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19 de mayo de 2021 | Opinión

El territorio liberado por Azerbaiyán

La otra cara de Karabaj, entre desplazados y minas

La segunda guerra del Alto Karabaj, que enfrentó a Azerbaiyán y Armenia entre septiembre y octubre del año pasado, concluyó con la victoria del primero y con la recuperación de los territorios que fueron ocupados por la fuerza por parte de Armenia desde 1992.

HORACIO DELGUY

por:
Agustín Menéndez

El conflicto llegó a su fin con una declaración trilateral firmado por el presidente Ilham Aliyev por Azerbaiyán, el presidente Vladimir Putin por Rusia y el primer ministro Nikol Pashinián por Armenia.

La autodenominada “República de Artsaj”, estado cuya soberanía no es reconocida por ningún estado del mundo, fue justamente la creación ideada por Armenia para disputar una soberanía que es incontrastable desde el punto de vista histórico y del derecho internacional público. Con esa estrategia, se intentó sostener un derecho a la autodeterminación por parte de un pueblo establecido a costa del desplazamiento de otro.

En respuesta a esta situación, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en el año 1993 adoptó cuatro resoluciones (822, 853, 874 y 884) por las cuales se reconocía la integridad territorial de Azerbaiyán en la región, y se condenaba la agresión armenia y a la vez que el máximo órgano de la ONU expresaba preocupación por la situación de los desplazados.

Azerbaiyán es refugio desde entonces de una de las poblaciones víctimas de desplazamiento interno más grandes de la historia, cuya cifra ronda en más de un millón de personas. Pero aún hoy, tras la recuperación de los territorios ocupados ilegalmente por Armenia (que representaban un 20 por ciento del territorio internacionalmente reconocido de Azerbaiyán), estas familias ven obstaculizado el camino para rearmar sus vidas, para regresar a sus hogares donde hace treinta años fueron expulsados. Esto es debido a la destrucción total de las ciudades de Karabaj, de su infraestructura y hasta del medio ambiente.

La gestión sobre las urgencias para las condiciones de los desplazados internos en Azerbaiyán ha sido ejemplar: está reconocido internacionalmente que no han sufrido discriminaciones dada su condición de personas forzadas a huir de sus hogares, y fueron de forma rápida contenidos en sus necesidades desde el estado a través de amplios programas de vivienda y trabajo (se distribuyeron en 62 ciudades generando 1600 asentamientos poblacionales). Estamos, también, hablando de una de las poblaciones de desplazados internos más grandes en relación a la población total de un país.

Ahora bien, en este contexto postconflicto, se incorpora un nuevo ingrediente a la trágica situación de una zona devastada por la desidia y la destrucción de ciudades enteras: el minado del territorio. Azerbaiyán, en este sentido, ha solicitado que se haga entrega de los mapas donde se encuentran las minas instaladas por Armenia.

La problemática, dada la falta de cooperación armenia, ya dejó un centenar de heridos azerbaiyanos y militares rusos desplegados temporalmente en la zona como contingente de mantenimiento de paz. Dado el afán de retorno y avalado por el derecho internacional, cientos de ciudadanos azerbaiyanos regresarán a las ciudades que fueron hogar de sus familias por generaciones; pero muchos de ellos se vieron ya afectados por saqueos y destrucción intencional. Las minas anti-persona están perfectamente camufladas, ya que algunas de ellas fueron cubiertas con goma espuma pintada simulando una roca o la tierra, lo que dificulta seriamente su detección tanto como expone la intencionalidad de daño. Esta situación es inaceptable desde el punto de vista del derecho humanitario, en un contexto en que se busca una pronta reconciliación entre las partes con el objetivo de preservar las vidas humanas involucradas.

Lo obstante, respecto a este retorno de los desplazados, Azerbaiyán rápidamente ha puesto en marcha un ambicioso plan para la región de Karabaj. El mismo consiste en afianzar el nuevo equilibrio geopolítico para la zona, impulsar la diplomacia energética y el transporte, que tantos frutos ha dado no sólo a la región del Cáucaso en general sino a toda Europa, en tanto expande su matriz energética y comunicacional, y proyectos pilotos para aldeas inteligentes, donde se reconstruirán ciudades enteras poniendo el foco en vivienda, energías alternativas, agricultura inteligente y transporte (como por ejemplo el que se está realizando en el distrito de Zangilan con los proyectos Aghali I, II & III).

Durante siglos armenios y azerbaiyanos vivieron en las mismas tierras y, en recientes años, la distorsión de la imagen que cada uno tiene del “enemigo” ha llevado a un punto que pareciera ser de no retorno, lejano este de un pasado común de prosperidad y paz.

La búsqueda de apropiarse o de construir una única verdad o interpretación unívoca de la historia, conlleva a socavar cualquier posibilidad de reconciliación entre ambos pueblos; en línea con el error de caer en los olvidos parciales y las memorias tomadas como verdades absolutas, esta vía no dará cuenta de la magnitud que el perdón puede llegar a lograr en pos de un futuro pacífico.

 

(*) Agustín Menéndez es licenciado en ciencia política (UBA). Cursó estudios de maestría en historia (UTDT). Actualmente está finalizando estudios de abogacía (UBA). Becario KGIP (Korean Government Invitation Program). Especializado en temas de la Península Coreana y la violación de derechos humanos en Corea del Norte. Actualmente trabaja en la Unidad de Información Financiera en el área de Coordinación Internacional en materia de lavado de activos y financiamiento del terrorismo.

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ETIQUETAS DE ESTA NOTA

Azerbaiyán, Armenia, Karabaj

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