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21 de octubre de 2021 | Cultura

Aniversario y misterio

Virus: ¿Qué significa realmente la tapa de “Locura”?

En un nuevo aniversario del disco más emblemático de la banda, esta nota encuentra la respuesta al misterio que envolvía a la obra cumbre de Federico Moura y compañía.

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

Durante largos años, muchos nos preguntamos qué es precisamente lo que se ve en esa enigmática y atrapante portada: la que ilustra "Locura", el disco más exitoso y emblemático de Virus. Lleno de clásicos del rock y del pop argentino que hicieron escuela e influyeron a innumerable cantidad de artistas más allá de nuestro país (como "Pronta entrega", "Luna de miel en tu mano" o "Sin disfraz"), "Locura" fue publicado en octubre de 1985 y terminó de dinamizar el cambio que el grupo liderado por Federico Moura estaba realizando desde la new wave y el post punk inicial de "Wadu wadu" y "Recrudece", la experiencia de guitarras distorsionadas de "Agujero interior" (bajo la producción de Michel Peyronel, baterista de Riff) y el salto al synth-pop iniciado en "Relax".

La respuesta pareció llegar desde el Facebook oficial de Virus, justo cuando los hermanos Julio y Marcelo Moura anuncian el "regreso-despedida" de la banda junto a Mario Serra, otro de sus fundadores. "Daniel Melgarejo fue el elegido para el diseño del arte del álbum Locura. Antes de poner manos a la obra, conoció el título del disco y escuchó el material grabado. El resultado gráfico habla por sí mismo". 

"Pero... ¿te preguntaste alguna vez cuántas personas hay en el dibujo?", interroga la publicación. "La imagen define una sola persona, una mujer besándose en un espejo. ¿Sería su representación sobre los versos de "Tomo lo que encuentro?". Quizás la respuesta ya estuvo de siempre en la contratapa: ahí vemos solo el contorno de la imagen de la portada, lo cual realza, efectivamente, a un único individuo. 

Melgarejo le bastó con escuchar el disco para entenderlo todo. Y Federico descubrió en esa tapa a su voz hecha pintura. Daniel trabajó con acuarelas para dejar fosforescencia hasta en las sombras que se proyectan en los rostros para agudizar sus facciones. En la imagen hay mucho color. Pero también mucha tensión. Las mejillas angulosas, los ojos brillando, las pestañas erectas. Hasta los cabellos lucen suntuosos. Hay una mirada entre cómplice y provocadora. Todo eso se logró, increíblemente, con el blanco como tono dominante. Un fondo al que las bandas de la época le escapaban. La potencia está en la forma que ese blanco se interrumpe con trazos angostos pero firmes, desde las líneas hasta los rellenos. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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