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3 de febrero de 2022 | Nacionales

Inmolación post acuerdo

La preocupación del FMI y el efecto Alberto

El negociador Sergio Chodos, mano derecha de Martín Guzmán, se refirió a la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque de Diputados del Frente de Todos, y aceptó que la decisión "tiene consecuencias".

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De este modo, por primera vez desde el gobierno nacional admiten que la renuncia del líder camporista genera "preocupación" en el Fondo Monetario Internacional de cara al tratamiento legislativo del acuerdo. "La preocupación del Fondo es respecto del sustento social y político, más allá de los números. Obviamente hay una preocupación por el trámite legislativo", reconoció Chodos.

"Tanto por el paso por el directorio (del FMI) como por el Congreso son pasos esenciales y no accesorios en la negociación", agregó, quien inmediatamente trató de desdramatizar sus palabras, asegurando que "no es preocupación, es estar pendientes porque forma parte de la perfección del acuerdo".

Más allá del maquillaje que pretenden aplicarle algunos funcionarios próximos al presidente, la gestión atraviesa una nueva crisis. Después de más de dos años, es difícil encontrar algún momento de armonía, de coincidencia entre sus integrantes. Pero esos cortocircuitos tienen su impacto inmediato sobre todos los argentinos.

La renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque en Diputados potenció la inestabilidad. Este miércoles aumentaron las naftas en torno al 10 por ciento -la primera consecuencia de la negociación con el FMI- y los dólares alternativos ya recuperaron la mitad de la caída en su cotización que experimentaron cuando se conoció la novedad del cierre con el Fondo.

Correlativamente, las internas y los portazos se multiplican. Cecilia Moreau renunció a la vicepresidencia del bloque de Diputados cuando se enteró de que no sería la sucesora de Máximo y los candidatos que se mencionaban para sucederlo –Eduardo Valdés, Carlos Heller y José Luis Gioja- dejaron trascender su disgusto ante la designación del ignoto Germán Martínez.

No fueron los únicos. La designación de este hombre del riñón de Agustín Rossi provocó inmediatamente la ira del gobernador santafesino Omar Perotti. Más aún cuando los rumores no se agotan en la designación de Martínez, sino en el retorno del ex ministro de Defensa –su archirrival provincial- al gabinete nacional.

Aunque las decisiones se tomaron para hacer control de daños en un momento de crisis, no pueden despegarse de una estrategia de más largo plazo que acaricia el entorno del presidente: la consolidación del albertismo. Ese mismo que el presidente insistió en afirmar que “no existía”.

Aunque se intenten solaparlo, resulta inevitable relacionar las decisiones actuales con aquel rumor que presentaba a Agustín Rossi como nuevo jefe de Gabinete cuando Alberto Fernández lo alentó a confrontar en las PASO contra la alianza entre Cristina Kirchner y Perotti en Santa Fe. Y, más aún, que otros dos integrantes de su mismo espacio –“La Corriente”-, Jorge Taiana y Daniel Filmus, integran desde entonces el gabinete nacional. Cuando Rossi se vio obligado a renunciar, Alberto lo reemplazó por Taiana.

Si bien desde los distintos sectores que componen el Frente de Todos –a excepción de La Cámpora- se insiste en reclamar la unidad, sus acciones y declaraciones sistemáticamente la torpedean. Las movidas que se produjeron a partir del viernes pasado permiten confirmar que el albertismo ya no es un fantasma, y así lo reconocen muchos de los gremialistas, intendentes, gobernadores y movimientos sociales que salieron a avalar el acuerdo.

El propio Alberto Fernández ya había blanqueado previamente su decisión de presentarse a la reelección en 2023. Todo apunta en el mismo sentido: la generación de una nueva coalición política sin el cristinismo ultra y la incorporación de “moderados”.

Esta es la razón por la que tanto desde el oficialismo como de la oposición –y de los “fierros mediáticos” de cada uno- se le exige una definición a Cristina Kirchner, para obligarla a romper con el FdT o bien forzarla a legitimar el acuerdo con el FMI y el ajuste que trae consigo, para liquidar con su “complicidad” el creciente desmoronamiento de su capital político. Hasta ahora la vicepresidenta ha conseguido mantener su silencio. Pero no podrá hacerlo por mucho tiempo.

Es en este contexto que Alberto inició su viaje a China y Rusia. Debilitado como jefe del Frente de Todos pero con un cierto respaldo de las palomas de la oposición. Al fin y al cabo, nadie quiere hacerse cargo del hierro caliente que significaría llegar a la presidencia a través de una asamblea legislativa cuando hay que resolver el tema del FMI. Ninguna carrera política resistiría eso. Y menos aún las de quienes creen contar con grandes chances de alcanzar la presidencia en las elecciones de 2023.

Para todos es negocio que Alberto se inmole. En realidad, no llegó a la presidencia para otra cosa. Aunque, en el medio, pasaron cosas.  (www.REALPOLITIK.com.ar)


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