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4 de agosto de 2021 | Nacionales

Imagen debilitada

Cristina ya no es lo que era

El cierre de listas le dejó un sabor amargo a Cristina Fernández. De algún modo, significaba el momento en el que podía reinventarse, después de los dolores de cabeza que le había dado su elegido, Alberto Fernández.

Al promediar el mandato electoral, la vicepresidenta se está quedando con las manos vacías. No consiguió avanzar con la reforma judicial, Vicentín terminó en un papelón y los fondos que llegarán del FMI serán aplicados a pagar una muy modesta porción de la deuda criminal que contrajo Mauricio Macri. Y, por si fuera poco, debió aceptarse la donación de vacunas procedentes de los Estados Unidos e hincarse de rodillas ante las clausulas impuestas por Pfizer.

Cuando en ciertos momentos de la gestión de Alberto se sintió agraviada, Cristina salió a responder a través de cartas públicas. La definición de “funcionarios que no funcionan” en otro momento hubiera barrido a medio gabinete. Pero ahora nada pasó. Se fueron los que querían irse –como Marcela Losardo y ahora Daniel Arroyo–, Ginés González García renunció agobiado por la operación de Horacio Verbistsky, pero fue reemplazado por Carla Vizzotti, alguien de su propio palo y no del Instituto Patria. María Eugenia Bielsa también fue despedida, pero no por la desautorización de Cristina sino de toda la dirigencia política. 

Para peor, cuando logró avanzar un casillero dentro del gabinete, colocando a Martín Soria en reemplazo de Losardo, nada se modificó. Como la cerveza, el nuevo ministro fue pura espuma los primeros días, y después desapareció prácticamente del espacio público.  

El alejamiento de Daniel Arroyo fue una decisión personal que agrada a la vicepresidenta, pero no conseguirá imponer a su sucesor. “JuanchiZabaleta –un “albertista” de pura cepa– asumirá el próximo lunes.

Incluso el propio Martín Guzmán, a quien muchos dieron por muerto después del incidente con un subsecretario de La Cámpora, hoy aparece rehabilitado, paseándose por los medios y exponiendo sus ideas sin importarle la reacción de la vicepresidenta. Más aún, el desatino de las partidas que girará el FMI a todos los países miembro se utilizarán para lo que quería el ministro y no Cristina

En algún momento se habló de que Axel conducía o estaba pronto a conducir informalmente el curso de la economía, en tándem con la vicepresidenta. Hoy no sólo no son tenidos en cuenta, sino que las propuestas de ese tándem no sólo deben someterse a la lapicera de Alberto, sino también a los cambios que les impone la floreciente sociedad entre Máximo y Sergio Massa.

Consciente de su creciente debilidad y pragmática como siempre, decide presentar como decisiones propias aquellas que le son impuestas. Las vacunas o el ejemplo de los fondos del FMI son letales.

En el armado de listas, no consiguió ni siquiera que Alberto cediera a Santiago Cafiero en el distrito que la vicepresidenta considera como propio: la provincia de Buenos Aires. El presidente cuidó a los suyos e impuso a Victoria Tolosa Paz. Si bien es cierto que no consiguió colar a nadie más en las listas, e incluso debió aceptar que la esposa de Sergio Berni fuera incluída en un lugar expectable, el presidente se llevó el premio mayor: le torció el brazo a la que fuera la gran electora en 2019. 

En la mayoría de los distritos, las listas del Frente de Todos se construyeron prescindiendo de su opinión. En Santa Cruz su sector fue ninguneado, en Córdoba no la tuvieron en cuenta, en Buenos Aires pudo poner varios nombres a condición de que no “olieran a kirchnerismo”, por lo que su voz en Diputados, Fernanda Vallejos, fue excluida de las listas. Y en Santa Fe el trago fue aún peor, ya que debió acordar con Omar Perotti y María Eugenia Bielsa, cediéndoles el primer término en diputados y senadores respectivamente.

Este caso es el más grave, ya que la dupla Alberto-Santiago Cafiero se dieron en lujo de alentar la rebelión de Agustín Rossi –un kirchnerista histórico- contra su antigua “jefa”. Una vez hecho el daño, el presidente lo dejó en banda, lo excluyó del gabinete y hasta participó del lanzamiento de la lista de Perotti-Bielsa-Cristina, presentándola como propia. 

La decisión de imponer como presidente a Alberto Fernández –que en principio fue tomada como una genialidad de Cristina–demuestra que tal vez fue la peor de todas las que adoptó en su extensa trayectoria política. La vicepresidenta nunca se llevó bien con el diseño de una ingeniería electoral: en 2007 ganó gracias al armado de Néstor Kirchner, y en 2011 la benefició la muerte de su marido. En el medio se perdieron las elecciones de 2009 y, ya bajo su batuta, las de 2013, 2015 y 2017. En 2019 consiguió imponer al presidente, pero a costas de torpedear el principio de autoridad dentro del Frente de Todos. 

Ahora Cristina ya no gobierna ni decide a nivel nacional. Se conforma con la provincia de Buenos Aires. Pero con la salvedad de que, en un distrito que considera como propio, los resultados de las encuestas demuestran que son los intendentes quienes tienen las mejores mediciones y cuentan con el respaldo popular. A pesar de los intentos de liquidarlos que ensaya La Cámpora desde hace tiempo.

En 2019, ensayó un experimento, pero el resultado fue el inverso al esperado. Diluyó su poder, la arrinconó en la provincia de Buenos Aires y hasta la obligó a ceder en los puntos programáticos más irrenunciables. 

Incluso, la llevó a desentenderse de sus alfiles más fieles. Algo que no es nuevo: Julio De Vido, Amado Boudou o Luis D`Elía, entre muchos otros, pueden dar fe de que esa conducta no es nueva, sino una de sus características más negativas. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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