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12 de julio de 2021 | Nacionales

Elecciones 2021

Cierre de listas: Horas de tensión y negociación en el Frente de Todos

Si bien la atención de los medios se vuelca de manera prácticamente excluyente a la interna de Juntos por el Cambio, la ebullición dentro del Frente de Todos sobre la composición de las listas electorales no le va en zaga.

Los 8 puntos de ventaja que le asignan en promedio las encuestas en la provincia de Buenos Aires no son suficientes para esperar con tranquilidad las elecciones. Un gobierno que no sabe capitalizar sus logros y que permite que le impongan la agenda debe asistir a que su titánica tarea de vacunación de los últimos meses pasara a convertirse en una cuestión secundaria para la población, merced a la acción de los medios opositores.

En el Frente de Todos tienen en claro que los ingresos, la inflación y el incremento del consumo serán las claves para obtener la victoria amplia que se necesita para aspirar a una mayoría en la Cámara de Diputados y así poder comenzar a gobernar con agenda propia. Pero no se trata de una tarea sencilla.

Si bien Cristina y Máximo se quedaron con la lapicera para la confección de las listas en la provincia de Buenos Aires –la “madre de todas las batallas”, según la opinión uniforme–, su composición deberá respetar un doble requisito: respetar el loteo interno de cargos entre los cuatro espacios predominantes –cristinismo, La Cámpora, el “albertismo” y el Frente Renovador– y componer una boleta atrayente para los votantes. 

La competencia interna incrementa la tensión, ya que todos tienen en claro que los indecisos y los moderados son los que terminan definiendo las elecciones, y eso plantea un problema grave: el ultracristinismo exige una participación destacada y lo mismo hace La Cámpora, aunque quede en claro que no necesariamente son segmentos que puedan aportar votos. Más aún, esa misma encuesta de Analía del Franco que maneja el gobierno no sólo le asigna 8 puntos de ventaja; también señala que los intendentes a los que La Cámpora intenta pasar a retiro desde hace rato miden mucho mejor que sus propios candidatos, y también que Alberto y que Axel.

Cristina está preocupada por los datos electorales, ya que es ella la que tiene la responsabilidad de diseñar la ingeniería electoral para la victoria, para poder retroalimentar la unidad y avanzar en las políticas de estado. Alberto, en cambio, vive en el mejor de los mundos: desentendido también de esa tarea, se anima a chicanear a su vice: “Quiero ganarle a Cristina y que mi gobierno sea más progresista que el de ella, y que dé más derechos que los que dio ella”, afirmó públicamente días atrás.

Y no sólo eso: también insiste en meter baza en la gestión de la provincia de Buenos Aires, tal como lo denunció Sergio Berni en terreno enemigo, al afirmar que Alberto Fernández “pide mi renuncia todos los días porque no está de acuerdo con lo que digo”.

Con los datos en la mano, la estrategia electoral de colocar a la cabeza de la lista de diputados nacionales bonaerense a varios ministros nacionales “indeseables” para el cristinismo, con Santiago Cafiero en el primer lugar, no parece tan sencilla de llevar a cabo. Las aspiraciones hoy en día parecen ser más modestas y todo permite pronosticar que, de no mediar cambios importantes, los casilleros superiores de la boleta del Frente de Todos estará encabezada por moderados. Martín Insaurralde, como representante de la tercera sección electoral y aliado de Máximo, iría a la cabeza. Victoria Tolosa Paz podría ir en segundo término y "Juanchi" Zabaleta ocuparía el tercer lugar. 

El problema de fondo radica en que, con la presentación de una lista de estas características para atraer el voto moderado, se corren varios riesgos, por ejemplo, que quienes la vean demasiado light orienten sus votos hacia alternativas como la de Guillermo Moreno, o quienes la perciban demasiado combativa prefieran entregárselos a Florencio Randazzo

Y, en caso de ganar con semejante composición, aparece otro inconveniente: la imposibilidad de profundizar un rumbo más agresivo para las políticas públicas. La moderación es el terreno en el que Alberto –y no Cristina– se siente como pez en el agua. Esta preocupación se evidenció por estos días frente a la firma del DNU con Pfizer, que fue interpretada como una bajada de calzones del gobierno nacional ante la presión de la oposición política y mediática.

“Si recularon de este modo ante un laboratorio, ¿te imaginás lo que podría llegar a negociar Guzmán con el FMI, con el aval de Alberto?", encomendó un destacado legislador que nunca confió en la lealtad presidencial. (www.REALPOLITIK.com.ar) 

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