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15 de abril de 2021 | Literatura

El supremo entrerriano

La cabeza de Ramírez (capítulo XXIII)

Antes de sellar y entregar el oficio, Ramírez llama a Mansilla a su despacho. Entrega la carta al chasque que comandará el envío y llevando al joven capitán hasta las cercanías del Paraná, le dice: "A todo con este hombre. Necesitaré su ayuda. En un mes debemos echarlo de Entre Ríos".

HORACIO DELGUY

por:
Juan Basterra

Las desavenencias con Artigas habían comenzado en el mes de febrero. Después de Tacuarembó, y mientras Ramírez negocia la paz con las fuerzas porteñas en las proximidades de Cepeda, el caudillo oriental gana el suelo de la Mesopotamia argentina con los desperdigados números de sus tropas. Uno de sus lugartenientes es Francisco Siti.

Durante los meses siguientes, Artigas hace acopio de fuerzas en las proximidades de una estancia situada a pocas leguas de Concordia. No lo acompañan, ni Sotelo, muerto en Tacuarembó, ni Fructuoso Rivera, pasado a las fuerzas portuguesas. Con el ánimo sombrío, y sintiéndose traicionado por su antiguo aliado entrerriano en su lucha contra los portugueses, escribe un oficio a en el que entre otros párrafos, expresa: “El objeto y los fines de la Convención del Pilar, celebrada por Ramírez vuestra señoría, sin mi autorización ni conocimiento, no han sido otros que confabularse con los enemigos de los pueblos libres para destruir su obra y atacar al jefe supremo que ellos se han dado para que los protegiese; y esto sin hacer mérito de muchos pormenores maliciosos que contienen las cláusulas de esa inicua Convención, y que prueban la apostasía y la traición de vuestra señoría”.

Unos días después, Ramírez contesta: “Tiene vuestra señoría la sandez de decirme que ha pasado a Entre Ríos y que interviene en mi provincia para proteger a sus habitantes contra el desorden y contra las facciones que hay en ella. De este modo bien podría vuestra señoría estar agradecidísimo a los portugueses, pues ellos también dicen y alegan, para cubrir su ambición, que han entrado en la Banda Oriental para librarla de los desórdenes causados por vuestra señoría y asegurar la tranquilidad de su territorio”.

Antes de sellar y entregar el oficio, Ramírez llama a Mansilla a su despacho. Entrega la carta al chasque que comandará el envío y llevando al joven capitán hasta las cercanías del Paraná, le dice:

-A todo con este hombre. Necesitaré su ayuda. En un mes debemos echarlo de Entre Ríos.

Mansilla avanza hacia Ramírez y le pasa la mano. No serán necesarios treinta denarios para traicionarlo. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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