos Aires, oficiara como mediador. Durante su trayecto sería asesinado en la provincia de Córdoba por encargo de los hermanos Reynafé el 16 de febrero de 1835. El clima político nacional se volvió explosivo. Maza renunció el 7 de marzo de 1835 y la Sala de Representantes no tuvo otra opción que ofrecer la gobernación a Rosas, con la suma del poder público durante “todo el tiempo que considerase necesario”. Rosas condicionó su aceptación a la realización de un plebiscito, ya que no quería deber favores políticos a la Sala. La consulta se celebró en marzo de 1835 y significó un acto de verdadera aclamación popular, ya que obtuvo 9.713 votos a favor contra apenas 7.

El asesinato de Facundo colocó al Partido Federal en estado deliberativo. Los Reynafé perdieron todo apoyo externo y fueron desplazados de la gobernación. Rosas, ya repuesto en la gobernación porteña, exigió su traslado a Buenos Aires, donde fueron juzgados y condenados a muerte en 1837. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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