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27 de febrero de 2021 | Cultura

EN plena dictadura

La Reina en el reino del terror: A 40 años de Queen en Argentina

En plena dictadura, la banda inglesa hizo cinco shows en tres ciudades. El crudo relato de un periodista estadounidense sobre el terrorismo de Estado imperante.

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

Después de cinco presentaciones en el célebre Nippon Budokan de Tokio, Queen tomó el vuelo más largo de su carrera para llegar a un destino infrecuente en la agenda de las megabandas de rock: Argentina. El grupo británico estaba presentando desde mediados de 1980 The End, acaso el disco más exitoso de su carrera, o al menos el primero que les granjeó las cabeceras de los rankings en Europa y Estados Unidos. “Another One Bites the Dust”, “Crazy Little Thing Called Love”, “Play the Game” y “Save Me” eran algunos de los hits consagratorios que incluía ese álbum. 

El arribo de Queen a Ezeiza se produjo el 27 de febrero de 1981 y marcó un antes y un después en el show-business del rock internacional: Sudamérica era incluida en el itinerario de las giras vendidas como mundiales pero reducidas al triángulo Estados Unidos-Europa-Japón. La Reina ya había pasado por esas tres basas y ahora le quedaban compromisos en esta región del planeta. 

Región, claro, que estaba entonces dominada férreamente por dictaduras militares. Por eso es que, ya estando en aquí, se iban enterando de sucesivas cancelaciones en los países vecinos: un show en Río de Janeiro y otro en Porto Alegre, luego los programados en Santiago de Chile, después algunos en Caracas, e incluso seis en México. Sin embargo, los previstos para Argentina estaba incólumnes y vigentes.

Con cinco presentaciones en total, Queen comenzó el sábado 28 de febrero en el estadio de Vélez, donde Freddie Mercury sorprendió a todos saliendo a escena con una musculosa de Superman, un chaleco negro y un chupín de rojo chirriante. En ese aforo repitieron la noche siguiente y también la del 8 de marzo, recordada por ser la última de la gira y -especialmente- por la aparición en camarines y en el escenario de Diego Armando Maradona, recientemente transferido de Argentinos Juniors a Boca y a quien los músicos habían visto jugar casi un año atrás en Wembley.

En el medio hubo dos escalas en el interior del país, ambas en estadios construidos o remodelados especialmente para el Mundial ’78 (al igual que el de Vélez). El miércoles 4 de marzo tocaron en el estadio Mundialista de Mar del Plata, mientras que el viernes 6 lo hicieron en el Gigante de Arroyito, casa de Rosario Central y donde Argentina le había ganado 6-0 a Perú en aquel polémico pase a la final. 

El asedio periodístico permitía conocer la vida de los Queen entre recital y recital. Así, se supo, por ejemplo, que el guitarrista Brian May recorrió el Ital Park, que el bajista John Deacon fue al zoológico y que Freddie Mercury conoció el Jardín Japonés y paseó por el barrio de San Telmo. Además, los tres y el baterista Roger Taylor comieron un asado en la finca del presidente de Vélez, en Parque Leloir. Todos viajaron con respectivas esposas, parejas e hijos.

Como dato de color, tanto los memoriosos como los fanáticos señalan que fue el peluquero argentino Miguel Romano quien produjo el corte de pelo que sería todo un emblema de la estética del cantante en el resto de la década.

Hasta ese entonces, los pocos recitales realizados en estadios de fútbol habilitaban al público a ocupar únicamente las tribunas, no así el campo de juego. Queen exigió modificar esta norma y, por las dudas, trajeron su propio césped artificial para colocarlo en la cancha. Dicen, además, que quedaron sorprendidos con la fosa que separaba el terreno de una de las plateas de Vélez, sobre todo porque el primer día de la prueba de sonido hacíamucho  calor y el agua estancada se había convertido en un reservorio de numerosos mosquitos. 

Con todo, los shows fueron memorables, incluyeron himnos eternos como “Bohemian Rapdosy” y “Love of My Life” y ofrecieron una batería de recursos nunca vistos en estas pampas. Baterías de luces, un sistema de sonido potente, humos y artificios dejaron boquiabiertos a las decenas de miles que procesaron por la media decena de presentaciones que Queen hizo en Argentina, y también por otra importante cantidad que pudo ver alguno de los shows que Canal 9 televisaba con la condición de Juan Alberto Badía. Beto, además, los entrevistó, privilegio que aquí solo tuvieron él y China Zorrilla.  

Sin embargo, pese al espectáculo, la música y la fiesta… Argentina seguía siendo Argentina: un país gobernado por la más atroz de las dictaduras que jamás padeció, y encima en las últimas semanas de la presidencia de Jorge Rafael Videla. Mientras se preparaba para sucederla pocas semanas después, Roberto Viola logró aquerenciarse un encuentro con el grupo en su propia casa. Las versiones indican que la reunión fue una sugerencia de su hijo Robertito, el mismo que le propuso diligenciar posteriores acercamientos con referentes del rock local. 

Al meeting con Viola asistieron MercuryMayDeacon y allegados de la banda. Nunca se supo, en cambio, el por qué de la ausencia de Taylor. Como sea, el inminente dictador logró conseguir una foto, la única que un presidente de facto de la historia argentina logró sacarse con un artista de rock.

Las crónicas de los shows y la visita de Queen no abundaron en este encuentro, ni tampoco en nada que tuviera que ver con el entorno socio-político. Salvo una: la de un enviado de la revista Rolling Stone original (la de Estados Unidos), quien se animó a relevar en sus crónicas la situación por la que atravesaba el país. “En la Argentina, los militares y el terror reinan supremos. Según Amnistía Internacional, alrededor de 15 mil personas han “desaparecido” (SIC) desde 1976, cuando Isabel -segunda mujer y sucesora de Juan Perón- fue derrocada por un golpe de Estado”, arranca sin titubeos el texto.

Si bien el cronista apela a la Teoría de los Dos Demonios (“se ha desatado una guerra de guerrillas entre la dictadura y los grupos opositores, en su mayoría peronistas”), luego narra que “los ciudadanos han sido arrancados de las calles o de sus casas, llevados a centros clandestinos de detención y torturados sistemáticamente”.

Una vez en el estadio, el periodista norteamericano relata -con la sorpresa de quien evidentemente no vivía en la Argentina de los años de plomo- como un reportero gráfico fue “empujado contra un Falcon oficial y amenazado a punta de cuchillo con cortarle un dedo hasta que entregara el negativo”. ¿Su delito? Fotografiar a una docena de los policías que formaban parte del férreo operativo de seguridad. Mirar demasiado casi le costó, literalmente, una parte de su mano. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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