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4 de enero de 2022 | Opinión

Lo que viene

La Revolución de los Asuntos Militares, más que seguridad y defensa

La Revolución de los Asuntos Militares (RAM) es un concepto introducido a principios de la década de 1980 por Andrew W. Marshall, quien tuvo acceso a las reflexiones de los soviéticos sobre el carácter potencialmente revolucionario de las nuevas tecnologías.

HORACIO DELGUY

por:
Heriberto Tejada

Marshall propuso que para ser auténtica revolución los avances tecnológicos debían ir en paralelo a cambios profundos en la doctrina, adiestramiento y orgánica de las fuerzas armadas.

En términos generales, sus críticos manifiestan que la existencia o no de la Revolución de los Asuntos Militares es una discusión académica que se mantiene desde décadas en los Estados Unidos y que versa sobre cómo pueden y deben ser explotadas las nuevas tecnologías existentes, o cualquier otro avance tecnológico, para garantizar el mantenimiento continuo de la eficacia de las fuerzas armadas y su empleo como elemento de seguridad tanto nacional como internacional.

La RMA es un fenómeno genuinamente estadounidense que resulta de la aplicación militar de los grandes avances tecnológicos en el campo de la informática, la electrónica y las comunicaciones que han venido produciéndose desde la década de los setenta.

Ciertamente, la centralidad de la información y el conocimiento en la conducción de la guerra a lo largo de la historia, tanto estados mayores como gobiernos han intentado maximizar el propio conocimiento del enemigo, esto sin contar todas las acciones que los gobernantes han utilizado en tiempo de guerra para influir sobre las voluntades y percepciones de la población.

Esta nueva forma de guerra no solo implica que los ejércitos desarrollen protocolos de actuación basados de ataques tanto físicos como virtual a los sistemas de información y comunicaciones del enemigo, sino también operaciones psicológicas y de propaganda mucho más efectivas que antaño gracias a la gran influencia que han adquirido los medios de comunicación en masa.

No es extraño que ciertos autores se atrevan a conjeturar que en un futuro no muy lejano ya no será necesario realizar costosas y peligrosas operaciones militares, pues solo con una computadora será posible ganar las guerras, bien alterando las bases económicas de la nación o actuando sobre la población civil mediante operaciones de guerra psicológica.

La propia forma de hacer la guerra ha cambiado y esto se visualiza, por ejemplo, en un campo de batalla radicalmente distinto del acostumbrado en la guerra moderna: unidades ligeras, muy móviles y con la altísima letalidad que brinda la precisión de las armas, sustituyen a las grandes concentraciones de fuerzas mecanizadas. El grueso de los ataques será realizado por sistemas de inteligencia a distancia, la capacidad de asestar golpes desde fuera del teatro de operaciones cobra una importancia sin igual.

No es casualidad, el avance en la profesionalización y la progresiva obsolescencia del servicio militar obligatorio en muchos países del mundo. Mientras tanto, por un lado, los incrementos en la letalidad del armamento, de su precisión y alcance, conducen silenciosamente a la reducción del número de combatientes en el campo de batalla. Por otro lado, se altera la naturaleza de la propia profesión militar: la alta sofisticación de los sistemas de armamento aunada a la reducción en el número de efectivos de las fuerzas armadas, han convertido al soldado en un técnico, en un especialista de guerra.

Los defensores de la RAM sostienen que los estados deben sacar la máxima ventaja posible de su actual poderío tecnológico, de forma que potencie un gran cambio en la forma de concebir, planear, ejecutar y finalizar una guerra de forma tan resolutiva y rápida que permita que la ventaja de este sendero sostenga la construcción de sistemas políticos de seguridad internacional.

Estos comentarios hacen patentes cuando se observa cómo el mercado militar estadounidense se levantó en el momento en que las industrias tecnológicas informática y el comercio electrónico declinaba. En la actualidad sendos profesionales de las tecnologías informáticas han encontrado su nicho en los conglomerados militares, mientras que las propias compañías de este rubro compiten por los onerosos presupuestos estatales destinados a la defensa.

Cuando de revoluciones en asuntos militares se trata, se implica la necesidad de encuadrar toda la diversidad de piezas complejas de los cambios tácticos, sociales, políticos, organizacionales y tecnológicos en una nueva aproximación a la guerra. La RAM actual está conllevando fundamentalmente un impacto que trasciende mucho más allá el análisis que hasta aquí esbozamos: se trata sobre todo de profunda transformación en la imagen y concepción social del conflicto, una nueva imagen de la guerra, denominada guerra postmoderna.

La RAM ha dado lugar históricamente a un incremento del poder militar observable en un orden de magnitud en el alcance de las operaciones militares dentro de un determinado marco temporal y con un número menor de fuerzas, o de una reducción de un orden magnitud en el número de fuerzas necesarias para defender objetivos en un tiempo determinado.

Los promotores de las RAM habían descuidado casi por completo la inteligencia humana (HUMINT) en la preparación y conducción de las operaciones militares. Y al tratar de obtener información mediante HUMINT este sistema desvelaba su abrumadora complejidad, con la carga de riesgo, subjetividad, doblez, autoengaño y traición que es propia. Hablar de inteligencia perfecta en tales entornos resultaba sarcástico.

Por otra parte, la lucha contra las insurgencias en Afganistán e Irak cambió el foco de la atención. La clave ya no estaba en la ventaja tecnológica sino en ganarse las mentes y corazones. Se pasó a un modelo centrado en la población local. Pero conviene tener presente que la innovación militar entraña incremento en la efectividad, no necesariamente supremacía en la guerra. Un ejército puede cosechar éxitos en el nivel técnico y operacional gracias a la innovación y, a pesar de ello, la victoria resultar elusiva por limitaciones o errores en la concepción operacional y estratégica del conflicto.

Cuando un ejército extranjero libra una contrainsurgencia en apoyo a un gobierno local sus probabilidades de victoria resultan limitadas por muy poderoso y efectivo que sea. De hecho, según el estudio de Ben Connable y Martin C. sobre una muestra de 89 casos, las probabilidades de victoria para el gobierno son mayores si no cuenta con el apoyo de fuerzas extranjeras.

Desde la perspectiva de las tecnologías que están aplicándose y generalizando en las fuerzas armadas, puede afirmarse que existe una revolución en los quehaceres militares en marcha. Sin embargo, puede considerarse que el verdadero impacto revolucionario de esta nueva RAM no reside solo en la importancia del terreno operativo y tecnológico, sino más precisamente en su dimensión social, en la imagen que las sociedades se hacen de la guerra, de sus fuerzas armadas y de su utilidad.

 

(*) Heriberto Tejada es especialista en Relaciones Internacionales.


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