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8 de julio de 2021 | Historia

Conflictos

La sanción de la Independencia en Tucumán: ¿El inicio de la “grieta” en la Argentina?

La Asamblea del año XIII inició el “ciclo independentista” en nuestro país, que habría de completarse con las decisiones de los Congresos de Oriente (1815) y de Tucumán (1816).

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

La Asamblea se inauguró el 31 de enero de 1813 y fue singularmente activa en sus primeros tramos. Eliminó el trabajo forzoso y los instrumentos de tortura, declaró la libertad de vientres, aprobó un sistema de pesos y medidas y creó un Escudo Nacional. Sin embargo, la sanción de la Independencia fue postergada una vez más, debido a la permeabilidad de Carlos María de Alvear, cada vez más influyente en la política rioplatense, a la presión inglesa. La Asamblea decidió profundizar la centralización política y creó un gobierno unipersonal, a cargo de un director supremo acompañado por un Consejo de Estado de nueve miembros y de un Congreso al que se le asignaban funciones legislativas. El primer director supremo fue Gervasio Posadas, tío de Alvear.

El alvearismo rechazó la incorporación de los delegados de las provincias del Litoral y de Artigas, cuestionando características técnicas de su designación. Las razones de fondo era muy otras: el rechazo de las prácticas adoptadas por Artigas, que tomaba sus decisiones en asambleas e incluía en pie de igualdad a negros, nativos, mulatos, mestizos y blancos; su negativa a aceptar el centralismo porteño y la decisión política inglesa de crear de un tercer Estado, a fin de impedir que el Río de la Plata y el Brasil compartieran la exclusividad del control sobre el Atlántico. Este “estado tapón” permitiría sembrar la discordia entre ambas naciones y garantizar la injerencia británica en la región.

El rechazo de los diputados artiguistas motivó la convocatoria del Congreso de Oriente, reunido en Concepción del Uruguay, con la participación de representantes de la Banda Oriental, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, una delegación cordobesa, las misiones y pueblos indígenas, bajo el liderazgo de Artigas. Este Congreso fue el primero en declarar la Independencia y un régimen confederal, el 29 de junio de 1815.

La derrota de Napoleón y la inminente reposición de Fernando VII obligaron a la dirigencia porteña a tomar una resolución sobre la cuestión de la independencia, y para eso convocó a un Congreso a realizarse en Tucumán. De la convocatoria quedaron excluidas las provincias reunidas en el Congreso de Oriente, a excepción de Córdoba, que participó en ambos, aunque a través de facciones políticas enfrentadas. La presión del gobernador intendente de Cuyo, el general San Martín, resultó determinante para que el 9 de julio de 1816 se declarase formalmente la Independencia. Sin embargo, su recomendación de concretar un acuerdo con Artigas y la Liga Federal para unificar definitivamente el territorio no fue tenida en cuenta.

Las deliberaciones y posicionamientos adoptados en el ciclo independentista permitieron definir dos bandos, destinados a profundizar la “grieta” en la Argentina: los unitarios, que pretendían imponer un orden centralizado y jerárquico con sede en Buenos Aires, y los federales, que privilegiaban las autonomías provinciales y un sistema más laxo de integración. En tanto los primeros eran generalmente comerciantes urbanos con sesgo aristocrático, los segundos tenían origen rural (estancieros), con respaldo en las clases subalternas de ciudad y campaña. El líder de la posición centralista por entonces era Carlos de Alvear, quien aglutinaba a un grupo de acaudalados comerciantes que aspiraba a sellar un nuevo pacto colonial con Gran Bretaña o, cuanto menos, obtener su protectorado.

A principios de 1815, Alvear reemplazó a Posadas como director supremo, y desplegó una gestión caracterizada por la censura y la persecución de sus adversarios, rodeado de un influyente círculo de parientes y amigos que obtenía desmesurados beneficios a costas del erario público (contrataciones directas a precios exagerados, designaciones en funciones públicas, ventajas en el acceso al crédito, exención de obligaciones, etc.) Alvear cayó en el descrédito y debió renunciar cuando el general Álvarez Thomas, encargado de combatir a los artiguistas en Oriente, se rebeló y llegó a un entendimiento con el jefe oriental.

El respaldo de Artigas a la Revolución de Mayo motivó su reconocimiento como primer jefe de los Orientales y su designación como gobernador de Yapeyú. Sin embargo, su proyecto fue considerado demasiado radical por la dirigencia porteña, ya que aspiraba a construir una sociedad más igualitaria que tuviera en cuenta a los sectores populares y a las minorías étnicas. En 1815 el artiguismo aprobó el Reglamento Provisorio de la provincia Oriental, que disponía la expropiación de los bienes del enemigo en beneficio de las minorías étnicas que habían sido privadas de ellos hasta entonces. Los beneficiarios eran negros y zambos libres, nativos, criollos pobres y afrodescendientes. Las diferencias con el centralismo porteño eran abismales.

En 1816 los portugueses invadieron la Banda Oriental y Buenos Aires apoyó la intromisión con el argumento de que así se pondría freno a las pretensiones hispanas. Por el contrario, la Liga Federal constituida por las provincias del Litoral a favor de un proyecto confederal, nombró a Artigas “protector de los pueblos libres”. Sin embargo, la situación del jefe oriental resultó insostenible, al confrontar simultáneamente con los portugueses, Buenos Aires e, incluso, con sus lugartenientes Francisco Ramírez, caudillo y gobernador entrerriano, y Estanislao López, santafesino, quienes lo acusaron de excesivo personalismo.

El 9 de julio de 1816 los congresistas de Tucumán proclamaron la Independencia de las Provincias Unidas de América del Sur. “Fin de la revolución, principio del orden”, fue su lema, sin advertir que lo que se iniciaba por entonces eran las guerras civiles en nuestro territorio. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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