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9 de abril de 2021 | Provincia

Sin rumbo

Vialidad bonaerense deambula entre el descontrol y el brote de contagios

Las órdenes se dan por WhatsApp, sin que exista un documento escrito o firma de responsable. Además, les prohibieron marcar tarjeta, por lo que no queda registro alguno de que ninguno de los trabajadores haya estado en su oficina.

Desde el mes de enero, la gestión que ahora encabeza Gerardo Tarchinale comenzó a ordenarles a los trabajadores el regreso a las oficinas de la dirección de Vialidad. En oficinas de quince personas, por ejemplo, se presentaban dos por día, respetando los protocolos autorizados por el gobierno de Axel Kicillof. Sin embargo, poco tiempo después un brote de coronavirus despertó la improvisación de la gestión, provocando la furia de sus propios trabajadores.

La comunicación entre la gestión del administrador General y sus subordinados se volvió extremadamente informal. De hecho, las comunicaciones supuestamente “oficiales” ahora se hacen vía WhatsApp, por lo que no existe ningún documento escrito y, en consecuencia, ninguna firma de dirigente alguno haciéndose responsable por las decisiones.

En estos momentos, hay al menos seis empleados de planta permanente confirmados con coronavirus, y habría otros cuatro de la empresa terciarizada del servicio de limpieza también contagiados. La dirección de Vialidad se niega a comunicar quiénes son, por lo que nadie sabe si tuvo contacto estrecho en las últimas jornadas con una persona positiva de COVID-19 o no. Además, la empresa de limpieza retiró a los infectados para que cumplan con el aislamiento correspondiente, pero ahora con menos personal no pudieron desinfectar las oficinas en donde hubo positivos de coronavirus, por lo que el riesgo aumenta exponencialmente.

En este caótico escenario, los trabajadores son obligados a ir a trabajar igual a través de órdenes impartidas por WhatsApp, pero con otro agravante: les exigen a todos que se priven de marcar tarjeta. Esgrimiendo que “el reloj no funciona”, exigen que nadie marque tarjeta y, si lo hacen, las entradas y las salidas son borradas para que no queden registro de quiénes estuvieron en Vialidad.

Las consecuencias de este accionar son funestas. Por ejemplo, si un trabajador se lastima en el sitio de trabajo, la ART no se hace responsable, dado que no hay un solo registro de que su cliente haya estado allí.

Navegando entre el caos y el descontrol, la gestión de Gerardo Tarchinale continúa obligando a los trabajadores a asistir, a través de órdenes enviadas en forma anónima en redes sociales y sin marcar tarjeta. Mientras la enorme mayoría de las reparticiones cierran ante el menor caso de contagios masivos, Vialidad continúa exigiendo una presencialidad tan absurda como irresponsable. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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