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7 de agosto de 2021 | Cultura

Censura y espionaje

Rock, espías y policías (II): Lobos, el Woodstock que no fue

La segunda entrega de esta saga recuerda aquel ambicioso festival organizado para la primavera de 1970 y su inesperada suspensión al cabo de intensos trabajos de espionaje de la Policía Bonaerense.

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

El rock argentino está lleno de hitos construidos con hechos recordables. Pero también con ucranias: qué hubiese pasado si. El Festival de Lobos, en la primavera de 1970, acaso haya sido el primero de todos ellos. Un evento que entró en la historia... por no realizarse. 

Aprovechando el furor que había generado el año anterior Woodstock (y otros similares en Monterrey y la Isla de Wight, al sur de Inglaterra) el locutor Edgardo Suárez había pensado un gran festival de tres días con los artistas más pujantes del momento. Suárez, vinculado a algunos círculos de aquel incipiente rock vernáculo, eligió un lugar dentro de un predio de 74 hectáreas sobre la laguna de Lobos, a 16 kilómetros de la zona de aquella localidad bonaerense. Lejos del epicentro porteño (más de 100 kilómetros de distancia) y bien adentro de un escenario bucólico, rural. Los "campos verdes de mi tierra natal" que Almendra había grabado en su disco debut un año antes. 

Según el periodista Dany JiménezLuis Alberto Spinetta dejó un fresco de esta no-experiencia en "Rutas Argentinas", especialmente en la parte donde canta: "Chicas y muchachos nos esperan allá, llevamos buenas cosas". Es que, a pesar de haberse suspendido a último momento, varios músicos y jóvenes en general igualmente viajaron al predio de Lobos elegido para el frustrado festival. Además de Almendra, la programación incluía a Manal, Los Gatos, Miguel Abuelo, La Barra de Chocolate y La Cofradía de la Flor Solar, entre otros.

Lo que había sucedido es, pocos días antes del comienzo del evento, el intendente de Lobos, Abel "Macoco" Culela (un conservador que el gobierno de facto había puesto al frente del municipio) decidió revocarle la autorización a Edgardo Suárez. ¿A qué se debió tan drástico e inesperado cambio? A los documentos de Inteligencia que había generado la Policía Bonaerense. En ese legajo de varias páginas, los espías detallaron todos los preparativos que se estaban realizando en el predio, pero a la vez se aventuraban a hacer pronósticos preocupantes sobre la conducta de los asistentes.

Para ese entonces, Suárez ya había montado tres escenarios (el principal y dos alternativos en quinchos) y doce baños individuales con paredes de machimbre y techos de chapa. Además, como el paraje de la laguna tenía una sala de primeros auxilios pero estaba inactiva, el locutor se comprometió a contratar personal de salud.

En un tramo clave del documento de Inteligencia, el espía designado a narrar el estado de situación explica: "El comisario seccional le ha solicitado a la Superioridad personal de refuerzo, ya que la dotación de la comisaría no llega a cubrir las necesidades. La dependencia policial más próxima es la sitada (SIC) comisaría, distante 16 km". Y alerta: "Se considera de absoluta necesidad instalar un Comando en el paraje, ya que para los días 20 y 21 del actual es común que concurran a las instalaciones públicas y privadas unas seis mil personas (y) estos lugares se hallan a unos 200 metros de la entrada del campo donde se realizaría el festival".

Según el agente de inteligencia, "debido a la clase de personas que concurrirían a éste "Hippies" (SIC), podrían producirse situaciones de roce, y es allí donde se aconseja la colocación permanente de este Comando".

Nótese la caracterización general de "hippies" a los posibles asistentes, escrito esto siempre entre comillas. Había toda una connotación en esa manera de redactar. Y también unos prejuicios alarmantes: para los espías, el festival "sería usado como centro de fumadores de 'hierba' (Cannabis) y para poder 'hacer viajes con la pastilla', por lo que se infiere que tendrán los primeros casos reales del uso del LSD".

En la primavera de 1970 el clima estaba caldeado y no apenas por la estación del año: en julio, la Junta Militar había desplazado a Juan Carlos Onganía, el presidente que encabezó el golpe de Estado contra Arturo Illia. El Cordobazo de mayo del '69 disparó las sirenas de un gobierno que ya había demostrado cuanto era capaz de reprimir en la Noche de los Bastones Largos. Como si eso fuera poco, a fines mayo del '70 los Montoneros hicieron su primera aparición pública con el secuestro y ejecución de Pedro Eugenio Aramburu. Había un creciente escenario de paranoia militar sobre las conductas juveniles. 

El Festival de Lobos fue pospuesto para el fin de semana largo del 12 de octubre. Pero nuevamente cancelado en la víspera. Allí fue cuando muchos jóvenes decidieron de todos modos viajar a Lobos, y con ellos fueron algunos periodistas.

La cobertura más extensa la hizo la revista Siete Días, cuya crónica fue titulada con amenazantes letras mayúsculas: "HIPPIES, GO HOME!". El texto sobre el festival cancelado era pródigo en observaciones burlescas: "el baqueteado asunto de Lobos fue el segundo fracaso del disc-jockey Edgardo Suárez"; "no fue más que un picnic"; "la mayoría de los visitantes se complacía en lucir estrafalarias vestimentas, ostentosos atuendos e increíbles caballeras". 

Además, el artículo daba cuenta de "un rumor preocupó a los vecinos", según el cual "se afirmaba que algunas personas estaban repartiendo gratuitamente marihuana para iniciar a los jóvenes en la práctica de fumar y obtener así nuevos clientes". 

Un tal Adolfo Cordeu, licenciado en comercialización y gerente de una firma que "fue a Lobos a ver qué pasaba", postuló ante la revista que "todo parece responder a una gran campaña que culminaría cuando se realice el festival, con el lanzamiento masivo del nuevo producto. Lo de este fin de semana puede ser un estudio de factibilidad que permitiría establecer las dimensiones del mercado y pulir los canales de distribución. Hay que comprender que el de la marihuana es un gran negocio, pues la mercadería carece de competencia y tiene un potencial de consumidores muy amplio".

Según la Inteligencia de la Bonaerense, a Edgardo Suárez no sólo se lo vinculaba con éste corrillo, sino también con ideas políticas que el gobierno militar combatía expresamente. Aunque, en ambos casos, los argumentos eran vagos e imprecisos: por lo primero, el espía apenas puede decir que "circulan en el ambiente artístico rumores de que es afecto a las drogas"), mientras que por lo segundo "se tiene entendido de que sería de ideario marxista", aunque "no citándose con antecedentes al respecto". 

La revista Panorama, en cambio, ofreció una mirada distinta sobre ese fin de semana lleno de jóvenes, pero ausente de bandas (en la previa, algunos llegaron a presagiar la friolera de 200 mil asistentes al festival). Y antes que dedicarse a fomentar rumores o imponer observaciones capciosas, el periodismo prefirió relevar las sensaciones de los neutrales de esta historia: los locales. Ni el gobierno municipal, ni la policía provincial, ni tampoco los artistas y sus seguidores.

Y allí aparece, sin ir más lejos, el mismísimo administro del Country Club Lobos, uno de los lugares donde se iban a desarrollar las actividades. "El gobierno ha interpretado mal el sentido del festival, un evento absolutamente inocente, capaz de promover la laguna como lugar de militarismo", rezongó Oscar Verón. En tanto, su auxiliar, Aristóbulo Moreto, aportó una mirada poética pero, al mismo tiempo, política: "La juventud quiere estar con el sol, con la luna, con la naturaleza, y alejarse de las ideologías. Lo que se buscaba era lograr la paz". 

Los insistentes impedimentos terminaron reduciendo la idea inicial de Edgardo Suárez, quien terminó llevando su festival rural al club Atenas, de La Plata. Prohibido en el campo, el rock se mudaba a una ciudad, aunque en un formato mucho más pequeño. La grilla volvía a incluir a Almendra, Manal, Los Gatos y Miguel Abuelo, a la vez que añadía a artistas como Moris o Arco Iris. Suárez tomaba su tercera intentona como una revancha, y así lo hacía saber en los afiches promocionales: "Para que La Plata sea un nuevo Woodstock". Motivos suficientes para que los espías se hicieran presentes otra vez.

Pero las reprogramaciones convirtieron al festival en un evento de segundo orden: durante todos los fines de semana de aquel noviembre de 1970, el interés se trasladó a la primera edición del B.A. Rock, organizado por la revista Pelo en el Velódromo de Palermo. Para el gobierno militar resultaba mucho más "dominable" un espectáculo realizado en la ciudad de Buenos Aires, y particularmente en un lugar acotado donde creían tener asegurado el control de los hechos. 

Según la Inteligencia de la Policía Bonaerense, a la primera noche del festival en el club Atenas (el sábado 27) asistieron apenas "450 personas, en su mayoría con vestimentas extrañas y cabellera muy larga". En la segunda jornada, domingo 28, los espías hacen una inferencia arriesgada: sostienen que la mayoría de los presentes fueron "contratados y traídos desde la Capital Federal". El documento señala que la gente responde "con gritos de histeria" y algunos "parecen bajo el efecto de estimulantes". No obstante, el despacho final reconoce que "no fue posible observar drogas u otro tipo de estupefacientes, solamente algunos hippies sentados en el suelo, tomando bebidas alcohólicas". 

Además, los agentes le dedicaron unos párrafos a la banda local La Cofradía de la Flor Solar, aunque pareciera que lo hicieron más para "llenar espacio" en el documento que por haber descubierto algo digno de amenaza: "No se han obtenido elementos de juicio que permitan juzgarla en correlación con modalidades de carácter subversivo o de tendencia ideológico-política alguna". Finalmente, la conclusión más cierta a la que llegaron los espías en esos escritos es la de calificar al evento como "un rotundo fracaso". 

Pese a todo esto, en el artículo que la revista Panorama había publicado en su edición del 28 de septiembre de aquel 1970, Edgardo Suárez dejaría un testimonio que tomaría valor con el tiempo: "Muchos me han preguntado si soy un líder para estos jóvenes: lo niego. No soy un líder para nadie. Han adquirido conciencia de grupo y ya no se sienten marginados porque ellos tienen precisos marcos de referencia. Pienso que caminan hacia la madurez. No olvidemos que también tienen ideas políticas y que votarán el el futuro. Que si es necesario provocar cambios de fondo, radicales, esa muchachada de hoy será un factor de presión". (www.REALPOLITIK.com.ar)

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