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3 de junio de 2021 | Historia

(1916-1922)

La prensa y la Reforma Universitaria en el primer gobierno de Yrigoyen

Durante el primer gobierno de Hipólito Yrigoyen, la oligarquía terrateniente intentó marcarle la cancha para mantener sus tradicionales privilegios. Para ello se aferraron a su control cuasi monopólico de la prensa, que les resultaba esencial para retener la capacidad de veto sobre el ejercicio del poder político.

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

De este modo, si bien aceptaron a desgano resignar su control directo sobre las instituciones políticas con la sanción de la Ley Sáenz Peña –que puso fin al fraude que posibilitaba su control del sistema electoral–, sostuvieron a sangre y fuego su monopolio sobre la prensa y la educación.

Es por entonces que se inicia la tarea destructiva de La Nación, La Prensa y Crítica, en pos de limar los cimientos del régimen democrático y popular. Habilidad que iría desarrollando con esmero la prensa oligárquica hasta el presente. Los virulentos editoriales, las sospechas infundadas y la sistemática distorsión de la realidad emprendida por los voceros de la alianza colonial irían corroyendo lentamente la posición de Yrigoyen.

El “Peludo” era acusado alternativamente con argumentos contradictorios. Primero era “obrerista” o “rojo” por darle la bienvenida a la emancipación de las clases subalternas que había venido con la Revolución Rusa; luego, era cuestionado por sus limitadas iniciativas a favor de los trabajadores o bien por su negativa a ahogar en un baño de sangre “preventivo” los justos reclamos obreros; y más tarde era acusado de “demagogo” por incrementar el empleo público o de “estatista” al impulsar la creación de YPF

Lo cierto es que el caudillo radical terminó su mandato totalmente debilitado y, de hecho, no estuvieron ausentes las conspiraciones para derrocarlo. Solo su habilidad política le permitió evitar la deposición al escoger, como candidato partidario a su sucesión, al afiliado que más garantías ofrecía a esa oligarquía: Marcelo Torcuato de Alvear, un patricio, dandy, terrateniente y multimillonario que presentaba a priori el perfil adecuado para disolver cualquier sospecha sobre una eventual profundización del programa nacional tímidamente enunciado por Yrigoyen.

Para el “Peludo”, Alvear aparecía como un político contradictorio y con limitada capacidad de liderazgo, ideal para permitir la continuidad de su ejercicio del poder desde las sombras. A poco de andar, el nuevo presidente demostraría la escasa veracidad de tales pronósticos.

Entre los estudiantes universitarios de la provincia de Córdoba se gestó, en 1918, un movimiento de reforma política y educativa que rápidamente habría de alcanzar dimensión continental. La Reforma Universitaria se planteó, por entonces, como una iniciativa de ruptura con el modelo jerárquico impuesto por el régimen oligárquico. El programa de los estudiantes incluía la exigencia de autonomía universitaria, un co-gobierno con participación estudiantil y el libre ejercicio de la actividad política en los claustros.

De este modo, rectores, decanos y demás autoridades debían ser elegidos por los docentes y los estudiantes agrupados en un orden estamental compuesto por tres claustros (profesores, graduados y alumnos), alternativa que reemplazó al mecanismo precedente de designación a cargo de las autoridades estatales. La Reforma incluyó también la inclusión de diferentes posturas ideológicas y de nuevos contenidos, a través de la creación de cátedras libres.

Con el respaldo del gobierno de Yrigoyen, la Reforma Universitaria consiguió aprobarse en 1918. Su proclamación fue asociada con el proceso de ascenso social que experimentaban por entonces las clases medias; sin embargo, es necesario realizar una serie de aclaraciones. 

En primer lugar, la reforma no habilitó el ingreso de las clases medias a la universidad, ya que esa entrada de nuevos estudiantes se venía registrando desde los tramos finales del régimen oligárquico.

En segundo lugar, tanto por su concepción conservadora –un sistema de claustros que recordaba a los Estados Generales del Antiguo Régimen francés– como por adolecer de un reclamo de gratuidad, la universidad siguió siendo tarifada, no adoptó una matriz auténticamente democrática y se mantuvo exclusivamente al alcance de las clases altas y medias, situación que recién sería modificada durante el gobierno de Perón

En tercer lugar, si bien el autogobierno garantizó la autonomía de la universidad, esta independencia no significó necesariamente un incremento de su compromiso social. De este modo, a diferencia del modelo universitario previo, que proveía de cuadros al régimen oligárquico, la Reforma Universitaria propició la creación de una especie de microclima que no siempre estuvo en sintonía con las demandas sociales y las urgencias del estado nacional. A menudo adoptó un cariz opositor, no solo a las dictaduras cívico-militares, sino también a los programas de orientación nacional y popular. 

En síntesis, la universidad se convirtió en una especie de isla donde problemáticas, contenidos y debates impulsados desde los países centrales encontraban un desarrollo tardío y subalterno, mientras permanecía protegida de la contaminación plebeya por los muros culturales de los claustros, situación que haría eclosión con la llegada del peronismo. (www.REALPOLITIK.com.ar) 


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