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15 de enero de 2021 | Nacionales

COVID-19 y oportunismo

El cinismo de Adolfo Rubinstein, el funcionario de Macri que dejó vencer 4 millones de vacunas

Cambiemos nunca se preocupó por nada que tuviera que ver con lo público. Ni la salud, ni la educación, ni la vivienda, ni la generación de fuentes de trabajo. Sin embargo, desde Cambiemos se ensaya un discurso que contradice todas las políticas impulsadas durante su gestión. La Argentina, un país donde la memoria es débil y los negocios fabulosos.

Durante el gobierno de Mauricio Macri la desinversión en políticas públicas fue brutal. La salud no escapó a ello, y hasta el ministerio fue suprimido, reemplazándosele por una secretaría. El titular del área, durante la mayor parte del tiempo, fue Adolfo Rubinstein, quien suspendió campañas de vacunación y hasta dejó vencer más de 4 millones de dosis entre 2015 y 2019.

Se trataba de dosis de Prevenar 13 (para prevenir la bacteria del neumococo), Sabin oral (contra la poliomielitis), vacunas contra el cólera y vacunas triple bacteriana DTP-A (para prevenir el contagio de difteria, tétanos y tos convulsa).

Las dosis inutilizadas, según los precios de entonces, ascendió a 1.400 millones, abonándose además más de 14 millones en concepto de almacenamiento. Su descarte, finalmente, tampoco será gratuito, ya que implicará una erogación superior a los 4 millones.  

Más allá de las objeciones que pueda merecer la estrategia de lucha contra el COVID-19, la Argentina fue el país latinoamericano que realizó mayor cantidad de testeos, y se encuentran avanzadas las gestiones para la adquisición de unas 37 millones de dosis de distintas vacunas contra el virus pandémico.

Sin embargo Rubinstein, muy suelto de cuerpo, es una máquina de declarar en los diversos medios, tanto amigos como adversarios. Hace algunas horas, por ejemplo, aseguró que "así como se durmieron con los test, parecen estar haciéndolo con las vacunas". ¿Qué debería decir de su propia gestión entonces?

Pero el ex liquidador de la salud pública argentina no se limitó a esa afirmación, sino que también objetó que "las campañas de vacunación van más lentas de lo esperado". Así, de una y sin vaselina. Quien canceló varias campañas de vacunación, dejó pudrir millones de dosis y no se preocupó por el incremento exponencial del dengue o el sarampión, se considera ahora como autoridad de control sobre las políticas sanitarias del gobierno que lo sucedió.

Según información oficial, la gestión de Alberto Fernández tiene compradas casi 25 millones de dosis de Sputnik V, unos 22 millones de Oxford - AstraZeneca, 9 millones del acuerdo Covax de la ONU, y negocia con el laboratorio chino Sinopharm y con los estadounidenses Pfizer, Moderna y Jansen. Y el retraso en las campañas de vacunación se extiende a lo largo del planeta, por cuestiones de infraestructura y de condiciones de conservación de las vacunas.

Sería aceptable si la crítica proviniera de alguien con pergaminos que emulen a los de Ramón Carrillo. Pero, procediendo de un ajustador salvaje de la salud pública, sólo genera indignación.

Puesto a declarar, Rubinstein afirmó que "hay bastante reticencia por parte de los médicos de vacunarse, por este manto de neblina de los datos efectivos de la Sputnik". En realidad, las resistencias se extienden a lo largo del globo y frente a todas las vacunas disponibles hasta ahora, por el tiempo récord de su desarrollo y por la falta de datos concretos sobre eventuales daños y efectos colaterales. Tal vez el ex funcionario crea que con la Sputnik le instalarán el virus del comunismo, tal como afirmaron varios correligionarios suyos en distintas oportunidades.

"En Europa se testea entre diez y veinte veces más que en la primera ola. En la Argentina se hacen entre 30 y 40 mil testeos por día, pero necesitaríamos muchísimos más”, afirmó Rubinsteni. La afirmación es apropiada, pero no en boca de uno de los principales responsables del derrumbe del sistema de salud, y ministro del gobierno que produjo el mayor endeudamiento de nuestra historia y propició la mayor fuga de capitales en tiempo récord.

“¿De dónde saldrían los fondos para impulsar esas acciones masivas de testeo en una economía destruída por la gestión de la que usted formó parte?”, debería haber repreguntado el periodista de Radio La Red. Pero jamás se le cruzó por la cabeza.

Algunas de las críticas de Rubinstein –y seguramente muchas otras también- podrían estar justificadas en boca de cualquier sanitarista comprometido con la salud pública. En las palabras de uno de los responsables principales del saqueo de la salud pública en la Argentina, sólo traducen un cínico oportunismo político. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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