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23 de abril de 2021 | Cultura

La dicha no es cosa alegre

Que el adiós no se alargue: El rock y sus canciones de despedida

El Indio Solari estrenó dos temas cuyas letras dieron que hablar: ¿Nos está diciendo "chau"? Los antecedentes de Federico Moura y Miguel Abuelo.

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

Caía la noche en la ciudad fantasma de Epecuén y más aún en las casas de quienes esperaron el sábado pasado casi tres horas hasta que arrancó el streaming de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Ya entrada la madrugada, y después de dos horas de show, apareció quien todos esperaban: el Indio Solari. Unas pantallas ubicadas a espaldas de los músicos de su banda multiplicaban la estampa del veterano rockero vestido de punta en negro con traje y camisa oscura. Un outfit inédito, señales de cierta solemnidad.

La impronta erigida en pantallas gigantes verticales era casi espectral entre medio de las ruinas: el ex cantante de Los Redondos acompañó con imagen y sonido dos canciones que parecían una despedida. ¿Eran una despedida? El misterio en un satélite que orbita el universo ricotero y solariano desde su mismísimo big-bang (aquella gira iniciática por Salta a principios de 1978 de la que aún hoy no queda claro si ese tal artista Pancho Silva, que habitaba Cafayate, era o no el alter ego de Patricio Rey).

Como sea, tanto "Rezando solo" como (y sobre todo) la balada "Encuentro con el ángel amateur", parecen ser testamentos que Solari va dejando camino hacia un destino del cual —según escribió y cantó él mismo— sólo "falta saber la fecha y el lugar". Quizás para mitigar semejante melancolía en un contexto social que tampoco ayuda (la pandemia, esta semicuarentena y una feroz disputa política que tiene a la sociedad atenazada entre los dos acantilados de una grieta irresoluble), en la semana un fan tomó esa última canción para ilustrarla como imágenes de Diego Maradona: una forma de bajar el clima de prefuneral en un momento que no es el indicado para sumar más tristeza.

EL ANTECEDENTE DE MOURA Y ABUELO

Seguramente dentro de unas cuántas décadas tomemos aquellas dos canciones en ciernes como mensajes de botellas que un artista arrojó en vida en las aguas de sus fanáticos. El recurso no es nuevo, ni siquiera en Argentina, e incluso ha dejado como legado poderosas obras de arte que habilitan múltiples lecturas.

Acaso la más explícita sea "Encuentro en el río musical", canción que Federico Moura incluyó en "Superficies de placer", último disco de Virus con su cantante original. La historia es tremenda: la banda había viajado a Río de Janeiro para distenderse y propender un ámbito creativo de cara al álbum que sucedería al exitoso "Locura", pero en el medio Moura fue atacado por una feroz fiebre y, tras unos estudios, descubrieron que era portador de VIH. 

Con el ánimo completamente cambiado, pero a la vez con la voluntad de encarar la obra, Federico le encargó a su amigo Eduardo Costa (un artista plástico argentino que entonces vivía en Nueva York) una letra que sirviera como despedida. Así salió una creación dolorosa pero potente: "Encuentro en el río musical". El video refuerza la idea de un adiós meramente carnal. "Aflójate, sonríe fugaz, mi cuerpo astral tomará tu ser", anticipaba Moura en 1987. Un año antes de morir, el cantante establecía una especie de compromiso artístico con sus seguidores: "Prolongaré mi sonido azul, por los parlantes te iré a buscar". 

La poesía de esa canción presagió lo que sobrevendría: más de tres décadas después de su partida, la estampa de Federico Moura viene a nosotros una y otra vez por medio de una obra perenne.

En el mismo año de la muerte de Moura, pero nueve meses antes, se había producido la de Miguel Abuelo, también vulnerado por los estragos del SIDA, virus que en ese entonces era intratable y conducía inexorablemente a la muerte prematura. Lo último que quedó como registro discográfico fue "Cosas mías", disco final de Los Abuelos de la Nada con una formación distinta a la de sus éxitos predecesores (ya no estaban Andrés Calamaro ni Cachorro López, coautores de hits y bastiones de la producción artística abuelesca).

"Cosas mías" tiene un entorno oscuro (su tapa, su sonido, su tempo) y una canción que hoy parece decirnos más cosas que en el momento que fue publicada: "En el espejo del mundo no me veo muy claro, Dios desafina la orquesta y yo intento sonar", cantaba Abuelo en "Región dura". 

"Nunca advertí eso", reflexiona Kubero Díaz, guitarrista de aquel disco y partícipe de la reciente reunión de Los Abuelos. "Pero puede ser: en sus últimas fotos, Miguel siempre andaba mirando un reloj, quizás contando los minutos. Como si estuviera consciente de cosas que nosotros todavía no veíamos", concluye Kubero, como quien te quiere dejar pensando… (www.REALPOLITIK.com.ar)

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