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8 de marzo de 2021 | Nacionales

Alberto, un presidente impotente

Se incrementa el “fuego amigo” dentro del gobierno nacional

Es un secreto a voces desde hace tiempo que Marcela Losardo quiere irse del ministerio de Justicia. Su relación con Cristina es pésima –directamente no se dirigen la palabra- y el rumbo que va tomando la política judicial del gobierno nacional está en las antípodas de su pensamiento.

Si no dio el portazo aún es por su lealtad a Alberto Fernández, su socio judicial a lo largo de décadas. Sólo por eso soportó las acusaciones y el destrato de la vicepresidenta, cada vez más explícito, quien desde un principio la colocó a la cabeza del grupo de “funcionarios que no funcionan”. Proviniendo de Cristina, debe entenderse “que no funcionan para su proyecto familiar”. Porque en el ámbito jurídico, Losardo goza de notable reconocimiento. Claramente no ha parado un segundo desde que asumió la cartera, pero no hizo nada –o hizo exactamente lo inverso- a lo que esperaba la vicepresidenta.

Entre las condiciones del acuerdo que permitió que Alberto Fernández fuera designado candidato presidencial por Cristina figuraba la resolución de la situación judicial de la ex presidenta y de su familia. Fiel a su estilo, lo que pasara con sus ex funcionarios y socios políticos o comerciales –como Amado Boudou, Julio De Vido, Milagro Sala, Cristóbal López, Lázaro Báez, etcétera- no fue tenido en consideración. De últimas, pagaría el costo político Alberto. Pero la condición clave era que el nuevo presidente se encargara de “limpiar” los expedientes judiciales que amenazaban su libertad y las de sus hijos. En un acto de rebeldía, Alberto se cortó solo y designó a Losardo. Cristina impuso como viceministro a  Juan Martín Mena, ex agente de inteligencia de la AFI de Oscar Parrilli y cristinista de paladar negro. Alguien que sí “sabe tratar a la Justicia” en los términos definidos por la jefa.

Débil en las encuestas, vapuleado por los medios, perdida su credibilidad en la sociedad, Alberto Fernández parece una caricatura de aquél que asumió el 10 de diciembre de 2019. Su desgaste es enorme. Cristina le hundió su hoja de ruta de reconciliación con la oposición. Con elecciones a la vista, solo atina a resignar poder a cambio de continuar en su cargo. Al menos hasta las elecciones de este año, que marcarán la hora de la verdad.

Es cierto que Marcela Losardo quiso renunciar muchas veces y Alberto le pidió nuevos sacrificios. El problema es que ahora estaría más decidida que nunca y que el presidente no sabe cómo evitar que ese alejamiento sea leído como un nuevo sometimiento a la voluntad de Cristina. Para el presidente la ministra es la excusa ideal para justificar que la hoja de ruta de la cartera no coincida con la diseñada por la vicepresidenta, aunque todos sepan que “Marcela es Alberto”. Si Losardo renuncia, el albertismo quedaría esterilizado en el gabinete y después de las elecciones, según los resultados electorales, su propia cabeza estaría en riesgo.

Desde el reinicio de la actividad política el “fuego amigo” no cesó de operar para producir su salida. Eugenio Zaffaroni advirtió sobre “una pueblada” si la situación judicial de Cristina se deteriora. Los comunicadores cristinistas no cesan de ridiculizarla o de acusarla de traición. También comenzaron con el revoleo de nombres de posibles sucesores. El primero que sonó fue el de Wado de Pedro, quien desmintió frontalmente la versión, ya que implicaría una degradación respecto de su situación actual. Después se mencionó a Juan Martín Mena, pero lo prefieren operando desde el ministerio sin exponerlo al ataque de la oposición. Casi por descarte se llegó al diputado nacional Martín Soria, que a los pergaminos familiares suma el de estar encabezando la ofensiva contra el presidente de la Cámara Federal de Casación Penal, Gustavo Hornos.

Para terminar la operación de desplazamiento, un ministro nacional de pura cepa cristinista deslizó a los medios que "el presidente tiene muy buen concepto de Martínl, lo de Marcela es una etapa terminada."

La preocupación de Alberto radica en cómo se continuará deteriorando su imagen cuando el recambio se produzca. Para Cristina es más sencillo: sería una señal de que es ella la que manda. Más aún a la hora de definir las listas electorales de este año. Un hecho que pasó desapercibido para los medios fue la visita del ministro de Economía Martín Guzmán a Calafate, para solicitar la aprobación de Cristina para sus próximas movidas políticas. Guzmán y Axel trabajan en tándem desde hace un tiempo, otro dato que ha escapado a la mirada interesada de algunos medios.

La única duda radica en cómo leerá la sociedad esta nueva ofensiva, qué consecuencias tendrá esa lectura cuando llegue el momento en el que las urnas hablen y cómo impactarán esos resultados en el futuro político de Alberto Fernández y de la Argentina toda. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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