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23 de febrero de 2021 | Opinión

Vacunatorio VIP

Ginés nunca sería un buchón

La traumática renuncia exigida a Ginés González García ha dado pasto a las fieras desde el último viernes.

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

La aplicación de un par de decenas de vacunas a personajes caracterizados –la mayoría de los cuales cumplían los requisitos para aplicárselas- dio lugar a una catarsis de moralina dentro de una dirigencia y un sistema de medios que por décadas le pasó de costado a la moral. Pero ahora la moda parece indicar que el único “corrupto” en la Argentina es el ex ministro de Salud, que hizo un “favor” a sus amigos permitiéndoles acceder a la vacunación.

Lo llamativo del caso es que las irregularidades comprobadas alcanzan un número menor al de las dosis que dejó descomponer un intendente de Juntos por el Cambio. Y, llamativamente, los que no se ruborizaron cuando el ex ministro de Finanzas de Mauricio Macri, Luis Caputo, se autovendía los bonos y títulos de deuda que colocaba a intereses siderales, los que no pidieron explicaciones cuando Gabriela Michetti no podía explicar el manejo financiero en negro de su fundación, los que no se afectaron con las escuchas de Mauricio Macri ni con su impago y autoperdón por la deuda del Correo Argentino, ni por sus “regalos” de energéticas a sus amigos, ni tampoco con la negociación y fuga de casi 50.000 millones de dólares al FMI contraviniendo las disposiciones constitucionales, los que asistieron mudos a la relación laboral de Victoria Donda con su empleada doméstica o a la decisión de Laura Alonso de no investigar a los funcionarios del macrismo, los que no se preocuparon por las inversiones en paraísos fiscales de prácticamente todo el macrismo ni por la eliminación del ministerio de Salud y la inutilización de millones de dosis de vacunas, o  los que defienden a una Justicia Federal que practica activamente el lawfare y a unas justicias provinciales que han dejado de sorprender desde hace rato por su parcialidad y su falta de transparencia –la lista podría seguir indefinidamente- ahora se sientan “estafados moralmente” por la decisión de Ginés de distribuir unas cuantas vacunas, pasando por alto las disposiciones legales, y… ¡Nada menos que en la Argentina!.

Y es que el problema de la vacunación VIP excede largamente a Ginés e incluye a muchas administraciones, políticos, empresarios de la salud, sindicalistas, etcétera, y atraviesa a todo el arco político. Pero no fue este el problema que generó su alejamiento, sino algunas dosis que él, personalmente, habría distribuido entre sus amigos. Detrás queda subyacente, por ejemplo, la manera en que el gobierno de la CABA privatizó sin ninguna clase de control el proceso de vacunación, o el acceso de militantes de agrupaciones políticas o partidos provinciales sin respetar protocolo ni procedimiento legal alguno. ¿La ejemplaridad de la decisión presidencial se extenderá a lo largo y ancho de todo el país? Si es así, habrá valido la pena.

Tras la pretendida “ingenuidad” de Verbitsky aparecieron las fakes news, la leyenda del vacunatorio VIP en el ministerio de Salud que le adjudican –fantasiosamente- al satánico Ginés, las listas de ficción con los vacunados, y todo el folklore acostumbrado. Aunque con una diferencia esta vez: oficialismo y oposición se sobreexigen para ser los más críticos y contundentes en su condena. Aún nadie pidió que se levantara una hoguera en plaza de Mayo. Pero sólo por ahora.

Es sabido que Ginés González García nunca se llevó bien con los laboratorios multinacionales ni con los grandes laboratorios locales. Que su gestión en beneficio de la inclusión y democratización de la salud –la más exitosa desde Ramón Carrillo-, afectó a muchos intereses muy poderosos y que, en su momento, supieron voltear a Arturo Illía. También que se oponía al sistema único de salud argentino y que cayeron mal muchas de sus posiciones en torno al negocio de la compra de vacunas, por los intereses que se veían afectados por esas operaciones multimillonarias.

Ginés no quería ser ministro. Estaba enfermo, con edad avanzada, y sólo accedió ante la insistencia de Alberto Fernández. Cuando la pandemia apareció en el horizonte, expuso su prestigio personal al afirmar que le preocupaba más el dengue, ante –según aseguran fuentes bastante confiables- el pedido presidencial de bajarle el tono a la psicosis social. De la nada armó un sistema de salud destruido por el macrismo, recuperó dosis de vacunas que el gobierno de Macri no se molestaba en resguardar, dotó de infraestructura a un sistema de salud quebrado. Y lo hizo con tanta maestría que, aún en los peores picos de la pandemia, nunca estuvo a riesgo de colapsar.   

Ginés es uno de los grandes hombres públicos de los últimos cincuenta años. Además, es un peronista de ley, que se llevará gustoso a la tumba todos los secretos sobre el episodio que le costó el cargo. ¿Quién lo denunció? Horacio Verbitsky. Doble agente de inteligencia que, según los cálculos, llegó a ser el responsable de más de 3 mil muertes con sus informes macabros durante la dictadura. El empleado de George Soros, siempre sospechado como agente de la CIA e involucrado en millonarios negocios a través de fundaciones de derechos humanos.

Sabíamos desde hace décadas quién era Verbitsky. Incluso quienes pretenden descubrirlo ahora. También sabemos quién es Ginés. Una trayectoria tan brillante no debería quedar empañada por una operación rastrera de un supuesto “amigo”.

Por esta razón, cuando un aventurero de los medios como el periodista de La Nación, “Beto" Valdez, publica livianamente en su cuenta de Twitter supuestas declaraciones de Ginés -en las que afirma que “si yo llego a abrir la boca se cae el gobierno” y agrega que el ex ministro de Salud está “muy enojado con Alberto, hasta recuerda que hace un año tuvo que minimizar la llegada del COVID a la Argentina porque se lo pidió expresamente el presidente”-, sabemos que nos encontramos ante una nueva operación mediática. Tal como sucedió con otro miembro de aquel gabinete de transición de Eduardo Duhalde, Jorge Remes Lenicov, Ginés pondrá siempre a la patria por encima de la honra personal. ¿De cuántos se podría decir lo mismo?

Seguramente Ginés esté muy enojado con muchos de los que hacen leña del árbol caído y se aprovechan de su salida para obtener beneficios personales o corporativos. Si no lo estuviera sería un vegetal, ya que son reacciones propias de la vida misma. Tal como se manejó la “operación masacre de Ginés”, Alberto Fernández no tuvo otro remedio que solicitarle la renuncia para evitar que el escándalo (auto) generado se llevara puesto a su gobierno. Pero sus palabras en México vienen a poner las cosas en su lugar: “Cuando tomé nota de lo que había pasado reaccioné y perdí a un ministro en cuyo ministerio pasaron estas cosas. He leído que han hecho una denuncia. El hecho es lo suficientemente grave como para que un ministro de la talla de Ginés González García haya debido dejar su cargo, pero terminemos con la payasada”.

Y agregó: “Le pido a los fiscales y a los jueces que hagan lo que deben. No hay ningún delito en Argentina que diga ‘será castigado el que vacune a otro que se adelantó en la fila’. No existe ese delito y no se pueden construir delitos graciosamente. Ya lo hemos vivido. Si quieren trabajar tienen muchos delitos para investigar, pueden investigar el negocio de los peajes de Macri, el terrible y lamentable endeudamiento que Argentina vivió, que no fue otra cosa que un negocio para los amigos del poder, el vaciamiento del Congreso, el negocio de los parques eólicos, la responsabilidad de un ministro que mandó un submarino para que mueran 44 tripulantes. Miren todo lo que tiene para investigar y no investigan”.

“El hecho sin duda es reprobable –concluyó el presidente-, nadie puede avalar que en las circunstancias que vivimos alguien pueda adelantarse en la vacunación, pero les pido que sean estrictos con la lectura de esas listas, porque en esas listas aparecen también personas que deben vacunarse por la acción que desarrollan”.

¿Estuvo mal la decisión de vacunar de este modo? Sí. ¿Sólo fue responsabilidad de Ginés? No lo sabemos. ¿Tenía otra opción Alberto Fernández? Seguramente no. ¿Puede plantearse seriamente la judicialización de la cuestión en la Argentina? Definitivamente no.

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