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4 de mayo de 2021 | Nacionales

Lo que queda del “albertismo”

Tras el fallo de la Corte, resuenan los posibles reemplazos de Guzmán, Cafiero y Lammens

No por anunciada la sentencia de la Corte Suprema dejó de generar conmoción en el Frente de Todos. La decisión representa un triunfo por parte del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, en su cruzada por la presencialidad.

La decisión tomada en reuniones virtuales por los miembros -ya vacunados- del Supremo Tribunal de Justicia, que dispone que los docentes y alumnos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires deben seguir concurriendo a clases presenciales, aunque no estén vacunados y los indicadores de contagios y decesos superen largamente los criterios adoptados a nivel internacional para suspender la presencialidad, significó una victoria clara para Horacio Rodríguez Larreta.  

Inmediatamente llegaron las reacciones de Cristina Alberto. La vicepresidenta hizo varias publicaciones en su cuenta de Twitter, enumerando recientes resoluciones judiciales que ponen en cuestión la capacidad del gobierno para tomar decisiones, beneficiando a intereses corporativos, para finalmente sostener: “Ante este escenario, digo yo… para poder gobernar: ¿No será mejor presentarse a concursar por un cargo de juez al Consejo de la Magistratura o que un presidente te proponga para ministro de la Corte?”.

El remate de su hilo de publicaciones es tan grave como polémico, ya que acusa a la Corte Suprema de promover un golpe de estado: “Sinceramente, está muy claro que los golpes contra las instituciones democráticas elegidas por el voto popular, ya no son como antaño”.

Fiel a su estilo, Alberto Fernández fue más componedor pero no menos crítico: “Reivindico el estado de derecho y respeto las sentencias judiciales, no saben lo que me apena ver la decrepitud del derecho convertido en sentencias, pero bueno, también deberemos luchar contra eso”.

Sin embargo, la coincidencia en la crítica frente a una sentencia de la Corte Suprema que debilita sensiblemente las capacidades del gobierno nacional -y no sólo las del gobierno de Alberto Fernández- en el futuro, no consiguió calmar las presiones y operaciones que experimenta el Frente de Todos en la actualidad, y que ponen un interrogante sobre el futuro político de la Argentina.

Por más que continúe en funciones, pocos son los que ven a Martín Guzmán continuando por mucho tiempo en el gabinete nacional. Mientras continúe, será solo un ministro formal, vaciado de todo poder, ya que no tiene muchos méritos para exhibir durante su gestión: la inflación sigue su marcha victoriosa, el dólar triplicó su valor desde su asunción, la economía está virtualmente paralizada, la negociación con los acreedores privados fue un fiasco y la que actualmente sostiene con el FMI difícilmente llegue a buen término. Su estrategia consistirá en victimizarse y presentar a Cristina como la culpable de no haber podido desplegar su plan económico hasta que decida presentar la renuncia o se la terminen exigiendo.

Los posibles reemplazantes son, al día de hoy, Augusto Costa por el “cristinismo”, y Cecilia Todesca por el “albertismo”. Pero ya que Todesca piensa en términos similares a los de Guzmán, su desiganción eventual estaría acompañada del rótulo de “funcionaria que no funciona”, y tendría los mismos -o peores- impedimientos que el actual ministro para gestionar. 

Sin embargo, las operaciones de la fecha no giraron en torno a Guzmán, sino a otros miembros del gabinete señalados desde hace tiempo por la vicepresidenta. El que se lleva todos los premios para abandonar su cargo es el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero. Se trata de un año electoral y el cristinismo apuesta todas sus fichas en la provincia de Buenos Aires, y lo que impera es el convencimiento de que con políticas de ajuste como las que impulsa Guzmán y con un “inoperante” -tal como lo definen de manera más suave- como Cafiero, la victoria sería esquiva. 

El primer nombre que sonó para su reemplazo fue el del ministro del Interior, Wado de Pedro, pero inmediatamente Máximo Kirchner lo vetó, ya que no quiere que La Cámpora aparezca como responsable de la saga de dislates y fracasos de la actual gestión. En su lugar habría propuesto a su aliado en la interna bonaerense, quien le franqueó la llegada a la presidencial del PJ provincial: el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde.

La estrategia del cristinismo, de cara a las elecciones de este año, consistiría en “empoderar” a los intendentes bonaerenses para fidelizarlos y evitar fugas de votos hacia partidos vecinales. 

Por esta razón se evalúa un segundo reemplazo, el del inoperante Matías Lammens -a quien se lo responsabiliza por la promoción del turismo en semana santa, con su visible influencia sobre los indicadores de contagio de la pandemia-, quien debería dejar su cargo a Gastón Granados, el hijo del intendente de Ezeiza, Alejandro Granados, quien actualmente se desempeña como alcalde interino del distrito supliendo a su padre. 

Las nuevas designaciones vendrían a fortalecer el peso de los intendentes bonaerenses dentro del gabinete nacional, donde ya detentan carteras Jorge Ferraresi y Gabriel Katopodis

Mientras tanto, el presidente Alberto Fernández experimenta una dilución constante de su autoridad. El principal interrogante consiste en saber si aceptará mansamente las nuevas imposiciones o ensayará alguna suerte de contraataque. Aunque quienes lo rodean admiten en off que se lo nota desde hace tiempo muy poco tentado a ensayar alguna forma de rebelión contra Cristina Fernández. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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