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30 de junio de 2021 | Cultura

Himno originario

“Rebelde”: 55 años de un mito fundacional del rock argentino

De hornearse en Gesell a bardear la coqueta calle Arroyo: la fugaz pero decisiva historia de Los Beatniks y aquella canción que marcó un antes y un después.

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

En enero de 1966, un grupo de jóvenes porteños alquiló una amplia casa en una esquina de Villa Gesell. Una historia como tantas otras, salvo por un elemento fundamental: en ese lugar, aquellos muchachos hicieron las canciones y formaron la banda con la que meses después se grabaría uno de los primeros discos del rock en Argentina.

El Juan Sebastián Bar, los Beatniks y la canción "Rebelde", todos sucedidos durante ese verano, ubicaron a Gesell en un lugar de privilegio a la hora de reseñar los orígenes del prolífico rock nacional. En ese entonces, los veranos geselinos eran momento de encuentro entre jóvenes artistas. Gente del cine, como Leonardo FavioOscar Caballero o Héctor Pellegrini, fue de la primera en hablar con entusiasmo sobre ese lugar a menos de 400 kilómetros de Buenos Aires. 

Las historias de paseos en malla por las calles y fogones en la playa hasta la madrugada se desparramaron, generando curiosidad e interés. Muchos folcloristas viajaron con sus grupos. Además del Chango Farías GómezHernán Figueroa Reyes y los Huancahuá, participaba de esas tertulias de verano Argentino Luna, nacido en Madariaga y criado en Villa Gesell. 

Todo esto bien lo recuerda Pajarito Zaguri, a quien Argentino Luna le enseñó a tocar la guitarra en aquella temporada: "Fue en el boliche La Polilla. Yo no sabía tocar, y le rompía las pelotas para que me explicara. Entonces me decía: 'poné un dedo acá, otro allá, y empezá a tocar; te voy a enseñar a cantar una zamba'. Aunque nunca fui un virtuoso del instrumento, al menos tengo el orgullo de haber aprendido de un gran folklorista". 

Pajarito lo llamaban así desde el primario, aunque el apellido artístico se lo puso Rodolfo Kuhn ese verano, refiriendo al por entonces novio de Brigitte Bardot. El cinestasta venía de filmar "Los jóvenes viejos" en Mar del Plata, y una noche se apareció en el bar donde Zaguri trabajaba de lavacopas. Se hicieron amigos y Kuhn lo invitó a participar de "Los inconstantes", rodada en Gesell. "Tuve unas apariciones haciendo de mí mismo en una película que fue un delirio, porque exageraba las cosas que supuestamente pasaban ahí. Después, la gente iba buscando eso y se terminaba encontrando con otra historia", dijo. 

De regreso a Buenos Aires, Pajarito Zaguri empezó a frecuentar La Cueva de Pueyrredón, el bar La Perla de Once y Plaza Francia, espacios en los que se modeló cierta la protohistoria del rock en Argentina. Allí se vinculó con otra gente que también había conocido Gesell, y que además tenía la intención de abrir un boliche durante el verano. Pajarito viajó en noviembre de 1965 junto a Moris Birabent, uno de los socios en el emprendimiento, para examinar el sitio previsto: un bar en 105 y playa. Volvieron con la noticia de que habían señado una casa en 107 y 2. "El hijo del dueño de la inmobiliaria había pegado onda con nosotros y nos recomendó este otro lugar, que era una casa con un living muy grande. Boliches geselinos de la época, como La Redonda, El Chivo Negro o Cariño Botao, estaban armados sobre casas, e incluso para hacer La Polilla tuvieron que tirar abajo la pared de un living", describió Zaguri

La operación la cerraron con el aporte invalorable de dos personas que jamás conocieron el lugar: el padre de Moris –que puso la garantía- y Sandro. "Fuimos a pedirle unos mangos, y el gitano sacó la billetera al toque. Nos habíamos curtido juntos en La Cueva de Pueyrredón, pero él tomó otro camino y la re pegó. Preguntó cuánto necesitábamos y la puso a disposición, sin boludeos. Muy generoso y muy groso, porque faltaba guita y, gracias a su gesto, se pudo abrir el bar", afirmó Pajarito. Quien... tampoco conoció el Juan Sebastián Bar: había chocado un auto contra la iglesia principal y tuvo que escapar a Mar del Plata. 

El lugar abrió como Juan Sebastián Bar en enero de 1966. El nombre estaba influido por ciertos gustos barrocos de sus dueños y la similitud fonética con Juan Sebastián Bach. Además de tomar un trago y hacer relaciones, en el boliche también se podía ver una banda en vivo. Se hacían llamar Los Beatniks, y al principio eran apenas dos tipos: Javier Martínez en batería y Moris Birabent en voz y guitarra, desde la cuál además salían los bajos a través de un sistema de artesanal de micrófonos. 

Con los días, se sumaron el bajista Antonio Pérez Estévez (que también tocaba jazz en La Mosca Verde, otro boliche emblemático de los 60' geselinos) y un tal Iván, fugaz cantante de verano, del que nadie recuerda su apellido. Todos dormían en otros sectores de la propiedad, que bien podía ser el cómodo departamento que estaba al fondo, o las carpas montadas en un terreno adyacente. 

Los Beatniks tocaron también en otros lugares de Gesell tales como La Cafetera Loca, Boom y el club Defensores. Sus métodos de promoción eran de los más diversos. Moris recuerda que para esa época ya tenían una versión casera de "Rebelde", grabada en un casete, y la hacían sonar mientras circulaban con un camión prestado. También salían enfundados con sobretodos negros al pleno sol de la playa y levantaban una pancarta que decía: "Usted no viene solamente acá por la playa y el mar, usted también viene a ver el show del Juan Sebastián Bar". 

Claro que no todo era frenesí y libertad: Arturo Illia era presidente desde 1963, pero para ese verano del '66 su suerte ya estaba echada; apenas le quedaban unos meses antes del Golpe de Estado liderado por Juan Carlos Onganía. La irrupción represiva se sentía en la calla. "Una vez hicimos una especie de "happening" arriba del techo del Juan Sebastián Bar, y aparecieron dos botones que nos querían meter presos. Yo me bajé y les tuve que dar una explicación intelecto-psicológica para que entendieran que no había nada de malo en eso, que todo se trataba de un momento de alegría", evocó Moris

La posibilidad de tocar constantemente le permitió a Los Beatniks modelarse en crudo y profundizar la búsqueda de una identidad. Así, comenzaron a aparecer sobre las tablas del Juan Sebastián Bar las primeras composiciones propias. Que sonaban al rock que ya se escuchaba en Estados Unidos e Inglaterra, pero que aportaban una novedad insólita: letras en castellano. Hasta ese entonces solo hubo algunos intentos cercanos. El de Johnny Tedesco fue uno de ellos.

Pero Los Beatniks era otra cosa. "Era inconcebible para el mundo adulto, de la música y los discos, que tipos como yo, Spinetta, Manal o Pappo decidiéramos ser compositores. Porque "compositor" era un señor serio, grande. Compositores eran CadícamoTroiloPiazzolla; músicos reconocidos, que habían estudiado. Nosotros éramos unos insolentes ¿Cómo íbamos a ser compositores? Creían que lo nuestro iba a ser algo pasajero", explicó Moris.

Una vez terminada la temporada, cerró el Juan Sebastián Bar. Y todos volvieron a Buenos Aires. Pero el germen de Los Beatniks ya estaba armado, no había marcha atrás: se fue Javier Martínez (Manal estaba en el horizonte), regresó Pajarito Zaguri y consiguieron una oportunidad para grabar en la poderosa discográfica CBS. 

De la sociedad entre Zaguri y Birabent salieron las dos canciones registradas en el simple. La más emblemática, en el lado A: "Rebelde". Un manifiesto inconformista de esa generación de clase media porteña díscola que encontró distintos estímulos culturales en los '60. Y también una aclaración en tiempos donde brotaban las flores del hipismo: "Yo creía en la paz, pero no andaba con una flor en la mano. Porque estaba dispuesto a pelear con todos, los militares, la policía, los abogados, mi familia y cuanto se me pusiera por delante", aseguró Moris

El simple con dos canciones salió a la venta en los últimos días de junio de 1966.  Para promocionarlo, los músicos se subieron a la caja de una camioneta a la altura del Microcentro porteño. Así, fueron tocando "Rebelde" una y otra vez en el trayecto. Y terminaron frente a la disco Mau Mau, boite distinguida de la calle Arroyo. Incluso lograron la cobertura mediática de algunas revistas amarillistas. Buscaban llamar la atención escandalizando a la parte coqueta de Retiro. Y lo consiguieron. 

Pero disco vendió apenas 500 copias y la CBS les retiró todo el apoyo. A las pocas semanas, la banda se separó. Sin embargo, los frutos fueron tan grandes como la apuesta: aquella grabación marcó un quiebre que aceleraría la decantación de esa nueva escena de rock argentino. Las condiciones en las que La Balsa se impuso como primer éxito comercial del rock argentino tal vez no hubiesen sido posibles sin aquella experiencia iniciática de Los Beatniks, creada y fortalecida durante el verano de 1966 en Villa Gesell. Aunque Moris lo relativice: "A veces dudo de esas cosas. Lo nuestro fue apenas el triunfo de gente que luchó por hacer canciones en su idioma, con sus propias letras, grabarlas, darlas a conocer y tratar de que trascendieran. Haber volado de más. No sé si el Juan Sebastián Bar, Los Beatniks y 'Rebelde' fueron importantes. Para mí, importantes fueron Edison o Pasteur". (www.REALPOLITIK.com.ar)

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