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15 de octubre de 2021 | Historia

Nacimiento del peronismo

El 17 de octubre de 1945

El 26 de enero de 1944 el General Juan P. Ramírez cedió a la presión de los Estados Unidos y rompió relaciones diplomáticas con el Eje, decisión que provocó una inmediata crisis ministerial.

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

La reprobación de la mayoría de los miembros del GOU forzó su alejamiento provisorio de la presidencia, el 24 de enero, antes de su renuncia definitiva, el 9 de marzo. Su reemplazante fue el General Edelmiro Farrell, quien se desempeñaba como vicepresidente y ministro de Guerra.

La influencia determinante que ejercía Perón sobre el nuevo presidente le permitió sumar dos nuevos cargos durante su mandato: el ministerio de Guerra, que puso a las Fuerzas Armadas bajo su autoridad, y la Vicepresidencia, en junio de 1944.

Perón desempeñó una intensa actividad durante su gestión en la cartera de Guerra. El 31 de mayo de 1944 se creó el Consejo Nacional de Defensa, que contaba con amplias facultades sobre los diversos ministerios, y poco después se inauguró en la Universidad de La Plata la Cátedra de Defensa Nacional, en cuya presentación sostuvo el concepto de “Nación en armas”, subrayando la necesidad de alcanzar el autoabastecimiento económico y de desarrollar la industria pesada.

Perón dispuso incrementar el equipamiento de las Fuerzas Armadas e impulsó la producción nacional de armamentos. El cuerpo de oficiales aumentó en un 40 por ciento y el Ejército dispuso del mayor número de efectivos de su historia: 138 mil hombres, de los cuales 104 mil eran conscriptos, y las remuneraciones fueron mejoradas significativamente.

La Aeronáutica recibió el estatus de fuerza autónoma, ya que hasta entonces era una rama del Ejército. Como compensación, la adquisición de blindados Sherman, Crusaders y Centauro posibilitó la creación de la Primera División Blindada y el Destacamento de Exploración Mecanizada.

En un principio, Farrell debió soportar la acción conspirativa de su ministro del Interior, Luis Perlinger, referente del nacionalismo católico-hispanista de derecha, en tanto el incesante protagonismo de Perón comenzó a generar cuestionamientos dentro del GOU, e incluso se exigió su reemplazo. A fines de mayo de 1944, Perlinger intentó escalar posiciones y propuso su propia candidatura a la vice-presidencia. La votación interna del GOU le significó un duro revés.

Perón exigió inmediatamente su renuncia al ministerio. El 5 de junio de 1944 Perlinger abandonó su cargo, y Perón fue designado vicepresidente, manteniendo sus funciones previas.

El liderazgo político de Farrell-Perón se había consolidado. En vistas de la definición de la guerra, resultaba urgente reposicionar a la Argentina en el nuevo orden mundial emergente. El 27 de marzo de 1945, el gobierno declaró la guerra a Alemania y el Japón, y desplazó del gobierno a varios nacionalistas extremos, como Bonifacio del Carril, Francisco Ramos Mejía, Julio Lagos, Miguel Iñíguez, Juan Carlos Poggi y Celestino Genta. Simultáneamente, se dispuso restablecer las libertades públicas y se levantó la clausura impuesta por Ramírez a los partidos políticos.

Sin embargo, los partidos políticos –socialistas, comunistas, radicales, conservadores y demócrata-progresistas– no se contentaron con esto y, amparados en la ofensiva republicana impulsada desde las flamantes Naciones Unidas, exigieron el retiro de los militares y la entrega del poder. En septiembre de 1945 realizaron una multitudinaria manifestación opositora, denominada Marcha por la Constitución y la Libertad.

La nueva alianza era apoyada por la Unión Industrial y la Sociedad Rural Argentina, que asociaban su eventual triunfo con la clausura de las políticas sociales de Perón, y a ellos se sumaba el nuevo embajador de los Estados Unidos, Spruille Braden, un lobbista de la United Fruit. Quedaba conformado así el colectivo al que Perón denominó, ajustadamente, los “nostálgicos del 43”, que a partir de entonces se constituyó en el núcleo duro de la oposición sistemática al proyecto nacional y popular.

En ese escenario de movilización destituyente, Perón multiplicó sus intervenciones radiales y sus declaraciones de prensa, convocando a la movilización de los trabajadores para mantener las conquistas logradas. Sin embargo, el 9 de octubre de 1945, Farrell cedió a la presión opositora, que había incorporado por entonces a algunos sectores de las Fuerzas Armadas, y exigió la renuncia de Perón, quien fue detenido y trasladado a la isla Martín García.

Si bien la detención de Perón calmó un tanto los ánimos de la oposición, que veía en ella una señal muy clara de la inminente reinstalación de las instituciones civiles de gobierno, caló hondo en las fábricas y barrios obreros, y pocos días más tarde se articuló una movilización de los trabajadores para exigir la libertad de su líder y el mantenimiento de las conquistas laborales. El día 16 de octubre, la CGT convocó a una huelga general para el día 18. Sin embargo, los trabajadores de los principales centros urbanos del país se movilizaron inmediatamente, y en la mañana del 17 columnas de obreros provenientes de la Capital y del Gran Buenos Aires marcharon hacia Plaza de Mayo para exigir la liberación de su líder, Juan Domingo Perón. Por primera vez en la historia argentina las masas de trabajadores se movilizaban a la histórica plaza para exigir el cumplimiento de sus demandas al gobierno.

“Era el subsuelo de la Patria sublevado”, graficaría por entonces Raúl Scalabrini Ortiz.

Ante la multitudinaria presencia de los trabajadores, los militares decidieron ceder y en medio de confusas maniobras Perón fue trasladado al Hospital Militar, en el aristocrático barrio de Palermo. Luego de un día de trabadas negociaciones, el líder popular fue liberado y esa misma noche, en una plaza colmada de trabajadores que aguardaban por su presencia, dio un memorable discurso desde el balcón de la Casa de Gobierno, donde anunció su retiro del Ejército y su compromiso con los trabajadores:

“Dejo, pues, el sagrado y honroso uniforme que me entregó la patria para vestir la casaca del civil y mezclarme con esa masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza del país”.

El resultado de la jornada fue la confirmación del liderazgo de Perón, aún ahora más fortalecido y convertido en líder político, y la afirmación de un vínculo perdurable con los trabajadores que le exigían su candidatura a presidente de la Nación en las elecciones que Farrell convocó para el mes de febrero de 1946.

A partir de este momento, se impuso una nueva dinámica en el escenario político. Las alianzas sociales quedaron definidas y expresadas en dos opciones políticas. Por un lado, la coalición organizada en torno a la figura de Perón fue sostenida inicialmente a partir del Partido Laborista, creado por dirigentes sindicales como Cipriano Reyes (del sindicato de la carne) y Luis Gay (del sindicato de los telefónicos), y que incluía a un desprendimiento de la UCR –la Junta Renovadora–, del cual provino el candidato a vicepresidente, Hortensio Quijano.

Por otra parte, apoyaron la candidatura agrupamientos independientes, como los Centros Cívicos Coronel Perón y algunos grupos conservadores provinciales. Asimismo, la fórmula peronista contó también con el apoyo de la Iglesia católica y de amplios sectores del Ejército. Frente a ella se levantó la Unión Democrática, que incluía a las fuerzas políticas y sociales que habían participado de la Marcha de la Constitución y la Libertad. Aun cuando la fórmula estaba compuesta por los radicales José Pascual Tamborini y Enrique Mosca, la ingeniería de la alianza que los respaldaba estuvo a cargo del embajador norteame-ricano, a punto tal que la campaña electoral giró en torno a la opción “Braden o Perón”.

Como golpe de efecto electoral, Braden impulsó la publicación del llamado Libro Azul, donde aseguraba que Perón y otros militares habían colaborado con los nazis. Perón le contestó inmediatamente con el Libro Azul y Blanco, en el que se denunciaba la reiterada intromisión del Departamento de Estado norteamericano en los asuntos latinoamericanos.

Las elecciones se celebraron el día 24 de febrero de 1946 y los antiperonistas se apuraron en anunciar que habían ganado. Sin embargo, el recuento de votos reflejó un resultado muy diferente, ya que Perón sumó 1.527.231 sufragios y 307 electores, obtuvo mayoría en ambas cámaras y se quedó con todas las gobernaciones provinciales, a excepción de Corrientes. La Unión Democrática alcanzó 1.207.155 votos y 72 electores.

El 17 de Octubre nació la Argentina moderna. (www.REALPOLITIK.com.ar) 


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