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20 de mayo de 2021 | Historia

Primera Junta de Gobierno

Celebramos un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo

Los criollos se destacaron en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas y escalaron posiciones dentro de la sociedad rioplatense. La figura de Cornelio Saavedra, comerciante y líder de los patricios, se potenció.

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por:
Alberto Lettieri

El conflicto con los comerciantes peninsulares que gozaban de privilegios, como por ejemplo la exclusividad de introducir y vender productos que llegaban de España, no tardó en producirse. Los americanos exigían el libre cambio y una redefinición más favorable del pacto colonial, cuando no directamente la independencia. Las milicias aportaron una organización armada desvinculada del viejo sistema administrativo y militar, lo que incrementó la autonomía porteña.

En tanto, en la península, José Bonaparte había asumido la corona en la llamada “farsa de Bayona” (1808). En España y en algunos lugares de América se formaron juntas de resistencia que asumieron el poder a nombre de Fernando VII, reiterándole su fidelidad. Sin embargo, al año siguiente (1809) se estableció una Junta en Chuquisaca –actual Bolivia– que convocó a la emancipación. Las elites letradas criollas, que habían incorporado las ideas de la enciclopedia y las enseñanzas de la Revolución Francesa, no tardaron en sumarse a la propuesta.

Mientras tanto, la Junta Central de Sevilla, que pretendía resguardar los intereses de Fernando VII, se hizo eco de las sospechas sobre el posicionamiento filofrancés de Liniers y lo reemplazó por Baltasar Hidalgo de Cisneros, quien llegó a Buenos Aires en julio de 1809. Liniers hizo oídos sordos a las recomendaciones de los sectores criollos más radicalizados, que optaban por resistir el reemplazo, y acató la resolución. A cambio recibió su nombramiento como conde de Buenos Aires (15 de mayo de 1809) y se le permitió retirarse a una estancia jesuita de la provincia de Córdoba.

El 13 de mayo de 1810 se tomó conocimiento de la caída de la Junta Central de Sevilla, último bastión de la resistencia. Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Mariano Moreno e Hipólito Vieytes, jóvenes ilustrados que lideraban un proyecto independentista, exigieron la convocatoria de un Cabildo Abierto. Su convicción revolucionaria contrastaba con la decisión de reafirmar la lealtad monárquica que predominó en Montevideo y Asunción. Los patriotas porteños no adoptaron una posición homogénea. Mariano Moreno y Castelli alentaban la participación popular, la creación de un gobierno propio y la inmediata proclamación de la independencia, eliminando simultáneamente la matriz colonial y aplicando drásticas medidas sociales y económicas. Cornelio Saavedra, prestigioso jefe de Los Patricios, sostenía tesis mucho más moderadas.

La legitimidad de Cisneros era a esa altura objetable, ya que había sido designado como virrey por una Junta que había caducado. Para discutir esta cuestión se convocó a un Cabildo Abierto para el 22 de mayo. Allí se decidió reemplazar el régimen virreinal por una Junta de Gobierno presidida por el propio Cisneros. Esta propuesta era avalada por los cabildantes españoles, ya que implicaba una reafirmación del lazo colonial, pero encontró gran resistencia en la dirigencia criolla y en la población, y no tardó en generarse un clima destituyente. Agitadores revolucionarios se manifestaban en las calles exigiendo el libre ejercicio de la voluntad popular, con gran convocatoria, lo que llevó a Cisneros a renunciar. La movilización social se profundizó y el 25 de mayo se organizó la Primera Junta de Gobierno, presidida por Cornelio Saavedra, junto a Mariano Moreno y Juan José Paso como secretarios, y a Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Juan Larrea y Domingo Matheu como vocales. La Revolución de Mayo se había concretado.

La Primera Junta asumió formalmente el gobierno a nombre de Fernando VII, en el marco de su estrategia de suceder a España como metrópoli del espacio virreinal. De acuerdo con el Pacto Colonial, el Cabildo de Buenos Aires tenía solo atribuciones administrativas sobre la ciudad y su ejido. El proyecto hegemónico porteño debía ser enmascarado, apelando a la defensa de los intereses monárquicos.

Una vez creada la Junta, las diferencias entre los dos grupos predominantes se radicalizaron. Moreno lideraba la rama jacobina de la Revolución, y se había hecho notorio por su traducción del contrato social, sus críticas a la administración virreinal y su desempeño como defensor de los Pueblos de Indios. Ya como secretario de la Junta fundó el periódico oficial La Gazeta de Buenos Aires, desde donde difundió las nuevas ideas. Moreno aspiraba a que la revolución promoviera cambios profundos en la sociedad y consideraba que la violencia era el medio adecuado para acabar con los fundamentos e instituciones aristocráticos de América. Saavedra, en cambio, privilegiaba el consenso, y su preocupación principal radicaba en la consolidación del gobierno y la promoción de los intereses criollos. Su proyecto aspiraba a incluir a representantes de los cabildos del virreinato en una Junta Grande, para incrementar la gobernabilidad.

La llegada de nueve representantes del interior motivó un agitado debate sobre su incorporación a la Junta. Mientras Saavedra los consideraba como miembros plenos, Moreno solo aceptaba integrarlos en un Congreso creado a tal fin, mientras la Junta mantenía el Poder Ejecutivo. Esta posición fue desestimada, y Moreno solicitó su designación como diplomático para gestionar el apoyo de las cortes de Brasil e Inglaterra, iniciativa inconclusa debido a su misterioso deceso en alta mar.

La Junta Grande intentó establecer un orden institucional. En cada capital de intendencia creó juntas provinciales a cargo de un gobernador intendente designado por Buenos Aires y de cuatro vocales elegidos por los vecinos. A su vez, cada junta provincial era responsable de las juntas de las ciudades bajo su dependencia a cargo de un gobernador delegado y dos vocales. Este modelo fue resistido en las provincias ya que afectaba su autonomía.

El gobierno revolucionario fue desconocido por las autoridades del Alto Perú, el Paraguay y la Banda Oriental, que se negaron a enviar representantes a la Junta Grande. Esta negativa motivó el envío de tropas, al que inicialmente se había opuesto Saavedra. Castelli fracasó en Potosí y Belgrano en el Perú. En la Banda Oriental, el caudillo José Gervasio de Artigas había promovido una insurrección rural en respaldo de la revolución, por lo que se enviaron tropas en su apoyo, aunque no consiguieron vencer al nuevo virrey Elío, quien, como contrapartida, bloqueó el puerto de Buenos Aires con la flota española. En tanto, en la provincia fracasaba un levantamiento contrarrevolucionario encabezado por Liniers, quien fue ejecutado.

La conducción de Saavedra comenzó a cuestionarse. El curso de la revolución había demostrado que el consenso no era la solución. Mariano Moreno obtenía así una victoria póstuma. En abril de 1811, Saavedra consiguió desactivar una conspiración en su contra. Poco después, debido a que la pérdida del Alto Perú había clausurado el circuito comercial, la Junta encomendó a su presidente la reconquista de la región. Su partida descabezó a la Junta, en una situación militar complicada y en pleno bloqueo del puerto. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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