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8 de enero de 2022 | Municipales

La playa loca

Pinamar: La comuna le quiso incautar los churros a un vendedor y estalló la bronca

En la ciudad balnearia, los productos se transformaron en un verdadero objeto de culto. Se venden con dulce de leche, crema, membrillo y hasta con roquefort o vitel toné. Los turistas forcejearon con las autoridades y evitaron que le secuestren la mercadería al vendedor ambulante.

Con la temporada alta en pleno crecimiento, el rubro de los vendedores de churros en la playa se transformó en toda una industria de culto que, en algunos rincones de Pinamar, incluso se puso de moda y se cotiza tanto en el mercado oficial como en el paralelo.

En efecto, existen dos precios distintos, en función de dónde se compren. En los principales puntos de encuentro de la Costa Atlántica la media docena de churros cuesta, en promedio, 350 pesos si se compra en los locales que rodean a la Costanera. Si se compran en la playa, el cliente está librado a factores tales como el horario, la demanda y hasta el relleno, pudiendo llegar a pagar unos 800 pesos por el mismo producto. Incluso, en las arenas de Pinamar se puso de moda una curiosa combinación de churros con vitel toné, que causando un verdadero furor.

En este inesperado escenario, las autoridades de la ciudad que comanda el intendente Martín Yeza, uno de los dirigentes más jóvenes de Juntos por el Cambio, decidieron incautarle la mercadería a un vendedor de churros en medio de una de las playas más concurridas, por razones que se desconocen.

Inmediatamente, los veraneantes que allí se encontraban intervinieron para salvar la mercadería del vendedor ambulante, lo que provocó que más representantes municipales y hasta agentes de las fuerzas de seguridad deban incluirse en el conflicto.

“No le roben la mercadería al señor, que está trabajando”, exclamaban los turistas, mientras forcejeaban con los efectivos de seguridad por la canasta de churros. Luego de numerosas discusiones, algunas de ellas subidas de tono, finalmente las autoridades municipales tuvieron que retirarse, dejándole los churros al trabajador que, sin embargo, decidió alejarse del lugar y continuar vendiendo en balnearios más amigables. (www.REALPOLITIK.com.ar)


ETIQUETAS DE ESTA NOTA

Pinamar, Martín Yeza, Churros

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