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19 de marzo de 2021 | Historia

"El Restaurador"

Juan Manuel de Rosas: Política interna y bloqueo francés

A principios de 1835 estalló un conflicto entre las provincias de Salta y Tucumán. Rosas intercedió ante el gobernador porteño Manuel Maza para que Facundo Quiroga, quien residía por entonces en Buenos Aires, oficiara como mediador.

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

Durante su trayecto sería asesinado en la provincia de Córdoba por encargo de los hermanos Reynafé el 16 de febrero de 1835. El clima político nacional se volvió explosivo. Maza renunció el 7 de marzo de 1835 y la Sala de Representantes no tuvo otra opción que ofrecer la gobernación a Rosas, con la suma del poder público durante “todo el tiempo que considerase necesario”. Rosas condicionó su aceptación a la realización de un plebiscito, ya que no quería deber favores políticos a la Sala. La consulta se celebró en marzo de 1835 y significó un acto de verdadera aclamación popular, ya que obtuvo 9.713 votos a favor contra apenas siete en contra. 

El asesinato de Facundo colocó al Partido Federal en estado deliberativo. Los Reynafé perdieron todo apoyo externo y fueron desplazados de la gobernación. Rosas, ya repuesto en la gobernación, exigió su traslado a Buenos Aires, donde fueron juzgados y condenados a muerte en 1837. El Restaurador había decidido catapultarse en la escena nacional, y propició la designación de su aliado Manuel López Quebracho” como gobernador cordobés. Las muertes de Quiroga – en 1835– y de Estanislao López –en 1838– eliminaron toda competencia. Incluso los caudillos más consolidados, como Juan Felipe Ibarra, de Santiago del Estero, y José Félix Aldao, de Mendoza, aceptaron su jefatura, y lo designaron encargado de las relaciones exteriores, poniendo en sus manos las negociaciones con el extranjero.

Durante la gestión de Rosas se sancionó, en 1835, una Ley de Aduanas de carácter proteccionista que puso fin al libre comercio que regía desde su implementación por Bernardino Rivadavia. Los aranceles implementados limitaron las importaciones de manufacturas textiles y madereras e impulsaron la producción de trigo y maíz, el crecimiento de la industria vitivinícola en Mendoza y la producción de alimentos elaborados en Córdoba.

El presidente boliviano Andrés de Santa Cruz, apoyado por la monarquía francesa, impulsaba una política expansionista. Tras incorporar al Perú, se aprestaba a sumar territorios en disputa con Chile y a las provincias del NOA. Por esta razón, Rosas declaró la guerra a la Confederación Peruano-Boliviana el 19 de mayo de 1837, y puso a su cargo al gobernador tucumano Alejandro Heredia. Rosas tenía particular interés en controlar la región, habida cuenta de que Bolivia era uno de los focos desde donde los unitarios exiliados organizaban invasiones con ayuda de las autoridades.

Heredia utilizó el arsenal que envió Rosas para controlar el NOA, reemplazando a los gobernadores de Salta, Catamarca y Jujuy por sicarios militares que le respondían y, en un intento de distanciarse de la autoridad de Rosas, buscó seducir a los unitarios. Sin embargo, estos no lo consideraban suficientemente confiable y, tal como era su costumbre, encargaron su asesinato a un oficial descontento. También alentaron una invasión de Santa Cruz sobre Jujuy y Salta, sin evidenciar viso alguno de patriotismo. Sus expectativas se vieron frustradas cuando un ejército compuesto por tropas chilenas y peruanas derrotó definitivamente al dictador boliviano en la batalla de Yungay (20 de enero de 1839).

El 28 de marzo de 1838 la flota francesa bloqueó el puerto de Buenos Aires durante dos años y medio, y ocupó la isla Martín García, con el débil argumento de que Rosas se negaba a exceptuar a sus súbditos del servicio militar y asignarle a Francia el trato de nación más favorecida, como lo hacía con Inglaterra. La acción francesa significó un acto de intervencionismo explícito ya que trató de aglutinar a los adversarios de Rosas en una fabulosa conspiración, sumando al Uruguay, la Confederación Peruano-Boliviana y varias provincias argentinas.

El bloqueo del puerto de Buenos Aires suspendió las exportaciones y trajo aparejados cuestionamientos a la autoridad de Rosas de parte de una oligarquía ganadera siempre dispuesta a privilegiar sus intereses materiales. Sin embargo, el Restaurador mantuvo el control de la situación y, para equilibrar la recaudación, decidió vender tierra pública, que en su mayor parte se encontraba en situación de arrendamiento bajo el sistema de enfiteusis. Rosas suspendió los contratos y ofreció a los enfiteutas la alternativa de devolución o compra de las tierras.

Para los ganaderos más poderosos, esta decisión significó la posibilidad de acceder a la propiedad de las tierras a bajo costo, e incluso incrementar su extensión. Los medianos hacendados, sin capital suficiente para comprar, debieron malvender sus animales. Este grupo, que había sido el principal apoyo de la gestión de Rosas, se volvió en su contra y se unió a la conspiración de los denominados Libres del Sur, dirigidos por el teniente coronel Ramón Maza, hijo del presidente de la Legislatura.

Ante la crisis política porteña, Lavalle se instaló en la isla Martín García para organizar una acción militar coordinada con los Libres del Sur, las tropas francesas y el ejército del oriental Rivera, a quien había ayudado a deponer al presiente Oribe. El proyecto de atacar al Restaurador simultáneamente y desde diversos puntos fracasó al ser descubierta la conspiración de Maza, quien fue juzgado y ejecutado el 27 de junio de 1839. Los Libres del Sur fueron derrotados por las fuerzas provinciales en Chascomús el 7 de noviembre de 1839, al quedar aislados de sus aliados. Lavalle no tendría mejor suerte: tras conquistar el Litoral fue cercado por las tropas de Rosas, por lo que decidió retirarse del territorio bonaerense.

La conspiración de los Libres del Sur encontró cierto eco en la ciudad de Buenos Aires. La Asociación de Mayo, fundada en 1837 por Esteban Echeverría con el fin de impulsar las ideas románticas y el debate literario, contaba entre sus jóvenes intelectuales a Vicente Fidel López, Juan Bautista Alberdi y Juan María Gutiérrez, que conformaron la denominada “Generación del 37”. Las reuniones tenían lugar en el Salón Literario de Marcos Sastre, y fueron el origen de la producción de estos autores, caracterizados por su pensamiento europeizante y colonialista, que alcanzaría una gran influencia tras la caída de Rosas.

Naturalmente tomaron partido por el bloqueo y la intervención franceses, ya que consideraban que la derrota de la Patria a manos del invasor europeo significaba el “triunfo de la civilización”. Si bien Rosas toleró durante bastante tiempo sus críticas, el clima conspirativo que imperaba en Buenos Aires lo llevó a impedir su continuidad, razón por la cual los “jóvenes de Mayo” decidieron emprender el camino del exilio.

En 1840, los unitarios consiguieron derrotar al gobernador cordobés Manuel López e incorporaron a la provincia a la Coalición del Norte, creada a inicios de 1840 por las provincias de Tucumán, Salta, Catamarca, Jujuy y La Rioja. A ellas se sumó Corrientes, debido al enfrentamiento personal que su gobernador, Pedro Ferré, mantenía con Rosas. Solo el santiagueño Felipe Ibarra mantuvo su lealtad al Restaurador. La convención se proponía destituir a Rosas y convocar a un Congreso Constituyente. Su ejército fue encomendado a Lavalle, quien se propuso atacar desde diversos frentes el litoral argentino.

Sin embargo, las disidencias internas minaron su capacidad de acción. El 29 de octubre de 1840, la firma del Tratado Mackau-Arana puso fin al bloqueo francés, dejando manos libres a Rosas para intervenir en el frente interno.
Lavalle fue derrotado por Oribe y el general Ángel Pacheco en la batalla de Quebracho Herrado (Córdoba) el 28 de noviembre de 1840 y López fue repuesto en la gobernación. En las tropas federales revistaron alrededor de mil indígenas.

El asesino de Dorrego intentó entonces coordinar acciones con el general Aráoz de Lamadrid, aunque ambos resultaron derrotados por las tropas federales. Condenado a una eterna huida, Lavalle murió en una redada en Jujuy el 9 de octubre de 1841. Para entonces, la Coalición había desaparecido, Rosas recuperó su control sobre el Litoral y Oribe, vuelto al Uruguay, consiguió controlar la mayor parte del territorio, a excepción de Montevideo. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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