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7 de mayo de 2021 | Opinión

El negocio de la política

El modelo K de 25 de Mayo que empobrece al que trabaja

Sueldos y haberes jubilatorios de empleados municipales en valores de indigencia. Sindicato entreguista a cambio de ventajas personales.

HORACIO DELGUY

por:
Ramiro Egüen

En estos días, con bombos y platillos, tanto del ejecutivo municipal como el secretario General del Sindicato de Trabajadores Municipales anunciaban el aumento a los empleados veinticinqueños, sin siquiera ponerse de acuerdo entre ellos respecto de la suma.

“Los municipales no son los únicos que están mal…”, dijo Lafuente casi como consuelo de lo que no ha sabido conseguir para sus representados.

Según pudimos interpretar entre las desinteligencias del intendente Hernán Ralinqueo y el sindicalista Jorge Lafuente, es que los trabajadores recibirán un 45 por ciento escalonado, que recién se completará en el mes de noviembre, quedando un sueldo básico en la suma de 14.586 pesos, lo cual no amerita ninguna explicación más que expresar la indignación de la denigrante situación que significa para estos trabajadores, que en definitiva son de toda la comunidad. La sociedad política entre ambos “compañeros”, pareciera que a los únicos que favorece es a ellos.

El sindicato municipal con la conducción del director de Catastro por más de tres décadas es una pyme familiar y de amistades, donde se deciden las horas extras, quiénes se jubilan, quiénes ascienden y quiénes se van del municipio, obviamente posibilitado por el actual intendente, quien parece tener deudas electorales con Lafuente, y entre los dos tienen sumergidos a los municipales en una verdadera situación de pobreza. Ello, comparándolo con el salario mínimo vital y móvil el cual actualmente asciende a 23.544, o contemplando la canasta básica alimentaria que se encuentra en una suma de 25.685 y una canasta básica total en 60.874 pesos.

Ante los magros sueldos el sindicato ofrece una “solución” -de la cual difícilmente puedan salir quienes la acepten- ya que se ha montado una “financiera” por la cual se facilitan préstamos que son luego descontados de dichos salarios, llevando a situaciones extremas a empleados que cobran de bolsillo 150 pesos, por el círculo vicioso en el cual se suman intereses por los préstamos obtenidos, y más créditos para pagar los anteriores y así lograr subsistir.

El municipio garantiza el cobro de esos préstamos violentando el ordenamiento legal, cumpliendo el rol de agente de retención de esas deudas, descontándolos directamente de los depósitos en cuenta bancaria, vulnerando la garantía de la inembargabilidad de las remuneraciones mensuales o toda cuota del sueldo anual complementario hasta la suma equivalente al importe mensual del salario mínimo vital y móvil.

La falta de democracia interna en el sindicato durante tantos años y los intentos de armar listas opositoras, fueron obturados por el “Moyano veinticinqueño”, quedando reducida la negociación a una sola persona en las distintas gestiones municipales, y consiguiendo que no solamente sean los trabajadores activos quienes se encuentren en un contexto crítico, sino que la entrega por parte de la representación gremial ha sido y es tal, que hoy los jubilados reciben anticipos y haberes de hambre. Los gobiernos pasaron y Lafuente quedó. La responsabilidad de lo que acontece es única.

La aceptación del dirigente gremial de conceptos no remunerativos y no bonificables, le muestran lo peor a quien cesa en los servicios y se acoge al beneficio bien ganado después de tantos años, pero ese esfuerzo no le alcanza ni para la cuarta parte de una canasta alimentaria. Tal es el caso que puedo dar como ejemplo, de un obrero clase I con 38 años de antigüedad, que actualmente recibe su anticipo jubilatorio, a pesar de haber cesado hace más de dos años y no tener jubilación definitiva, una suma irrespetuosa de 5.466,97 pesos.

“Cuando sos joven podés tener otro trabajo y hasta dos más… pero cuándo llegás a viejo no te quedan fuerzas para tanto y no podés vivir con una jubilación de 11, 12, o 14 mil pesos. Dependemos de la ayuda de algún familiar”, me decía un jubilado municipal.

Tampoco ha sido el sindicato quien ayude a solucionar los retrasos en los aumentos del IPS, ni en las resoluciones jubilatorias, dejando al desamparo a trabajadores que, en muchos casos, han sido afiliados por cuarenta años.

Lafuente permitió que funcionarios de la actual gestión se designen en planta permanente, siendo que tantos empleados contratados siguen esperando después de muchos años su regularización. Esto a su vez es de gravedad, ya que la próxima gestión deberá indemnizar a estos inescrupulosos para que abandonen sus cargos políticos y no de carrera, condicionando al nuevo gobierno.

Estamos en presencia de un salario básico igualado, y hasta en algunos casos por debajo de cualquier ayuda social estatal, lo cual provoca la desazón de quienes aún creen en la dignidad del trabajo. Las bases disconformes y angustiadas por no llegar a fin de mes, y por otro lado el encargado de la negociación conforme con lo obtenido, habla a las claras que se encuentran disociados los intereses y por ende existe una crisis de representación luego de más de treinta años de látigo y billetera, aprietes y acomodos.

Sin dudas ha fracasado el modelo kirchnerista-sindical veinticinqueño de crear empleo genuino y sustentable económicamente, de premiar a quien trabaja, cumple y tiene ganas de crecer y superarse. Si nos circunscribimos a comparar los patrimonios de quienes entraron al mismo tiempo al municipio hace cuarenta años, los que no abrazaron la representación gremial siguen andando en bicicleta.

 

(*) Ramiro Egüen es abogado y dirigente del GEN.

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