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5 de marzo de 2021 | Cultura

Multifacético

Letra y música: Rocambole y sus talentos desconocidos

Pintor, dibujante, ilustrador y muralista, el artista gráfico de Los Redondos cobija con humildad otra destreza: una interesante cantidad de canciones propias sin publicar.

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

Sus fans lo llaman Rocambole. Para sus amigos, en cambio, es el Mono. Y algunos familiares prefieren decirle Ricardo, el nombre que aparece en su partida de nacimiento. Sin embargo nadie duda a la hora de definirlo: es un artista plástico integral (a pesar de que él mismo reconozca tener “discrepancias con la palabrita ‘artista’, porque durante mucho tiempo cualquiera se presentaba como tal y fue mal utilizada”).

El Mono Cohen también ejerce la docencia de distintas maneras: antes de la pandemia le había tomado el gusto a viajar por todo el país dando clases y workshops, y previo a eso ejerció en la Facultad de Bellas Artes de La Plata (desde diciembre de 2019 rebautizada “Facultad de Artes”), donde incluso fue vicerrector durante un tiempo.

Su trabajo más conocido fue, sin dudas, todo aquel que desarrolló junto a Los Redonditos de Ricota, banda que el tiempo (y, sobre todo, el impacto y trascendencia de su obra visual, su iconografía, sus símbolos creados) terminó incorporando como un miembro más. 

Rocambole y la música es una relación indisoluble que trascendió a Los Redondos, ya que también hizo trabajos para otras bandas como El Otro Yo o Attaque 77. Y, antes de todas ellas, fue parte fundadora de La Cofradía de la Flor Solar, un colectivo cultural platense que tuvo su brazo sonoro con un grupo que editó un disco homónimo en 1971, durante su era seminal, y otros dos en la década del 90’. 

En todos los casos Cohen hizo no solo el diseño de los álbumes de La Cofradía, sino que desarrolló otras tareas. Una de ellas, por ejemplo, fue la de fungir de representante para intermediar entre los músicos y los lugares en donde potencialmente podrían tocar. Pero, en una medida menos conocida, el Mono aportó letra y música en algunas de canciones.

Una de ellas se llama “Volveremos a encontrarnos en algún lugar” y está en un compilado que el propio Rocambole puso a disposición de libre descarga en su página web bajo el nombre de “Música rocambolesca: nueve canciones selectas (1968-1975)”. El tema en cuestión es el primero de este rejunte de nueve composiciones, está fechado en 1969 y, según los créditos, Cohen hizo la letra, mientras que la música pertenece al legendario guitarrista Kubero Díaz (miembro de La Cofradía, La Pesada del Rock&Roll y de la última etapa de Los Abuelos de la Nada).  

En ese mismo compilado figura “Imperialismo espacial”, grabado por La Cofradía y Miguel Cantilo en España en 1974 o 1975 (la data en la web del artista deja abierta esa incógnita). La canción luego fue interpretada por Los Redondos en sus inicios, formando parte de varios de los discos piratas que circulan con grabaciones de shows previos a su primer disco “Gulp!”, y también fue interpretada por su guitarrista Skay Beilinson durante los inicios de su posterior carrera solista.

El detalle de esta última canción es que el Mono hizo no solo la letra, sino también la música, lo cual evidencia que con sus manos no solo maneja pinceles, cinceles, rotores y lápices, sino también un instrumento: la guitarra. “No la toco. ¡La rasco!”, aclara con humor y humildad. "La gente de mi generación estuvo muy vinculada al folclore para aprender a tocar la guitarra con “Zamba de mi esperanza” o con “La López Pereyra”. Todos aprendíamos hasta ahí, tres o cuatro todos de eso… que a muchos luego les sirvieron para luego tocar rock and roll”.

“Yo arrastro esos cuatro tonos y algo puedo hacer, aunque tampoco para que me jacte de hacer música”, profundiza Rocambole. “Aunque tengo un montón de composiciones, nunca me privé de eso. Siempre alrededor del rock, o de estilos similares a eso”.

Lo curioso es que, siendo un artista acostumbrado a mostrar sus creaciones en público, Cohen jamás se subió a un escenario para hacer su música. “Las muestro solamente en algunos asados que hago con amigos. Ahí hasta canto. ¡Aunque desafino como un preso! Pero no me importa: hago mi performance y hasta tengo un tema que los comensales suelen pedirme: se llama ‘Muñeca de telgopor’”.

La pregunta de muchos: ¿Algún día se animará a grabarlos? “No… pero en algún momento, aunque sea para divertirme, puede ser”, desliza el Mono. Eso sí, de entrada ya sabe que tiene resuelto quién le haga un bello arte de tapa: él mismo. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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